Juan Luis Parra
¿Recuerdan Diamantes de sangre, la película de DiCaprio sobre cómo una piedra brillante financiaba guerras y matanzas en África? Bueno, cambien el diamante por un aguacate y Sierra Leona por Michoacán. El resultado es igual de grotesco, pero con filtros de Instagram.
El aguacate se ha convertido en el oro verde. Y como todo oro en tierra sin ley, lo controla quien tiene las armas, no quien tiene la tierra. En México, el 80% del aguacate sale de Michoacán. Y Michoacán está en manos del narco. No es metáfora, aunque el Gobierno lo niegue.
Carteles como el de Jalisco Nueva Generación o los Caballeros Templarios no solo se meten en el negocio, lo dirigen. Cobran “derecho de cosecha” a los productores, alrededor del 10 al 15% de sus ingresos. Un impuesto mafioso de 150 millones de dólares al año. Si no pagas, te matan. O te incendian la cosecha. O ambas.
Pero la violencia no se detiene ahí. También han asesinado a activistas ambientales que se oponen a la deforestación. Funcionarios locales que intentan regular el negocio acaban muertos. Ellos controlan las empacadoras, las rutas de exportación, los permisos. Todo.
En 2019, Estados Unidos intentó hacer algo: bloqueó brevemente la importación de aguacates tras una amenaza armada a un inspector. La “prohibición” duró una semana. El comercio ganó. Los carteles también.
Y si eso ya suena a infierno verde, falta el colapso ecológico. Cada kilo de aguacate necesita 272 galones de agua. En una región con sequía severa. ¿Solución? Desviar ríos, perforar pozos ilegales, vaciar acuíferos. Todo al margen de la ley. Todo con absoluta impunidad.
¿Y los bosques? Cada día, México pierde 1,700 acres de cobertura forestal. Pinos y abetos que tardaron siglos en crecer son arrasados para sembrar aguacates. Plantaciones que en veinte años habrán dejado la tierra estéril. Tierra muerta. Como los activistas que intentaron detenerlo.
Pero no pasa nada. Porque nadie gobierna esta tierra sin ley. Nadie inspecciona. Nadie sanciona.
¿Cómo hacerlo, si los mismos que disparan también mandan?
Mientras tanto, en Los Ángeles, en Berlín o en Londres, la tostada con aguacate sigue reinando en brunchs con hashtags.
El desayuno millennial financia asesinatos, deforestación, corrupción y saqueo hídrico.





