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Los nuevos señores feudales

(I parte)

Por: José Murat

 

La historia no tiene leyes ineluctables, no tiene destino cierto, y mucho menos se desplaza siempre hacia adelante, lo hemos dicho una y otra vez, en este mismo espacio de reflexión. La cruda realidad nos ha ido dando la razón. Muy lejos del fin de la historia, con el “triunfo consumado” del capitalismo clásico sobre otros sistemas, dictaminado por el ideólogo neoliberal Francis Fukuyama a fines de los ochenta, lo que hemos estado presenciando es el retorno de los viejos tiempos medievales, sólo que con otros ropajes.

Hoy el mundo vive los tiempos de un feudalismo corporativo, imperios privados que compiten en poder, influencia y dinero con los propios estados nacionales, igual que en la Edad Media, cuando disputaban la supremacía a los reinos y principados. Para algunos autores es un tecnofeudalismo, para nosotros es simplemente el crecimiento desmesurado de poderes internacionales de facto que han hecho de grandes porciones de la economía mundial su propio territorio soberano. Son los nuevos señores feudales.

A su lado se posicionan también un puñado de jefes de Estado que se sitúan por encima de los organismos internacionales, como la Asamblea General de la ONU, y sobre todo por encima de los principios y las normas del derecho internacional, para imponer sus voluntades autárquicas asidas del argumento simple de que tienen el poder para hacerlo. Se terminó el mundo de la posguerra, un mundo de reglas y equilibrios, así fueran precarios. Hoy lo que queda, o lo que está quedando, es la ley del más fuerte.

Pero vayamos por partes. Primero analicemos lo relativo a los corporativos privados y quienes los encabezan: los señores feudales del siglo XXI.  Ya otros analistas se han referido a este fenómeno de nuestro tiempo, aunque con otro enfoque y no de manera exhaustiva, porque la realidad cambia a cada momento.

Quien introdujo el concepto de tecnofeudalismo es el economista francés Cédric Durand, en su obra “Thecno-Féodalisme: Critique de léconomie numérique”, publicada en el 2020. Pero quien promovió más ese concepto, dentro y fuera de los círculos académicos, fue el ex ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis, con su libro “Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo”, publicado apenas en el 2024.

Para Cédris Durand, el tecnofeudalismo es una fase regresiva del capitalismo donde las grandes empresas tecnológicas (como Google, Amazon o Meta) ya no compiten en un mercado libre, sino que actúan como señores feudales modernos, controlando infraestructuras digitales y extrayendo rentas monopólicas en lugar de producir riqueza.

Para Yanis Varoufakis, el capitalismo ha muerto y ha sido reemplazado por un nuevo sistema global al que llama tecnofeudalismo. En este modelo, las dinámicas tradicionales del libre mercado y la ganancia por producción han sido sustituidas por la extracción de rentas digitales.

El común denominador de ambas posturas es que el sistema capitalista en su versión original como libre mercado ha sido rebasado, pero no por una instancia superior de convivencia social como llamaban a construir Carlos Marx y Federico Engels, el socialismo, sino por una regresión histórica, el feudalismo con otro empaque: el mercantilismo digital.

Para mí los nuevos señores feudales no sólo son los vinculados con los grandes corporativos digitales, los controladores de los datos de las personas, las empresas y los gobiernos: son los jefes de las empresas multinacionales de todos los giros, unos cuantos, que dictan las reglas del juego en la economía mundial y que le disputan la supremacía a los estados nacionales, tal como sucedía en la etapa anterior al capitalismo clásico, la Edad Media, entre el siglo V y el siglo XV.

Son grandes corporativos con activos superiores al PIB de muchos países. Según el diario español El País, las grandes instituciones financieras de China (Industrial and Commercial Bank of China, ICBC, 7 billones de dólares, y otros dos bancos de ese país con más de 6 billones de dólares en activos) y gigantes tecnológicos y energéticos globales como Apple, Microsoft o Saudi Aramco, que poseen una capitalización de mercado superior al PIB de más de 150 países del mundo.

Para tener una idea más clara de la fuerza e influencia de estos corporativos gigantes, baste citar un ejemplo: los activos de solo el primer lugar (ICBC) superan el PIB anual de potencias como Francia o el Reino Unido.

Pero los nuevos señores feudales no son sólo corporativos multinacionales, son también personas físicas, como: Elon Musk, US$839.000 millones (Tesla, SpaceX, xAI); Larry Page: US$257.000 millones (Google / Alphabet); Sergey Brin: US$237.000 millones (Google / Alphabet); Jeff Bezos: US$224.000 millones (Amazon); Mark Zuckerberg: US$222.000 millones (Meta Platforms); Larry Ellison: US$190.000 millones (Oracle); Bernard Arnault: US$171.000 millones (LVMH); Jensen Huang: US$154.000 millones (Nvidia); Warren Buffett: US$149.000 millones (Berkshire Hathaway); Amancio Ortega: US$140.000 millones (Inditex / Zara).

La mayoría de ellos han hecho su fortuna con las nuevas tecnologías de la información, el procesamiento masivo de los datos, la nueva cultura digital, pero no todos ellos. Por eso, desde mi perspectiva los nuevos señores feudales son todos aquellos corporativos y personas que han roto con las reglas originales del libre mercado, han acaparado la riqueza mundial y se han superpuesto a los estados nacionales. Se han repartido el mundo, como antes se repartieron las tierras y los siervos. Continuaremos con este análisis del nuevo rostro de nuestro tiempo, un tiempo de regresión mundial y con augurios de apocalipsis.

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