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Certificar primero, gobernar después: apuesta riesgosa de México en IA

Vanessa Medina Armienta

La incorporación de la Anuies al Comité de Gestión de Competencias en Inteligencia Artificial y Transformación del Capital Humano del Conocer abre una oportunidad para definir nuevas habilidades frente al avance tecnológico. Sin embargo, el reto no solo está en certificar competencias de IA, sino en que las instituciones de educación superior desarrollen primero marcos sólidos para gobernar su uso de manera responsable

 

‪La noticia llegó desde Mérida. En las instalaciones de la Universidad Anáhuac Mayab, la Anuies formalizó su integración al Comité de Gestión de Competencias en Inteligencia Artificial y Transformación del Capital Humano del Conocer.

El objetivo: desarrollar estándares que permitan identificar, evaluar y certificar las habilidades que el avance de la IA exige en los sectores educativo, profesional y productivo.

‪Es una señal positiva. México necesita con urgencia marcos de referencia que orienten la formación de capital humano frente a la transformación tecnológica, y que esa iniciativa involucre a la principal asociación de instituciones de educación superior del país no es menor.

Pero hay una pregunta que la noticia no responde, y que convendría hacerse antes de que el proceso avance demasiado: ¿cómo se van a certificar competencias de IA en instituciones que todavía no saben cómo gobernar su uso?

Lo que mide Europa

‪Un estudio comparativo publicado en junio de 2026 en el African Journal of Applied Research analizó cómo la madurez de gobernanza de IA en universidades de Alemania, Estonia y Polonia se correlaciona con indicadores educativos concretos: tasas de deserción y de titulación oportuna.

Los resultados son elocuentes. Estonia, el país con mayor nivel de digitalización y marcos institucionales más consolidados, redujo su tasa de deserción en 2.92 puntos porcentuales entre 2021 y 2024 y registró el mayor incremento en titulación oportuna del grupo:african j 7.67 puntos. Polonia, que partió con mayor rezago pero realizó los esfuerzos más agresivos de adopción, redujo su deserción en 3.58 puntos. Alemania, 3.06.

‪El estudio no mide cuántos egresados saben usar un chatbot. Mide cuántas instituciones tienen sistemas de gobernanza —tableros de analítica, alertas tempranas, plataformas de gestión basadas en datos— y qué les pasa a sus indicadores cuando esos sistemas existen.

La conclusión es directa: a mayor madurez de gobernanza institucional de IA, mejores resultados académicos. No como consecuencia de tener personas más capacitadas en IA, sino de tener marcos que regulen, orienten y aprovechen su uso dentro de la institución.

El problema de la secuencia

‪El diagnóstico Oiiaes- Anuies —el mismo organismo que acaba de integrarse al Conocer— mostró que solo 27 por ciento de las 161 instituciones de educación superior analizadas cuenta con algún documento oficial sobre IA. La Encuesta Nacional de Innovación, Aprendizaje y Gestión de la SEP encontró que 76 por ciento de los estudiantes y 75 por ciento de los docentes no conoce ninguna normativa institucional al respecto.

Esos números no describen instituciones listas para certificar competencias de IA. Describen instituciones que aún no han definido qué se vale y qué no.

‪El riesgo de certificar antes de gobernar es preciso: se construye un estándar de competencia sobre una base que no existe.

¿Qué significa “usar éticamente la IA” en una institución que no tiene política de uso? ¿Qué implica “responsabilidad en el manejo de datos” donde no hay protocolo de privacidad?

La certificación puede nombrar capacidades que, en la práctica cotidiana de la mayoría de las IES mexicanas, no tienen dónde aterrizar.

Dos procesos que deberían ir juntos

‪Nada de esto significa que la iniciativa de Anuies-Conocer sea equivocada. Significa que necesita un correlato institucional que la haga operable.

Definir qué competencias de IA deben tener los docentes y directivos de una IES es un ejercicio valioso; pero su impacto será marginal si las instituciones que los contratan y forman no saben, a su vez, cómo gobernar el uso de esas herramientas en su propio funcionamiento.

‪La experiencia europea sugiere que los países que primero construyeron marcos institucionales —políticas, protocolos, sistemas de seguimiento— son los que después pudieron sacarle mayor provecho a la formación de capital humano en IA.

La secuencia importa. Instrumentos de diagnóstico como el Índice Campus de Gobernanza Universitaria existen precisamente para que una IES pueda saber desde dónde parte: qué tiene, qué le falta y qué necesita construir antes de certificar cualquier cosa.

‪Certificar competencias de IA en instituciones que aún no gobiernan su uso es como instalar medidores de velocidad en una carretera sin señalización.

El instrumento puede ser impecable. El problema es que nadie sabe todavía a qué velocidad se puede ir.

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