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La Costumbre del Poder: Sheinbaum dejó la niñez hace mucho, pero sus genízaros insisten en promoverla infantil

* Si se tergiversa la imagen que el ingenio publicitario de Ramírez Cuevas y Villamil se empeñan imponer para la memoria histórica de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, es porque hicieron a un lado la evaluación completa del rostro de la titular del Ejecutivo, y fueron incapaces de decirle, con franqueza, que no sonriera como lo hace

Gregorio Ortega Molina

 

Mostrar cientos y hasta miles de veces el rostro de Claudia Sheinbaum Pardo, en distintas edades y con diversas expresiones (de sorpresa, alegría o enfado) en nada contribuye a acrecentar su aceptación, y mucho menos ayuda a que consideremos acertadas las decisiones -¿?- por ella tomadas en su carácter de titular el Ejecutivo mexicano.

Por sobre la realidad y las estadísticas reales (las que enlutan hogares y favorecen la ignorancia y el hambre), Jesús Ramírez Cuevas y Jenaro Villamil se empeñan en edificar una mitificación histórica, en la idea de hacer de su patrona una Minerva con la enigmática sonrisa de Lisa Gherardini, sin detenerse a considerar que esa expresión es ambigua, porque lo mismo expresa afecto que desprecio. Así se conducen los seres míticos construidos por las necesidades humanas de controlarse unos a otros.

En el momento en que se toparon por vez primera, ¿qué le vio Carlos Imaz… y después Andrés Manuel López Obrador y, más tarde, los que depositaron en ella su voto, su confianza, su futuro y el de sus hijos y nietos? Ramírez Cuevas y Villamil proponen que nos entreguemos en cuerpo y alma a esa sonrisa que tiene una seria advertencia: dientes tan grandes como los de Gustavo Díaz Ordaz, que no aparecen en sus primeras fotografías.

Imposible determinar las consecuencias de ese cambo de aspecto, porque los que se empeñan en imponer la propuesta de una amable y franca sonrisa, nunca se detuvieron a meditar en el verdadero significado de unos dientes grandes. ¿Muestran avidez, inconformidad, desencanto, o nada más una insaciable voracidad?

El lugar común impuesto a nosotros, aspira a que consideremos a los ojos como la ventana o el rostro del alma, pero nunca he encontrado expresiones verbales que nos indiquen, o adviertan u ofrezcan respuesta al significado de una dentadura en apariencia completa, sin implantes, pero enorme, mayor a lo que pueden indicarnos los ojos o la esencia de la sonrisa.

Si se tergiversa la imagen que el ingenio publicitario de Ramírez Cuevas y Villamil se empeñan imponer para la memoria histórica de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, es porque hicieron a un lado la evaluación completa del rostro de la titular del Ejecutivo, y fueron incapaces de decirle, con franqueza, que no sonriera como lo hace.

 

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Para no cambiar de tema, les comparto la opinión de una lectora:

“Sheinbaum ha dicho que México es la mejor democracia del mundo. Cuidado con los gobiernos que hablan de la democracia.

“En México cada día se pierden más libertades y se intenta regular qué leemos, vemos y escuchamos; cuánto depositamos o sacamos sin que nos persiga el SAT; que entreguemos nuestros biométricos y ubicación en tiempo real; los contenidos educativos de nuestros hijos; si vives o mueres por falta de medicamentos; que te cuides tú solo en las calles para volver a casa; que si padeces despojo de tu hogar ya te fregaste; que ahora los jueces son por elección pero te dan una lista con los nombres por los que debes votar; que las elecciones son libres pero destruyen urnas y modifican los conteos; que atacar nuestra soberanía es quitarle la visa a Andy. Que nos fijemos en lo que dicen y no en lo que hacen; que compren tu libertad por 3000 pesos al mes. La democracia sin libertades no es democracia”.

@OrtegaGregorio

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