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Montessori y poder

José Luis Parra

 

Sonora, tierra de caudillos, de generales, de hombres que entendieron el poder como herencia familiar y territorio de guerra, atraviesa una transformación real. No la de los slogans oficiales ni la del segundo piso de la narrativa. Una transformación política cruda, feroz y todavía sin desenlace.Reporte salud Sonora

Aquí también se pelea el poder igual que a nivel nacional: con grupos atrincherados, alianzas temporales, traiciones silenciosas y jóvenes operadores que fueron lanzados demasiado pronto al ruedo.

Y ahí aparecen los llamados Niños Montessori de Durazo.

La generación que supuestamente venía a representar el relevo político terminó atrapada entre la simulación y la inmadurez operativa. Mucho discurso moderno, demasiada pose institucional y poca capacidad para sobrevivir en la selva real de la política mexicana.

No prendieron.
No aprendieron.
Y peor todavía: el futuro ya los alcanzó.

Mientras la vieja escuela entendía la política como operación, negociación y control territorial, la nueva camada parece más preocupada por la estética del cargo que por el fondo del poder. Algunos todavía juegan con cubos Montessori mientras afuera el país entra a una etapa de confrontación mucho más peligrosa.

Porque el problema ya no es únicamente Sonora.
El escenario nacional comienza a tensarse peligrosamente.

La presidenta Claudia Sheinbaum, empujada por el ala más radical del movimiento, parece avanzar hacia un modelo de confrontación política y económica que podría abrir un frente innecesario con Estados Unidos y simultáneamente tensar la relación con sectores empresariales nacionales.

Y en medio de ese clima aparece una decisión de la Suprema Corte que no debe pasar desapercibida.

La SCJN avaló que el Estado pueda revocar concesiones de telecomunicaciones y radiodifusión e incluso vetar hasta por cinco años a empresas del sector. La ministra Lenia Batres empujó el criterio bajo el argumento del interés público y el uso de bienes de la nación.

Legalmente podrán explicarlo como quieran.
Políticamente el mensaje es otro.

El Estado fortalece herramientas de control sobre sectores estratégicos mientras reduce espacios de defensa jurídica.

Y eso, en cualquier democracia, enciende focos amarillos.

Porque cuando un gobierno concentra poder político, mayoría legislativa, presión institucional y ahora mayores márgenes regulatorios sobre sectores de comunicación, el asunto deja de ser estrictamente técnico.

Empieza a parecerse a otra cosa.

Los trasnochados del poder seguramente celebran.

Piensan que van ganando.
Pero deberían tener cuidado.

La historia mexicana tiene memoria larga y pésimo sentido del humor.

El norte del país comienza a mostrar señales de inconformidad política, económica y social. Y cuando el norte se inquieta, el centro termina escuchando tarde o temprano.

No por nada la Revolución vino del norte.

Y mientras tanto, Sonora observa.Reporte salud Sonora

Con sus grupos políticos fracturados.

Con sus futuros herederos desorientados.

Con sus viejos operadores todavía moviendo piezas desde las sombras.

Y con una ciudadanía que empieza a cansarse de discursos épicos mientras la realidad cotidiana se vuelve cada vez más incierta.

Esto apenas empieza.

Y como decía el legendario Yogui Berra: esto no se acaba… hasta que se acaba.

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