InicioJosé Luis ParraGobernar también es decir no

Gobernar también es decir no

José Luis Parra

Cuatro muertos.
Tres por asfixia.

 

No murieron por el futbol. No murieron por celebrar. Murieron porque el gobierno renunció a gobernar.

La tragedia del Ángel de la Independencia no fue un accidente imprevisible. Fue el desenlace de una cadena de omisiones. De un gobierno que, cuando la multitud rebasa cualquier límite, prefiere observar antes que ejercer autoridad.

Los focos rojos estaban encendidos desde días atrás.

Primero los empujones.
Después los portazos.

Luego la gente trepando postes, monumentos, estaciones del Metrobús, vehículos y cualquier estructura disponible.

Más tarde, la violencia en Los Cabos.

Y apenas unas horas antes del partido contra Ecuador, la muerte del automovilista linchado por una turba.
¿Qué más necesitaban para entender que el siguiente festejo podía terminar en tragedia?

La respuesta parece sencilla: nada.
Simplemente decidieron no actuar.

Más de un millón de personas llegaron al Paseo de la Reforma. La cifra no sorprendió a nadie. Era la consecuencia lógica del avance de la Selección Mexicana. Cada triunfo había multiplicado la asistencia. Era una curva perfectamente visible.

Y aun así dejaron que siguiera entrando gente.
No cerraron accesos.
No desviaron concentraciones.
No ordenaron rutas de salida.
No suspendieron el ingreso cuando el espacio había llegado al límite.
Mandaron cuatro mil policías.

Pero con una instrucción que parecía escrita en invisible: mirar… y no intervenir.

Mientras tanto, la ley seca era una sugerencia. El alcohol circulaba sin pudor. También la droga. Todo frente a la autoridad.

Después llegaron las explicaciones.
Que se hizo un llamado para que la gente no asistiera.
Que ahora se reforzarán los protocolos.
Que la Fiscalía investigará.
Siempre después.
Nunca antes.

Por supuesto existe responsabilidad individual. Nadie obliga a una persona a empujar, beber hasta el exceso o perder el control.

Pero esa discusión no exonera al Estado.
Precisamente porque las personas se equivocan existe el gobierno.

Precisamente porque las multitudes pierden racionalidad existen Protección Civil, Seguridad Pública y los protocolos de control de masas.

Gobernar consiste en prever lo que puede salir mal antes de que ocurra.

No después de contar cadáveres.

La investigación dirá exactamente cómo murieron las víctimas.

La historia política ya emitió un primer dictamen.

Cuando un gobierno sustituye el mando por recomendaciones, la autoridad termina convertida en espectadora.

Y cuando la autoridad observa en lugar de conducir, el caos acaba gobernando.

Ahora viene el siguiente partido.

Las condolencias ya llegaron desde la FIFA. Los medios internacionales ya exhibieron la tragedia mexicana. La imagen del país ya dio la vuelta al mundo.

Falta saber si las autoridades aprendieron la lección.

Porque el próximo domingo no basta con pedir responsabilidad.

Esta vez les toca ejercerla.

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