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Cuba, China y Morena

José Luis Parra

 

La diplomacia mexicana dejó de usar guante blanco. Ahora utiliza chalecos guindas de operador, credencial de Morena y, aparentemente, hasta intermediarios automotrices ligados a China. Todo en un mismo paquete. Todo al mismo tiempo. Y justo cuando Estados Unidos decidió sacar la lupa.

Porque el escándalo no nace de un rumor ni de un tuit aislado. Nace de documentos oficiales obtenidos vía transparencia y difundidos por el economista Mario Di Costanzo. El oficio ECI/0472/2026, fechado el 31 de marzo de 2026 y emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores a través de AMEXCID, confirma la autorización de 588 millones de pesos para la segunda etapa del programa “Sembrando Vida” en Cuba. Hasta ahí ya existía suficiente material para desatar polémica internacional.

Pero el documento incluye además algo todavía más delicado: la instrucción de pago por un millón 479 mil pesos a la empresa Dragon Charge S.A. de C.V. por diversos conceptos administrativos. Y ahí aparece el elemento explosivo del caso. Según registros públicos y operaciones comerciales documentadas, Dragon Charge está vinculada a la operación de agencias BYD en México, la poderosa marca china de vehículos eléctricos. Es decir: en el mismo documento conviven recursos destinados a Cuba, una empresa ligada al ecosistema comercial chino y la firma de funcionarios de Relaciones Exteriores. Demasiadas coincidencias para un momento geopolítico tan delicado.

Y luego preguntan por qué Washington comenzó a tensar la cuerda.

Donald Trump podrá exagerar, teatralizar y convertir cualquier diferendo en espectáculo, pero la Casa Blanca entiende perfectamente el lenguaje de los símbolos. Y el mensaje que recibe hoy es demoledor: mientras Estados Unidos endurece sanciones contra Cuba y eleva el tono de su guerra comercial contra China, el gobierno mexicano aparece financiando programas en La Habana y triangulando pagos mediante una razón social relacionada con la expansión china en territorio nacional.

En otras palabras: México decidió jugar póker en una mesa donde Estados Unidos lleva años jugando ajedrez.

El problema para Claudia Sheinbaum es que este expediente llega acompañado de otro incendio diplomático: la revisión de los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos. Y ahí es donde las piezas comienzan a acomodarse.

Durante años, Morena entendió algo que la oposición jamás quiso comprender: los consulados no solamente sirven para trámites migratorios. También son centros de influencia política, comunitaria y electoral. El migrante organizado mueve dinero, opiniones y votos. Muchos votos. No necesariamente sufragios emitidos en el extranjero, sino influencia directa sobre familias enteras en México.

La 4T construyó presencia política en Estados Unidos bajo la narrativa de defensa del migrante, pero terminó mezclando activismo partidista con representación diplomática. Y ahora esa factura comienza a llegar desde Washington.

La periodista Dolia Estévez ha desempolvado publicaciones, reuniones, eventos y actividades donde consulados mexicanos aparecen actuando más como comités territoriales de Morena que como oficinas del Estado mexicano. Ahí están las fotografías, las invitaciones, los informes de “transformación consular” y hasta reuniones partidistas celebradas en instalaciones diplomáticas.

Nada de eso sería demasiado grave en tiempos normales. El detalle es que estos no son tiempos normales.

Estados Unidos acaba de perder agentes de inteligencia en territorio mexicano. Rubio endurece posiciones. Trump necesita enemigos externos para fortalecer su narrativa electoral. China ya es adversario estratégico. Cuba volvió a la lista negra. Y México parece decidido a colocarse exactamente en medio del campo minado.

Como si no bastara, Gerardo Fernández Noroña realizó activismo político en ciudades estadounidenses mientras voces cercanas al trumpismo comienzan a exigir una revisión completa de la operación consular mexicana. El mensaje ya cruzó la frontera: Washington sospecha que parte de la estructura diplomática mexicana opera con objetivos políticos.

Y en política internacional las sospechas terminan convertidas en sanciones, presiones o expedientes.

Aquí aparece otro problema para la 4T: la soberbia ideológica. Durante años se asumió que Estados Unidos toleraría cualquier exceso porque necesita la relación económica con México. Quizá era cierto con Biden. Pero Trump no juega bajo reglas diplomáticas tradicionales. Trump opera bajo lógica de fuerza, presión y escarmiento mediático.

Por eso el tema no es si cerrarán consulados o no. El tema es el mensaje detrás de la amenaza. La relación bilateral entró a una etapa distinta. Mucho más agresiva. Mucho más personal.

Y mientras eso ocurre, en México algunos todavía creen que todo se resuelve con mañaneras, propaganda y ataques en redes sociales.Política

La geopolítica no funciona así.

Porque una cosa es utilizar la narrativa antiestadounidense para consumo interno. Y otra muy distinta desafiar simultáneamente a Washington con Cuba, China, consulados politizados y operadores partidistas en territorio norteamericano.

Demasiados frentes abiertos para un gobierno que apenas comienza su sexenio.

La pregunta ahora no es si Trump reaccionará.

La pregunta es cuánto costará esa reacción.

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