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Mundial 2026: Dispendio capitalino

Joel Hernández Santiago

 

El gobierno de la Ciudad de México ha gastado más de 23 mil millones de pesos en al menos 2 mil 241 obras de infraestructura, pavimentación, movilidad, rehabilitación de canchas, entre otras, como parte de las acciones rumbo a la Copa del Mundo 2026 que arranca el próximo 11 de junio. Esto, según cifras oficiales.

Para empezar, durante un buen tiempo se especuló que la Federación Internacional de Futbol Amateur (FIFA) pensaba seriamente en retirar a México como sede de la Copa del Mundo de Futbol 2026 por razones de inseguridad. El presidente de EUA, Donald J. Trump ya se apuntaba para llevar a cabo en EUA lo correspondiente a México.

Y no es para menos, el país está inmerso en una ola de inseguridad, violencia criminal, terror escalofriante, delincuencia, desaparecidos; todo en distintos estados de la República, la Ciudad de México incluida. No aceptarlo es negar lo que se tiene a la vista, día a día, aunque se maquillen las cifras de forma reiterada, más en tono de mensaje al exterior que al interior del país.

Y para enviar un mensaje internacional de que aquí no pasa nada, que los mexicanos vivimos en el Mundo de Oz, se insiste en que el gobierno mexicano puede garantizar la seguridad física tanto de jugadores, técnicos, funcionarios del futbol internacional, público y visitantes extranjeros.

Y a pesar de que desde hace ocho años se dio a conocer a México-EUA-Canadá como países organizadores del evento, es apenas hace apenas hace unos meses que comenzaron las obras-maquillaje para recibir “a los millones de visitantes” que vendrán a CdMx para ver 5 partidos: 11 de junio, inauguración; 17 de junio: 24 de junio; 30 de junio y 5 de julio.

Y ahí está la tragedia para muchos. Durante estos meses los habitantes de la capital-centro-sur, han vivido un infierno urbano y de movilidad. Obras salpicadas por un lado y por otro. Cierre de calles. Interrupción de fluidez vehicular. Entorpecimiento de traslado de los habitante a sus trabajos, a sus escuelas, a sus casas, a sus quehaceres… Horas-horas-horas perdidas.

Habría que sumar a los 23 mil millones de pesos (cifra oficial) los miles de millones de pesos perdidos en horas trabajo, horas traslado, horas perdidas por todas razones; cierre de comercios por la imposibilidad de dar acceso a sus clientes; descomposición del Metro capitalino un día sí y otro también y al cual le han aplicado una ornamentación sin sentido, propia de nuevo rico.

Ejemplos a granel: La calzada de Tlalpan que originalmente era un paso fluido de vehículos y de transporte público ya no lo es.

A sus cuatro carriles se le ha restado uno para crear una vía para bicicletas en una capital en la que viajar en bicicleta es un peligro mortal y pocos lo hacen. En el confinado para bicicletas hay apenas unos cuantos usuarios. Y ya han ocurrido accidentes porque a los sabios urbanistas de la señora Brugada se les pasó el riesgo para ciclistas en las salidas de viaducto y Río Churubusco.

Se dirá que todo es obra para el futuro: pero el futuro es hoy mismo, y hoy mismo Tlalpan es una vía desesperante, lenta y de riesgo, caótica. Además de que las obras interminables reducen a un carril el traslado vehicular en las zonas de San Antonio Abad, Chabacano, Nativitas… y tantas más. El fastidio. El enojo ciudadano no le dice nada a la enfebrecida autoridad capitalina.

Otro tanto en tono infernal son las obras de remodelación alrededor del Estadio Azteca, cuyos vecinos cercanos han sufrido en su vida una transformación fenomenal.

Para empezar casi un año de obras interminables. Cierre de accesos. Polvo. Tierra. Baches. Hoyancos. Maquinaria pesada. Estruendo interminable. Calles bloqueadas. Imposibilidad para llegar a domicilios, a las escuelas, a los hospitales –en la zona de hospitales más grande del país-.

Ya se sabe que ‘por razones de seguridad’, en dos kilómetros a la redonda no se dará acceso a vehículos al Estadio Azteca para estacionarse ahí.

La gente que podrá asistir al Azteca por esos días –no el pueblo bueno y silencioso, porque los precios de los boletos están inalcanzables para la gente de a pie–, tendrán que llegar caminando o en bici, o en transporte acotado.

A las colonias aledañas –sobre todo el Pedregal de Santa Úrsula— a cuyas casas se les ha querido disfrazar de Polanco, coloreándolas para simular ese mundo brillante y luminoso que no expresa la realidad de muchas de sus calles que viven sin la atención indispensable en materia de seguridad, limpieza, urbanidad, exceso de comercio informal, chatarras por todos lados… suciedad… Hoy es una zona de engañoso colorido.

En los alrededores del Estadio Azteca –y seguirá siendo el Estadio Azteca para todos los mexicanos–, la gentrificación está a la vista.

Rentas de departamentos al alza hasta de 400 por ciento. Los habitantes originales difícilmente podrían pagar estas cuotas mensuales por vivir cerca de la sede del Mundial. Se erigieron edificios de departamentos cuyos costos son inalcanzables. De los tacos y los caldos de gallina se ha pasado a los “Snacks”, al “Brunch” y a las hamburguesas.

Pero sobre todo habría que ver cuál es el criterio que se utilizó para este gasto extraordinario y así suponer esa felicidad que el gobierno quiere aparentar. Un gasto archimillonario que parece ser más dispendio que una inversión, porque muchas de las obras parecen hechas para usar y desechar, parecen hilvanadas o puestas con alfileres por la rapidez con la que se están queriendo terminar y estar a tiempo en la fecha fatal: 11 de junio.

Por supuesto, el gobierno de la Ciudad de México será responsable de que todo salga bien. Ha invertido muchísimos recursos de los capitalinos para ello. Pero sobre todo deberá garantizar la seguridad de todos; la tranquilidad de todos; la felicidad de todos por esos días…

“Finjamos que soy feliz, triste pensamiento, un rato; quizá podréis persuadirme, aunque yo sé lo contrario…” (SJIC)

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