TRANSICION
“El más oscuro rincón del Infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral.”… Dante Alighieri
Oswaldo Villaseñor
@oswaldovillase
Claudia Sheinbaum no está pensando en México. Su decisión tomada de iniciar una confrontación mediática con Estados Unidos para dirimir quién protege a los narcos mexicanos, en lugar de combatirlos de manera decidida y en forma conjunta, es una decisión meramente política.
Claudia Sheinbaum prefirió la confrontación política con EU en lugar de cooperar en acciones directas que permitan pacificar el país.
Claudia Sheinbaum, no está pensando en México. Piensa en mantener el poder político al costo que sea. ¿Prefirió sacrificar el T-Mec antes que a la clase política morenista coludida con el narco. Historias son muchas las documentadas recientemente y las señaladas por Estados Unidos.
Sheinbaum sólo repite que no hay pruebas y no hace nada para cambiar una realidad que le pega en la cara a su narrativa de que todo está muy bien.
Claudia ya entendió que la falta de resultados está provocando una fuerte caída en sus niveles de aprobación gubernamental, aún cuando con encuestas a modo, se diga que aún conserva altos niveles de aprobación.
Pero su caída en los niveles de aprobación no es su única preocupación. La caída de Morena en la intención del voto, es algo más grave aún.
Perder la mayoría en el Congreso el próximo año, es un lujo que no puede darse porque pondría en riesgo la permanencia del Movimiento en el poder.
Claudia tomó una decisión dura. No pensar en el futuro de México, pero sí pensar en el futuro del Movimiento en el poder. Lo que a Claudia le interesa, es salvar al Movimiento al costo que sea.
Qué decidió no solo no entregar a Estados Unidos a Rubén Rocha y compañía, sino además, hasta exonerarlo de toda culpa en la comisión de algún delito cometido en México, es una decisión pensada en el futuro del movimiento, pero no pensada en el futuro de México y Sinaloa.
Ayer Sinaloa cumplió 22 largos meses de narco guerra, tiempo en el cual ni el gobierno federal, mucho menos el estatal, han puesto orden en la casa y mucho menos lo han pacificado.
Lo único que cambia día con día, son las cifras y estadísticas de muertos, de desaparecidos, de empresas que cierran sus puertas, de personas que pierden sus empleos o sus pequeños negocios. Eso es lo único que cambia porque los números se siguen acumulando.
La otra realidad, la de la narrativa oficial de que se va muy bien por qué hay una reducción del 63% de los homicidios o la de las estadísticas que muestran un crecimiento de la economía, esa no se percibe como tal. El sinaloense tiene otros datos.
Aún así, Claudia Sheinbaum decide centrar su atención en cuestionar a quienes se preguntan dónde está Rubén Rocha. A los que narran si el gobierno federal lo protege o no.
Al final donde está Rocha no es un tema que le preocupe al Sinaloense y mucho menos quien lo cuida.
El tema de interés, es si lo van a sancionar o lo van a regresar al poder. Eso sí le interesa al Sinaloense.
Además Claudia Sheinbaum, decidió abrazar una estrategia mediática, en lugar de una estrategia de gobierno para dar resultados a las grandes demandas de la población mexicana donde un 84% se siente insegura a nivel nacional y un 92% de los sinaloenses se siente igual de inseguro.
Estrategia para regresar la paz no hay, pero sí para imponer una narrativa de que se va muy bien.
Claudia Sheinbaum prefirió iniciar una campaña mediática de “defensa de la soberanía” al culpar al ex embajador de EU en México, Ken Salazar de haberle mentido a México durante la captura de El Mayo Zambada, en lugar de poner a salvo a México del principal enemigo real que tiene que son los cárteles.
El conflicto que decidió agarrar con Estados Unidos se resuelve con mucha facilidad. Nada más se decide a colaborar en las estrategias de seguridad y listo. Se acaba el injerencismo y todo lo demás. No hacerlo, es condenar a México a seguir viviendo tiempos de violencia, inseguridad y de pérdida de las libertades ciudadanas.
Pero bueno, Claudia Sheinbaum decidió no pensar en México y decidió salvar al movimiento político en busca de conservar el poder al costo que sea.
Es por eso que hoy la vemos envalentonada, buscando fortalecer su narrativa nacionalista y de defensa de la soberanía mexicana.
Desde luego, su narrativa es dirigida a su base social de apoyo en haras de mantenerla unida y evitar fracturas. Una percepción de desmoronamiento o debilidad del Movimiento es fatal para el deseo de mantenerse en el poder por muchos años más.
Sheinbaum ocupa una bandera y ya decidió envolverse en ella. Esa bandera es la “supuesta defensa de la soberanía”.
Al exigir pruebas a EE.UU sobre las acusaciones contra políticos mexicanos como es el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros vinculados presuntamente al Cártel de Sinaloa, Sheinbaum busca posicionar a su gobierno como víctima de injerencia extranjera.
En pocas palabras, desvía la atención y elude su principal responsabilidad de garantizar la seguridad tanto de la vida como del patrimonio de todos los mexicanos.
Pero además, al confrontar al gobierno norteamericano, busca proteger a Morena.
Las acusaciones que ha hecho Estados Unidos han golpeado la imagen e intención del voto de Morena. Las figuras señaladas por agencias norteamericanas son de este partido.
Al rechazar Claudia estas acusaciones y ventilarlas como cuestiones “políticas” sin pruebas públicas, evita realizar investigaciones propias por parte de autoridades mexicanas, lo que si podría fracturar al partido.
Claudia sabe que tiene que limpiar a Morena si le quiere garantizar larga vida, pero por lo pronto, al confrontar a Estados Unidos, le permite ganar tiempo y controlar el timing de la futura operación de limpieza que inminentemente tendrá que hacer.
Claudia avisora que no puede hacerla antes de las elecciones del 2027. ¿Y le importa un posible voto de castigo ciudadano? Evidentemente No.
En fin, Sheinbaum ya tomó una decisión y no fue pensar en México. Fue pensar en cómo salvar al movimiento.
¿Y si Estados Unidos interviene? Bueno eso fortalecería su narrativa política y desviaría la atención de su fracaso provocado en materia de seguridad. Los cárteles son de mucho apoyo electoral para Morena y hay que cuidarlos.
Eso sí, la apuesta de Sheinbaum es jugar con fuego. ¿Qué tantas pruebas tiene Estados Unidos? Si las usa, el costo político para Sheinbaum podría ser demoledor.
La estrategia política y mediática de Sheinbaum es pensando y viendo hacia adentro. ¿Y contemplará al factor Trump? ¿Hasta donde llegará el gobierno norteamericano?
Eso es lo que está por verse.
Insistimos, la apuesta de Sheinbaum es una apuesta peligrosa.
Habrá que estar pendientes.
PASO A PASITO.- ¿Y qué pasa si en México se exonera a Rubén Rocha de cualquier delito imputado incluyendo los mismos que acusa el Departamento de Justicia de Estados Unidos? Bueno, en México estará a salvo, pero no lo libra de la acusación y del juicio que se le tiene que hacer en Estados Unidos.
En pocas palabras, Rocha tendrá que enfrentar a las autoridades norteamericanas en algún momento a menos de que estos hagan un desistimiento tal y como una vez lo hicieron con el General Salvador Cienfuegos.
PASITO CHÉVERE.-
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