Eduardo Sadot
En los últimos años el problema de las drogas sintéticas, particularmente el fentanilo, se ha convertido en uno de los temas centrales de la agenda internacional.
En ese contexto, el gobierno de Joe Biden impulsó la creación de la Global Coalition to Address Synthetic Drug Threats, una alianza que reúne a decenas de países con el objetivo de combatir la producción, el tráfico y el financiamiento de drogas sintéticas.
La iniciativa busca coordinar acciones para controlar los precursores químicos utilizados en la fabricación de estas sustancias, fortalecer el intercambio de inteligencia entre agencias de seguridad y perseguir las redes financieras del crimen organizado. Se presenta como una respuesta internacional a la grave crisis de sobredosis que enfrenta Estados Unidos.
Sin embargo, hay un dato político que no puede pasar inadvertido: México no fue invitado inicialmente a formar parte de esta coalición, a pesar de que el propio discurso político estadounidense ha colocado a nuestro país en el centro del problema del fentanilo.
El hecho tiene una lectura diplomática inevitable. Cuando se organiza una alianza internacional para enfrentar un fenómeno en el que un país es señalado como actor relevante, y ese país no forma parte del mecanismo, el mensaje implícito es claro: se le percibe más como parte del problema que como socio confiable en la solución.
En términos políticos, la exclusión de México sugiere una señal de desconfianza hacia la estrategia de seguridad adoptada en los últimos años. También refleja el deterioro de la cooperación bilateral en materia de combate al narcotráfico, un ámbito que durante décadas fue uno de los pilares de la relación entre ambos países.
Para el gobierno que encabezará Claudia Sheinbaum y para el proyecto político de Morena, esta circunstancia representa un desafío significativo. La seguridad pública y el combate al narcotráfico se convertirán inevitablemente en uno de los principales parámetros mediante los cuales se evaluará la eficacia del nuevo gobierno.
Las coaliciones internacionales en materia de seguridad rara vez son neutras. Con frecuencia funcionan también como instrumentos de presión diplomática y construcción de consensos que terminan influyendo en la política interna de los países señalados.
México enfrenta así un doble desafío: fortalecer sus instituciones de seguridad y justicia, y al mismo tiempo evitar que el combate al narcotráfico se convierta en un instrumento de presión política internacional.
Porque en política internacional los símbolos importan. Y cuando se crea una coalición global contra un problema que se atribuye en gran medida a México, pero sin México, el mensaje político resulta imposible de ignorar. Una consecuencia del rumor o verdad de la enfermedad del Peje o esa coalición le provocó empeorar su salud.
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