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Futbol: La locura mexicana

Joel Hernández Santiago

 

Los organizadores y promotores y empresarios del Mundial de Futbol 2026 en la Ciudad de México están echando la casa por la ventana: Un estadio Azteca renovado y rechinando de limpio (ya le llaman Banorte, aunque el uso común le seguirá llamándole Azteca); unas gradas relucientes.

… Un pasto de cancha de primerísimo mundo, aditamentos especiales en vestidores, palcos con accesorios novedosos, accesos renovados, sonido sin resonancia y clarísimo, imágenes, electrónica, seguridad… en todo se pensó para reestrenar este 28 de marzo el Azteca, para la inauguración del mundial el jueves 11 de junio de 2026 con un partido entre la selección de México y la de Sudáfrica.

Alrededor del estadio Azteca se remozaron las calles, los accesos viales, las vías de transporte. Se levantó el asfalto para hacer infraestructura especial, se abrieron espacios viales, el estacionamiento se remozó aunque se instalaron foros para espectáculos y fiesta y algarabía.

Todo parece estar en orden… Si… pero…

Resulta que el gobierno de México, como los organizadores mexicanos, como los equipos de futbol, los empresarios del espectáculo, los comerciantes, los vendedores de todo alrededor del mundial, los negociantes de todo lo que se puede vender estaban aterrorizados.

Esto porque durante meses a lo largo de 2025 y 2026 se cernía sobre la organización mexicana el temor de que la Federación Internacional de Futbol Amateur (FIFA) decidiera retirar la participación de México como sede en el Mundial, toda vez que advertían que hay riesgos de que el clima de inseguridad, de violencia, de criminalidad, de riesgo fatal en México afectara tanto a los equipos invitados, como a jugadores y técnicos y representantes del futbol mundial.

Durante meses hubo idas y regresos de representantes mexicanos para establecer contacto con el presidente de la FIFA, el suizoitaliano Gianni Infantino, para eliminar cualquier suspicacia sobre la seguridad en México, eliminar la idea de peligro y de riesgo físico e institucional en un México “convulso”, como se había dicho.

El presidente Donald J. Trump dijo en 2025 que sería un riesgo llevar a cabo parte del mundial en México (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey) y que el gobierno de Estados Unidos estaría dispuesto a llevar a su territorio la inauguración y los juegos adicionales, toda vez que, dijo, EUA está en condiciones de llevar a cabo la justa en este país, sin contratiempos ni riesgo alguno.

Canadá estaba en las mismas, aunque más discretos sus representantes, sugerían riesgos en territorio mexicano. Y que no quieren poner en peligro a sus deportistas. Así que el riesgo de no hacer en México la inauguración del Mundial, y los juegos en las sedes, estaba en el aire.

Sin embargo el gobierno mexicano supo convencer a la FIFA, y a los países sede como EUA y Canadá, de que no hay riesgos, que el ambiente tenso y denso en México por causa de la violencia y el crimen organizado, el narcotráfico y la inseguridad en general no afectaría ni a los juegos ni a los jugadores o técnicos o representantes de los países partícipes.

En total participarán 48 selecciones nacionales en la Copa Mundial de la FIFA 2026. Esta edición marcará un hito al aumentar el número de equipos participantes de 32 a 48 por primera vez en la historia del torneo.

En tanto, gobierno y organizadores de la fiesta del futbol en México seguían el remozamiento de las instalaciones y contestaron “sí” a las exigencias de accesibilidad y seguridad que impuso la FIFA.

Si, pero los sacrificados han sido los habitantes del sur de la ciudad de México, particularmente aquellos que viven en cercanías al estadio Azteca y Avenida Tlalpan. Durante larguísimos meses al gobierno de la Ciudad de México -Clara Brugada- no le importó las incomodidades causadas a los vecinos del lugar. Cierre de calles. Bloqueos de accesos indispensables. Obras de construcción por todos lados. Polvo. Tierra. Lodo.

Revisión una y otra vez de acabados que no terminaban por ser. Meses-Meses-Meses, sin poder moverse, sin poder transitar -violando la Constitución en su apartado de libre transito en México-.
Construcciones habitacionales para uso durante el Mundial. Sustracción de agua para las obras quitándola a los habitantes locales…

Y aun más. En un afán locuaz para demostrar al mundo la seguridad del Mundial, el 28 de marzo bloquearon la zona del estadio Azteca y accesos que fueron construidos para llegar al coloso de Santa Ursula. Precisamente, los habitantes del Pedregal de Santa Úrsula fueron los más afectados con estos ires y venires, obras y bloqueos. Lo mismo los habitantes de Coapa y más…

Si se quería demostrar al mundo la seguridad de México lo único que se consiguió es mostrar cómo se secuestra a una ciudad en aras del futbol; cómo se le exige a sus fanáticos la seguridad de acceso mostrando identificaciones, mostrando boletos para acceder al transporte público, revisiones más que exhaustivas, cómo se les hace recorrer a pie distancias lejanas o en bicicleta sin las seguridades necesarias para ellos, cómo se cerró el estacionamiento del estadio para no circular con vehículo propio.

Cierres viales y accesos peatonales fueron el síntoma del 28 de marzo en el Azteca. En donde airosa la autoridad capitalina salió a cantar “saldo blanco”, con algunos incidentes, pero saldo blanco, dicen. El tema es que para salir airoso el gobierno mexicano dejó sin habla a parte de los habitantes del sur de la capital del país…

La propaganda de gobierno es de victoria en la inauguración del Azteca. La reacción de los capitalinos es ¿por qué tantos contratiempos, inseguridades, irregularidades, abusos del capital empresarial y del gobierno federal y local para una justa que durará tres eventos en distintas fechas. ¿Pan y circo?

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