* Omar García Harfuch decidió abandonar la imagen del hombre murciélago, para asumir la de Bruce Wayne, que es lo que siempre deseó, abandonarse a la molicie del poder bicéfalo: dinero y capacidad de decidir sobre vidas y haciendas
Gregorio Ortega Molina
Tarde aprenden quienes ejercen el poder, que las consecuencias de sus decisiones de ninguna manera son unidireccionales, y revertirlas exige décadas de dedicación al trabajo social, si no es que se consumen a toda una generación.
La propaganda política concebida para engrandecer a la titular del Ejecutivo, se empeñó en mostrarnos la imagen de un super policía a la que le superpusieron la señal de un imaginado -por necesario- hombre murciélago, capaz de abatir la delincuencia organizada por él mismo. Y eso pareció por unos meses, hasta que la población se dio cuenta de que las estadísticas del combate a los malos eran amañadas, y se requirió que -a la chita callando, por aquello de la sacrosanta soberanía- incursionaran fuerzas de la CIA en territorio nacional, para hacer realmente eficaz el combate al narco terrorismo.
Al hacerse del conocimiento público el hecho de lo sucedido en Chihuahua, de inmediato montaron una campaña de falsa información, para que más pronto que tarde los mexicanos olvidemos a Rubén Rocha Moya, amparado en el halo protector del tlatoani de Palenque y en el recuerdo de María del Consuelo Loera Pérez. Ahora sabemos que muchos de los oficiantes políticos de la 4T se conducen como heliogábalos, ablandados por los excesos que siempre gozaron disfrutar.
García Harfuch resultó víctima de esa otra vertiente del poder, la que advierte y atemoriza, porque al ejercerlo se afectan los verdaderos intereses de quienes controlan la vida económica y social de México, los de aquellos que realmente deciden cuáles deben ser las opciones electorales y determinaron la factura de los acordeones para la elección judicial.
El súper policía pronto se percató de que no vale la pena poner en riesgo su vida, pues tuvo oportunidad inmediata de conocer, desde adentro, el tamaño del monstruo que consume ánimo y vida de los mexicanos, incluidos esos cresos que se creen a salvo por el monto de sus fortunas, pero no saben o se niegan a aceptar que en sus directorios hay quienes los comprometen a ellos y a sus familias, en la idea de salvaguardarles la vida, y como un seguro de protección para ellos mismos.
Omar García Harfuch decidió abandonar la imagen del hombre murciélago, para asumir la de Bruce Wayne, que es lo que siempre deseó, abandonarse a la molicie del poder bicéfalo: dinero y capaz de decidir sobre vidas y haciendas.
@OrtegaGregorio