Los morelenses vivimos hoy una jornada grave, no es la primera en nuestra azarosa historia a partir de 1869, pero sí es un momento que ha permitido conocer lo mejor y lo peor de la condición humana. La detención de actores políticos de la zona oriente de la Entidad y la fuga del impresentable Alcalde de Cuautla, dan cuenta de lo peor de un sistema corrompido. La actuación del Ejército, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal muestran en cambio que no todo está perdido y que la restauración del Estado de Derecho es posible.
Una de tantas anécdotas en nuestra memoria histórica, cuenta que el General Morelos, se ajustaba su icónico paliacate en la cabeza no solo para mitigar el calor de Tierra Caliente, sino para paliar el dolor de las migrañas. Hace días, un cartón en la prensa nacional, dibujo a un General Morelos padeciendo una fuerte migraña y de su paliacate se desprenden leyendas enumerando todos los males que hoy aquejan a la Entidad Federativa que lleva su nombre, una caricatura muy ingeniosa y aleccionadora.
A partir de los hechos por todos conocidos en Cuautla, la Regidora Anita Guerra pugnó por la desaparición de los poderes en su municipio. Lo anterior está contemplado en el artículo 115 de la Constitución Federal, el cual otorga esa facultad a los Congresos Locales, cuando surgen causas como la ingobernabilidad por conflictos internos graves en un Ayuntamiento. La Regidora Guerra es conocida por talante protagónico, sus escándalos mediáticos y sus recurrentes enfrentamientos con reporteros, pero en este caso los hechos ocurridos en la capital histórica de Morelos, parecen darle la razón.
Lo que sucede en Cuautla, no es solo es privativo del oriente morelense, oportuno será también que la Federación atienda el sur de Morelos, donde la impunidad campea a sus anchas entre no pocos actores de la política regional. La historia morelense, ha sido testigo de jornadas graves en su devenir institucional.
En abril de 1913, semanas después de la Decena Trágica, la Entidad ardía entre las llamas de la Revolución del Sur y el Gobernador Benito Tajonar acudió a la sesión de instalación del Congreso Estatal, momento en el que pronunció un vibrante discurso apelando a la soberanía local. El pronunciamiento fue aprovechado por Juvencio Robles, Jefe de Operaciones Militares, para acusar a Tajonar y los diputados del delito de rebelión y mandarlos presos a la Ciudad de México. Acto seguido, desapareció los poderes en el Estado de Morelos y asumió la gubernatura militar.
El atropello a la soberanía estatal, fue denunciado por el Senador por Morelos, José Diego Fernandez Torres, quien además era un avezado abogado y previamente fue miembro de la Procuraduría y la Corte de Justicia Militar. A Fernandez Torres, un tribuno a la altura de Belisario Domínguez , el Estado de Morelos sigue sin reconocerle sus méritos.
Los poderes en Morelos fueron también desaparecidos en 1920 y otra vez en 1924, la medida se justificó alegando que la situación interna no permitía el establecimiento de los poderes locales. La gobernabilidad no se restableció de manera definitiva sino hasta 1930. Desde entonces, Morelos vivió periodos de paz y prosperidad, y es partir del presente siglo cuando la inseguridad ha vuelto con fuerza, lesionando a sus habitantes en su integridad y patrimonio. En consecuencia se ha detenido el desarrollo económico y social, en una pequeña extensión de territorio que cuenta con todas las bondades para ser un referente nacional.
El Estado tiene la capacidad para restaurar la paz y la gobernabilidad en Morelos. A los soldados, guardias nacionales y hoy policías estatales les debemos mucho y como sociedad nuestra obligación es cerrar filas con ellos. Pero todo lo anterior será estéril si no se pone orden en los municipios. No pueden estar en funciones Alcaldes que estén al servicio del crimen, pero tampoco aquellos que han afianzado cacicazgos, que incurren en nepotismo o en escandalosas manifestaciones de una inmunidad mal entendida. Lo anterior ha traspasado el tema de la seguridad pública, para dominar todos los campos de la esfera municipal.
En Jojutla, al sur poniente de Morelos, se da el caso de un valiosa obra de arte, bien del patrimonio municipal, que fue robada con absoluta impunidad y con la complicidad de las autoridades del ayuntamiento. En 1998, el General Jorge Carrillo Olea y su esposa, donaron a título personal, un retrato al óleo de Benito Juárez, de la autoría del afamado pintor ruso-mexicano Vlady. Durante el sismo de 2017, el Palacio Municipal, antiguo inmueble de adobe, estuvo a punto de colapsar. El momento fue aprovechado por delincuentes para sustraer el óleo y otros bienes culturales. A partir de entonces han pasado tres presidentes municipales y ninguno de ellos ha atendido las denuncias por el robo.
Hoy sin temor a exagerar, Morelos vive una jornada grave, no la más aciaga de su historia, pero lo anterior no debe ser consuelo, sino un espejo donde mirar las lecciones de la historia. Los morelenses no sobrepusimos al difícil e incierto periodo revolucionario, ello da muestra de nuestras capacidades. Pero cualquier esfuerzo será estéril, en tanto el gobierno estatal, los partidos políticos y el gobierno local, no llamen al orden a sus alcaldes.