Rodolfo Villarreal Ríos
Vivimos días en que la intolerancia religiosa está presente, en realidad nunca se ha ido. Unos la esconden bajo el disfraz de defensores de gobiernos instalados en la edad media para dar rienda a esos sentimientos que siempre han llevado consigo. Pareciera como si el tiempo no hubiera corrido y, en el fondo, hasta anhelan las épocas cuando para “defender” la fe se empleaba el garrote vil, la pira, el potro, el aplasta cabezas y quien sabe cuántos más.
Castigos de ese tipo solamente prevalecen en Irán en dónde los mullahs no permiten la disidencia, claro que eso no los hace merecedores de las críticas de otros líderes religiosos o políticos quienes claman por el fin de la guerra, pero no son capaces de reprobar el hecho de que esos carniceros asesinen a más treinta mil de sus connacionales entre ellos tres jóvenes a quienes hace poco ahorcaron por infieles, tal vez sea porque hechos de esa vileza les recuerda el pasado de su institución. La intolerancia actual nos llevó a rememorar un pasaje de la vida política estadunidense cuando un candidato presidencial fue vilipendiado por profesar la religión católica, sobre esto comentaremos.
Eran los años de la década de los 1920’s, en nuestro país se desarrollaba la reyerta inútil a la cual disfrazaban de defensa de la religión. En realidad, tenía dos objetivos primordiales. Uno, impedir el nacimiento del Estado Mexicano Moderno. Otro, recuperar el poder político, el económico ya lo habían recobrado, conforme a la estrategia diseñada por el jesuita francés, Bernard Bergoen, desde los años en que gobernaba el presidente Díaz Mori. Eso sucedía aquí, mientras que al norte del Bravo eran un poco más “civilizados” y se enfrascaban en una contienda política verbal y periodística, sin faltar descerebrados que querían arreglar las cosas a guamazo limpio.
En los EUA, desde sus inicios, la mayoría de sus habitantes profesan versiones diversas del cristianismo o, como los católicos les dicen, caen dentro de la categoría de “hermanos separados” y nunca ha existido una religión oficial. En los 1920” s, el 16.6 por ciento de la población estadounidense, 118 millones de personas, era católica. Uno de los miembros de esa interpretación de la fe era el gobernador de New York, Alfred Emmanuel Smith, quien por primera ocasión buscaba la candidatura presidencial por el Partido Demócrata. En esa ocasión ocurrió un evento nunca visto y que no se ha repetido.
El 24 de junio de 1924, en el Madison Square Garden de New York inició la Convención Demócrata para seleccionar candidato presidencial entre dos contendientes. Uno, el favorito, William McAdoo quien fuera secretario del tesoro durante la administración de su padre político el presidente Woodrow Wilson.
El otro, Alfred E. Smith, el gobernador de New York quien entre 1918 y 1928 fuera electo en cuatro ocasiones para el cargo. Al primero, lo apoyaban los delegados del sur y el oeste, la mayoría protestantes quienes respaldaban la prohibición y tenían cierta simpatía por el Ku Klux Klan (KKK). Los delegados del noreste, muchos católicos, simpatizaban con Smith. Y aquello empezó mal. Los organizadores, se percataron que el número de delegados electos era 1436 en lugar de 1098, y para acabarla de arreglar, solamente imprimieron boletos para 1334 delegados. Mientras los delegados en favor de Smith demandaban incorporar en la plataforma electoral una condena al KKK, los de Mc Adoo se oponían. No fue sino hasta pasadas las dos de la mañana del día siguiente cuando aquello se decidió en una votación de 541 y 3/20 votos a favor y 542 y 3/20 en contra. La delegación de Georgia hizo la diferencia. Faltaba lo peor.
Entre el 30 de junio y el 9 de julio, los delegados votaron 103 veces antes de elegir candidato. Inicialmente Mc Adoo llevaba la delantera, pero sin obtener los 733 delegados requeridos. A partir de la votación número ochenta y seis, Smith tomó la delantera, pero sin alcanzar los dos tercios necesarios. Finalmente, acordaron que el candidato sería John William Davis un político, diplomático y abogado nativo de West Virginia quien llevaría como compañero de fórmula al neoyorkino, Franklin Delano Roosevelt. Con el partido dividido enfrentaron en la elección general al presidente Calvin Coolidge quien, como candidato Republicano, obtuvo 15.7 millones de votos que significaron 382 votos electorales, mientras Davis alcanzaba 8.3 millones y 136 votos electorales. Y así pasarían los próximos cuatro años.
En México, el conflicto religioso se agravaba y, en los EUA, los católicos buscaban que Coolidge descalificara al gobierno mexicano y enviara las tropas, mientras que los protestantes esperaban se mantuviera neutral. Jugando al filo de la navaja, Coolidge optó por conducirse como un político conciliador apoyado en el mejor embajador que haya tenido los EUA en México, Dwight W. Morrow. Aquí un paréntesis, si usted lector amable tiene una opinión negativa sobre este personaje basado en lo escrito, con el estómago como era su costumbre, por el saltimbanqui-gigoló-cobarde-sinarquista-nazi, José Vasconcelos, lo invitamos a que revise la historia real no la generada por aquel que fue a pedirle apoyo y al negárselo se lanzó a embadurnar paginas plenas de epítetos. Retornando a nuestro relato, no todos mantuvieron la actitud equilibrada del presidente estadounidense.
En New York, el presidente de la “Anti-Saloon League” y obispo metodista episcopal, Adna Wright Leonard de Buffalo, N.Y. pidió a los anglosajones unirse en contra de los extranjeros, especialmente los latinos, quienes representaban un problema. Los funcionarios gubernamentales les permitían entrar ilegalmente al país. Protestantes y miembros de ambos partidos condenaron la postura considerándola carente de juicio. Eso no era todo.
En la primavera de 1926, el gobernador Smith recibió al delgado papal, Giovanni Vincenzo cardenal Bonzano y otros sacerdotes quienes iban rumbo a Chicago para asistir al Concilio Ecuménico Católico. Ante ello, la sección del KKK en San Angelo, Texas, acusaron a Smith de reconocer a la Iglesia Católica, mientras que el gobierno no lo hacía.
El 23 de marzo de 1927, la revista The New Republic publicó un artículo titulado: “A Catholic President?” (¿Un presidente católico?). Se demandaba que Smith fijara su postura sobre el conflicto religioso en México. Dos días más tarde, los diarios neoyorkinos y algunas revistas publicaban un artículo denominado “An Open Letter to the Honorable Alfred E. Smith” (Una Carta Abierta al Honorable Alfred E. Smith) escrito por el episcopal laico, Charles C. Marshall quien cuestionaba la capacidad de Smith para ejercer un cargo público debido a su religión e invocaba encíclicas, bulas papales, y asuntos de teología.
Smith, como todo buen católico, respondió que nada de eso sabia. Pero tenía que responder públicamente y pidió a su hombre de confianza, Joseph Proskauer, de religión judía, que preparara la contestación, lo cual declinó. Finalmente, Proskauer, junto con el sacerdote, Francis P. Duffy, prepararon una versión que Smith revisó y la remitió al arzobispo de New York, Patrick Joseph cardenal Hayes, para que revisara lo referente a la doctrina. Así, la réplica apareció en The Atlantic Montly bajo el título “Catholic and patriot: Governor Smith replies” (Católico y patriota: el Gobernador Smith responde).
A la disyuntiva planteada por Marshall entre la lealtad al catolicismo y la Constitución estadounidense, Smith respondió que siendo funcionario electo a cargos diversos desde 1903, nunca había tenido un conflicto en ese sentido. Acto seguido, Marshall apoyado en el texto de la carta encíclica Inmortale Dei Sobre la Constitucion Cristiana del Estado, emitida el 1 de noviembre de 1885, por Vincenzo Gioacchino Pecci, el papa León XIII, cuestionó la lealtad de Smith, ¿Al papa o a la Constitución? Smith manifestó que no veía discrepancia entre los principios religiosos y los asuntos políticos en los EUA. Él, siempre seleccionó sus colaboradores en base a conocimientos y no a creencias religiosas. Otros temas fueron la educación laica, la anulación matrimonial y el divorcio. Asimismo, México entró en el debate. Marshall aludió a la opinión oficial de la Iglesia Católica emitida, a pedimento de la alta jerarquía católica en los EUA, por William D.
Guthrie quien argüía que el gobierno de México no tenía derecho a negar personalidad jurídica a las Iglesias. Según él, la Constitución de México era una violación (sic) a la ley internacional dado que invadía (resic) las prerrogativas de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Con respecto a lo anterior, Smith respondió que no había leído dicho documento, pero que apelaba al texto de la Carta Pastoral que los obispos estadounidenses publicaron, el 12 de diciembre de 1926, en donde se descartaba una invasión armada a México. Reconoció que ninguna Iglesia tiene derecho a pedir una intervención armada en otro país simplemente para defender a los suyos. Sin embargo, Smith coincidió en que la Iglesia Católica tiene derecho a pedir apoyo de este país para ayudar a los oprimidos en cualquier sitio.
Dejó claro que no reconocía ningún derecho a su Iglesia para interferir con la Constitución o el cumplimiento de la ley; su adhesión a la separación Estado- Iglesia; el apoyo a la educación pública, pero el derecho de los padres de enviar a sus hijos a escuelas confesionales si así lo deseaban. Concluía apuntando su esperanza de que en el futuro a ningún servidor público fuera cuestionado simplemente por sus creencias religiosas. Para sus adversarios, haber recurrido al apoyo de sacerdotes para preparar la respuesta fue un error. Sin embargo, nada de lo contestó fue sujeto a crítica mayor ni por sus adversarios.
En medio de ello, en junio de 1928, llegaron a la Convención Demócrata en Houston, la cual presentó un hecho singular. Por vez primera, en un país predominantemente protestante, uno de los dos partidos más importante tendría que escoger un católico como su candidato. Nada de que los dados estuvieran cargados en favor de Smith, sino que su contendiente, el senador por Montana, Thomas James Walsh, también era católico. Sin embargo, sus posibilidades eran mínimas, provenía de un estado escasamente poblado, algunos lo acusaban de ser instrumento del KKK, no se manifestaba en contra de la prohibición, y no tenía detrás el apoyo de una maquinaria poderosa como la de Tammany Hall el grupo que controlaba la política neoyorkina en todos los aspectos. Smith se impuso y salió a contender con el republicano Herbert Clark Hoover.
La campaña, se movería entre el anticatolicismo y el debate sobre si levantar o no la prohibición del consumo de alcohol. Smith estaba a favor de terminar aquello y lo calificaban de “wet” (húmedo). En Tennessee, los demócratas enfrentaron dificultades para incrementar su membresía pues nadie quería aparecer ligado a un candidato católico. Así, el 20 de septiembre de 1928, en Oklahoma City, Oklahoma, Smith pronunció un discurso en el cual delineaba a grandes rasgos su actuación como gobernador de New York y rechazaba los ataques derivados de su religión. Asimismo, exponía su pluralismo como gobernador cuyo gabinete estaba integrado por tres católicos, diez protestantes y un judío. Para reconfirmar a los votantes que su campaña no se sustentaba en una base religiosa, Smith declaró: “No quiero que ningún católico en los EUA vote por mí porque soy católico.
Si cualquier católico en este país cree que el bienestar, la felicidad, la prosperidad y el crecimiento económico de los EUA puede conservarse y promoverse mediante la elección del Sr. Hoover, lo invito a que sufrague por él y no por mí. Sin embargo, tengo derecho a decir que cualquier ciudadano de este país quien crea que yo puedo promover su bienestar, que soy capaz de conducir la nave del estado a sitio seguro durante los próximos cuatro años, pero va y vota en contra mía simplemente por mi religión, estimo que no es un estadounidense autentico y genuino.”
Los miembros de otras religiones temían que sí un católico arribaba a la Casa Blanca, el país estaría sometido a Roma y al papa. Después, perseguirían a todo aquel que no se convirtiera al catolicismo. Una soberana tontería, pero nunca falta quien desde el otro lado los acompañara. El 4 de octubre de 1928, The Union and Times, órgano oficial de la diócesis de Buffalo, N.Y, publicó un artículo en el cual el editorialista apuntaba que una vez que un católico fuera electo presidente, “el hombre agonizante, en la persona de la Iglesia Protestante, rápidamente se hundirá. La paja a la cual se ha adherido para difundir sus creencias desaparecerá junto con él. Los remanentes de calvinismo, luteranismo, las enseñanzas de Wesleyan, y el episcopalismo morirán como al igual que sus sectas que se están desintegrando debido a la división, discordia y desacuerdos”.
Los ataques a Smith llegaron a niveles de franca estupidez. En Georgia, algunos templos protestantes mostraban fotos del candidato Demócrata cuando, como gobernador, inauguró el Túnel Holland que atraviesa, por debajo, el Río Hudson entre New York y New Jersey. Algunos estaban convencidos de que el túnel iba hasta los sótanos del Vaticano. Asimismo, en un programa de radio, se decía que, en New Jersey, un convento había sido adquirido para establecer el domicilio en los EUA del ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el papa Pío XI. Desde ahí, controlaría el gobierno en caso de que Smith fuera presidente. A ese nivel de imbecilidad llegaban algunos.
Por su parte, el candidato republicano Hoover, profesante de la religión cuáquera, rechazó entrar a una campaña basada en la descalificación. Desde su discurso de aceptación, se declaró partidario de la tolerancia religiosa, dado que “cada uno tiene derecho a establecer su relación con Dios de acuerdo con los dictados de su conciencia”.
Al final, Smith perdió por un margen de 6.4 millones de votos. Obtuvo el 30.8 por ciento del voto y 87 votos electorales. Hoover logró el 58.2 por ciento y 444 votos electorales. El sur, tradicionalmente Demócrata, se dividió. Los ubicados en la llamada parte alta del sur, junto con Florida y Texas votaron por los Republicanos, mientras que Alabama, Georgia, Arkansas, Louisiana, Mississippi, South Carolina, además de los del noreste, Massachusetts y Rhode Island, votaron mayoritariamente por Smith. No obstante, Smith volvería a intentar obtener la candidatura en 1932, pero lo derrotó su antiguo jefe de campaña, Franklin D. Roosevelt.
Lo acontecido a Smith revela como los fanáticos religiosos, de cualquier denominación, actúan igual. Descalifican a quienes piensan distinto a ellos y no paran en epítetos para tratar de justificar su postura. No obstante que su actuación fue positiva y al neoyorkino nadie podía acusarlo de gobernar con el catecismo del padre Ripalda en la mano, los ataques disfrazados de ser políticos estaban plenos de fanatismo religioso, el cual también caracterizaba la defensa que hacían los católicos. Si bien allá las cosas no alcanzaron a ser como en nuestro país, sí fue una muestra de cómo la mezcla religión-política nada bueno trae a los pueblos. Tan simple que es mantener cada una en su esfera propia de acción, pero nunca faltaran los ambiciosos que a toda costa querrán entrometerse en los asuntos del otro y para ello no pararan en atacar, de palabra y obra arropadas en oraciones al “Altísimo,” a quienes no comparten su perspectiva religiosa. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.12.41) Mañana se cumple una docena de años desde que partiste a la cita inexorable. Un recuerdo hasta el sitio en el cual El Gran Arquitecto haya decidido ubicarte.
Añadido (26.12.42 Lo de la revocación de mandato era un simple distractor. Lo que les importaba era meter mano a los Congresos Locales y regidurías municipales. Nada hay que festejar, el centralismo ha vuelto en pleno. De este López a aquel López han transcurrido 190 años, de ese tamaño es el retroceso, agradézcanselo a los mercenarios del Verde y del PT.
Añadido (26.12.43) Si es usted de los que aún se emocionan con las llamadas Ligas Mayores de beisbol, les tenemos noticias. La misma fuente que realizó los pronósticos el año anterior ya indicó quien gana qué, hasta dónde llega y da a conocer que, nuevamente, los Dodgers de Loa Angeles obtendrán el campeonato. Así que ahórrese tiempo y dedíquelo a cosas menos previsibles y más enriquecedoras que ser víctima de resultados preconcebidos.



