* ¿Qué psicólogo a psiquiatra atiende a esos jóvenes? ¿Quedaron sanos de la cabeza y ven la vida con optimismo, a pesar de las restricciones que los orillaron a buscar una alternativa que no ofrece soluciones? Es posible que, a pesar de todo, reincidan, como ese personaje de Saviano en Gomorra, o que destilen el rencor suficiente para que otros decidan intentarlo. Deben darse de santos al no haber llegado a otro galpón como el de San Fernando, en Tamaulipas
Gregorio Ortega Molina
Lo que se lleva el narcotráfico está más allá del dinero y el poder. Destruye el futuro porque fallecen los jóvenes y los niños, o los convierte en sicarios, e incluso los arrepentidos jamás volverán a sonreír, a confiar, a creer. Se transforman en una oquedad.
Además de las víctimas están sus madres y padres y descendientes u otros seres queridos. El daño colateral transforma el sentir, el carácter de los mexicanos. Imposible saber a qué aspiran, nunca nada los dejará satisfechos de nuevo. Su proyecto de vida quedó sepultado en una fosa clandestina, cuando no transformado en cenizas. Es el resultado del humanismo diseñado por la 4T.
El comportamiento de estas nuevas organizaciones criminales está mejor narrado en The Wire que en cualquier otra ficción. Son como describió Jesús Reyes Heroles a la secretaría de Gobernación, no se dejan notar, sólo procuran que los sientan. Esta nueva forma de ejercer el poder no es palpable.
Para mejor comprender ese inicio y su profundidad, recomiendo el reportaje de Pablo Ferri. Allí nos deja claro cómo sucede. Les comparto el arranque: “Los testimonios de 38 personas captadas en enero por Cartel Jalisco Nueva Generación, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, dibujan los engaños y amenazas de la mafia en un lugar próximo al rancho Izaguirre, que supuso un escándalo
“Un muchacho de 20 años navega por Facebook. De entre las publicaciones que resbalan por la pantalla, ve una que le llama la atención, una oferta de empleo: guardia de seguridad en una empresa. Trabaja lavando carros, así que le parece una buena oportunidad. Les escribe, le contestan. Todo son facilidades. Le pagan el boleto de autobús, desde su pueblo, a la terminal de la ciudad. De ahí, le mandan un taxi de aplicación. Todo marcha bien, hasta que, de repente, el chófer le amenaza, le quita sus pertenencias. Al cabo del rato, llega a un galpón, en el campo, en mitad de la nada. Ve gente armada y ve, también, a otros como él. Y entonces, los primeros le explican que está allí para convertirse en sicario y que, si intenta escapar, le van a descuartizar.
“El párrafo anterior resume la historia de C. H. C. M., un joven de Jalisco, en el centro de México, víctima de reclutamiento forzado por parte del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las principales organizaciones criminales del país. Los hechos ocurrieron a finales de enero, entre el área metropolitana de Guadalajara, la capital de Jalisco, y el galpón del terror, ubicado en un rancho conocido como La Vega, a hora y media de la ciudad. Su historia es una entre 38, la mayoría hombres jóvenes, arrancados de vidas modestas, en diferentes regiones. La mayoría fueron captados por redes sociales, como Facebook o TikTok. EL PAÍS ha tenido acceso a una parte de las declaraciones que rindieron semanas más tarde, ante el juez, tras su rescate”.
¿Qué psicólogo a psiquiatra atiende a esos jóvenes? ¿Quedaron sanos de la cabeza y ven la vida con optimismo, a pesar de las restricciones que los orillaron a buscar una alternativa que no ofrece soluciones? Es posible que, a pesar de todo, reincidan, como ese personaje de Saviano en Gomorra, o que destilen el rencor suficiente para que otros decidan intentarlo.
Deben darse de santos al no haber llegado a otro galpón como el de San Fernando, en Tamaulipas.
@OrtegaGregorio




