Eduardo Sadot
Cuando se hace evidente que la inconformidad social se organiza y exige políticos comprometidos principalmente con su patria, no con colores o siglas de un partido, menos con caudillismos de opereta con patas de barro, el país exige definiciones, exige compromisos que claman que se cumplan, que se honre la palabra, lealtad no a la persona, lealtad a la patria, un ritual que parece que solo lo entienden quienes se forjaron en la disciplina militar.
En el dintel de la conformación de nuevos partidos políticos, se abren dos disyuntivas, dos opciones, dos caminos sin retorno que identifican y etiquetan a quienes participan o el mezquino trepador cuyo móvil es su avaricia económica y política o por el contrario, el oficio político, la vocación de servicio, el desprendimiento de la ambición y el sacrificio en aras de la patria. Así los partidos políticos, los viejos y los que están por formarse han de acreditar su efectivo talante de privilegiar a México, podrán aliarse todos para acabar con la dictadura de un narco-gobierno que ha derrochado dinero para corromper lo mismo a jóvenes que ancianos a militares y a descendientes de políticos de tradición familiar de servicio y lealtad a México.
Podrá más, el prurito de la falacia de que “nadie quiere que vuelvan los partidos anteriores” una falacia que ni siquiera los que gobiernan ahora se la creen, pero la repiten.
Durante la ceremonia del 97 aniversario de la fundación del PRI, Alejandro Moreno subrayo la necesidad de forjar alianzas para derrotar al narco-gobierno.
La conformación de los nuevos partidos particularmente de uno, que se ha conformado con prestigiados mexicanos con experiencia electoral y que han logrado ir integrando a mexicanos que reúnen un perfil más de servicio y excelencia que de políticos ambiciosos, junto con los demás partidos pasarán la prueba del ácido frente a la sociedad, cuando se definan las coaliciones, más cuando las coaliciones o alianzas no se pueden formar por una prohibición que les limita hasta cuando hagan antigüedad, se entiende en cuanto a las prerrogativas, pero no se justifica en cuanto a las coaliciones o alianzas, que si no se consolidan, solo beneficiarán al partido en el poder.
Tristemente los partidos que han participado en las pasadas elecciones han demostrado su vocación y proclividad a vender sus membretes al gobierno con un altísimo beneficio económico y político.
Difícilmente pude haber alguien que sostenga que si todas las fuerzas políticas se alían contra MORENA este movimiento pueda seguir perpetuándose en el poder.
Una alianza que incluya a los antiguos aliados, comparsa de MORENA y más, quienes argumentando que no ser aliados de MORENA, pero en la práctica lo han sido, pues han debilitado la fortaleza opositora, esos con nombre y apellido, tienen que definirse o redefinirse.
El cómo, cuándo y dónde, deben satisfacer las expectativas de una sociedad, cansada y harta de violencia, mentiras, ignorancia, improvisación y corrupción a veces enmascarada y últimamente descaradamente criminal.
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