NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
La semana pasada fue intensa y agitada por debates y protestas levantadas por anuncios de gobiernos municipales anunciaron nuevos aumentos, especialmente al impuesto predial.
Y es que cuando un gobierno ensombrecido y cuestionado, anuncia nuevos aumentos a los impuestos, el aire en las ciudades se torna más denso, como si la población contuviera el aliento.
***
Billetes y monedas, esas pequeñas lunas domésticas, tiemblan en carteras, bolsillos y cuentas bancarias aprenden el lenguaje del miedo.
No caen aún, pero presienten la noche que se anuncia.
***
El impuesto o los aumentos no llegan como un trueno, llega como la humedad: entre nubes de silencios, persistente, colándose por las grietas de la vida cotidiana.
En el pan, en la luz, en el tiempo.
***
Los ciudadanos de los municipios y entidades afectados caminan como árboles podados, con raíces intactas pero ramas casi secas, cansadas.
El trabajo se vuelve un reloj que gotea esfuerzo y el salario, un vaso de cristal con fisuras invisibles.
***
El gobierno dice “necesidad”, pero el pueblo oye “Más sacrificio”.
Dice “futuro”, pero el presente encoge los hombros y aprieta los dientes.
***
Entonces sucede algo más hondo: la esperanza cambia de forma. Ya no es un pájaro, es una semilla enterrada a la fuerza, esperando que la tierra —o la rabia—
decida cuándo romperla.
***
Porque cuando un gobierno ignorante sube impuestos, sin idea del quehacer político, ni cultura, no solo recauda dinero. También cobra paciencia, hipoteca confianzas, y mide, sin saberlo, cuánta luz le queda aún a la gente antes de aprender a arder.
Porque a ese ritmo no está lejos la chispa del incendio no estará lejos. – oOo-





