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La otra perspectiva en lucha por la Independencia: La reacción ante la Constitución de Apatzingán

Rodolfo Villarreal Ríos

 

Estamos acostumbrados a revisar la lucha por la Independencia desde el punto de vista de los Insurgentes. Sin embargo, poco enfatizamos en la opinión que al respecto tenían quienes detentaban el poder. Ante ello, este escribidor decidió incursionar en ese tópico.

En el marco de lo anterior y para que no ser acusados de dar voz solamente a un sólo lado,  escogimos revisar como un católico de cepa, el Virrey de Nueva España (1813-1816), Félix María Calleja Del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa, primer conde de Calderón, reaccionó ante El Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, al cual conocemos como la Constitución de Apatzingán que fuera emitida, el 22 de octubre de 1814, por el grupo encabezado por  José María Teclo Morelos y Pérez De Pavón.

Para dar contexto a lo anterior, hemos de sintetizar el contenido de ese documento en el cual se establecía que el poder para crear leyes viene del pueblo y no del rey.  En base a ello, se propuso un gobierno republicano en lugar de una monarquía. Asimismo, se establecían tres poderes de gobierno, Legislativo, Ejecutivo y Judicial.  Como buen pupilo de Hidalgo, Morelos promovió el fin de la esclavitud, la eliminación de las castas y el respeto a la libertad, la propiedad y la seguridad. Aun cuando mantenía como religión única la católica permitía que los extranjeros que vinieran a nuestro país pudieran profesar otra siempre y cuando respetaran a la primera.

Bajo la premisa de que en aquellos tiempos el WhatsApp no era ni sueño guajiro y las noticias viajaban en lomo de acémila, la reacción del ciudadano Calleja no se emitió sino hasta el miércoles 24 de mayo de 1815 y al día siguiente fue publicada como un bando real en La Gaceta del Gobierno de México.

Desde el inicio, Félix María mostró que la Constitución le generó cualquier cosa menos agrado. Así, espetaba: “Llegó por fin el caso de que los rebeldes de estas provincias quitándose de una vez la máscara con la que pretendían disfrazar el verdadero objeto de su conducta atroz y alucinar a los incautos, se han mostrado a la faz del mundo como unos traidores descarados, negando resueltamente la obediencia al rey nuestro señor, declarando la independencia de Nueva España y atacando con escándalo las prácticas y derechos de la Iglesia [Católica]”. Esto apenas era el aperitivo, estaba bien abastecido de parque para fusilar, verbalmente, a los infieles.

Aquel quien derrotara, el 17 de enero de 1811, a las fuerzas Insurgentes en la batalla de Puente de Calderón, siguió disparando acusaciones y espetó: “Así consta en varios papeles impresos por el llamado [C]ongreso Mexicano, y otros cabecillas en Apatzingán y Taretan, que me han remitido de diferentes puntos varios comandantes militares. Son estos documentos una ridícula constitución firmada por once rebeldes que se nombran diputados, en Apatzingán, a 22 de octubre del año último; una proclama con que la dieron a luz en 23 del mismo mes y año; un decreto para la publicación y juramento de aquella en 25 ídem; dos proclamas del apostata [José María] Cos [y Pérez]; otra de la junta insurreccional, y un calendario para el presente año”. No tenía duda alguna de que, si no se detenía aquello, el caos reinaría en los años por venir.

En el contexto de lo anterior, el futuro primer conde de Calderón consciente de que la monarquía era la forma de gobierno bajo la cual deberían de operar las personas civilizadas, señaló: “Y habiendo tenido por oportuno que se viesen y examinasen con exactitud y detención en el real Acuerdo de esta capital, resulta de ellos que los rebeldes destruyendo enteramente nuestro justo y racional gobierno, y estableciendo solemnemente la independencia de estos dominios, y su separación de la madre patria se han forjado una especie de sistema republicano bárbaramente confuso y despótico en sustancia, respecto de los hombres que se han arrogado el derecho de mandar en estos países, haciendo una algarabía, y un compuesto de retazos de la constitución anglo americana y de la que formaron las llamadas cortes extraordinarias de España”.  Si ese fuera el caso, deberíamos de decir que lo bueno debe de imitarse, la Constitución de los EUA, escrita en 1787, prevalece hasta hoy y solamente ha tenido 27 enmiendas. Pero ese no era el punto, la razón verdadera del enojo era otra.

Iracundo el nativo de Medina del Campo, población ubicada en la comunidad de Castilla y León, defendía los asuntos relacionados con su religión, la católica, o mejor dicho a los usufructuarios de ella.  Por ello, clamaba que: “Desconociendo la autoridad de los obispos se han abocado con escandalo el derecho de nombrar curas y jueces eclesiásticos, apropiando esta facultad a los legos y, dando por tierra la inmunidad de la Iglesia; han dejado sujetas al conocimiento de jueces seculares las causas civiles y criminales de los eclesiásticos; sin excepción de casos ni circunstancias han borrado del calendario todos los santos cuyos días no son festivos , y aun respecto de estos no hacen distinción entre los de precepto absoluto y los del indulto para el trabajo, imitando de este modo el calendario de los luteranos destruyendo en la mayor parte el culto de los santos y tirando a hacer olvidar la memoria y la devoción de los fieles…”.  Esto era, apenas, un bosquejo incipiente de la separación Estado-Iglesia. El que las autoridades civiles no reconocieran fechas para festejar a los santos, de ninguna manera implicaba negar el derecho que tenían los fieles católicos para cumplir con la celebración las festividades que consideraran apegadas a sus creencias. Pero las admoniciones aún no concluían.

Quien un día encabezó la defensa del territorio de Texas en contra de una posible incursión estadunidense, continuaba su lucha por la protección del estatus quo. En medio de ello, indicaba que los Insurgentes “…han destruido las jerarquías, y cerrado las puertas al mérito, estableciendo que no se tenga en consideración ningún servicio respecto de los hijos o parientes del que lo contrajo; han abierto por el Artículo 17 de su farrago constitucional la entrada a todos los extranjeros de cualquier secta o religión que sean sin otra condición que la de que respeten simplemente la religión católica, contra lo dispuesto en nuestras sabias leyes, y sin otro fin que acelerar la ruina de nuestra santa religión  con el contacto y roce de sus enemigos; han señalado el día 16 de septiembre como el primero en que dieron el grito de independencia, probando de este modo que nunca hicieron la guerra sino contra el altar y el trono; y finalmente han promulgado que ella debe de hacérsele a nuestro augusto y piadoso soberano con bandera negra”. ¿Por qué temer que hubiera en el reino personas con diferente perspectiva religiosa, acaso estimaba que esto fuera de tal atracción que los católicos no podrían resistirse y cambiarían su perspectiva en asuntos de la fe? Eso de que rengaban del altar pues no era cierto, el catolicismo prevalecía como la religión única. Respecto a lo otro, en la arenga inicial de la lucha por la independencia, se lanzaron vivas a Fernando VII. La mención a bandera negra se refería a que esta era utilizada por los corsarios para infundir terror y advertir a sus rivales que no habría piedad si no capitulaban.

Sigamos con el bando real emitido por quien para entonces trataba de que quedara en el olvido el hecho de que, entre el 19 de febrero y el 2 de mayo de 1812, encabezó las fuerzas realistas en el Sitio de Cuautla en dónde fue derrotado por las tropas del generalísimo Morelos. Ahora, en 1815, era partidario fiel de quien hasta 1813 fuera denominado el “deseado” y posteriormente el rey felón, Fernando VII. Esto último no hacia mella en Calleja quien calificaba lo hecho por los Insurgentes como “una criminal resolución, la osadía de haber formado y publicado su constitución en tiempo en que todos los españoles han recibido con el mayor entusiasmo los justos y sabios decretos y resoluciones del rey nuestro señor dirigidos a anular las innovaciones democráticas de las abolidas cortes de España, es el colmo de la desvergüenza y el descaro, y no podrá menos de conmover íntimamente a nuestro soberano, tanto más, cuanto que la pretendida constitución de los rebeldes es infinitamente más descabellada y monstruosa que aquella, y absolutamente depresiva no sólo de los derecho de S[u]. M[ajestad]. como dueño legítimo de estas posesiones, sino de todos los monarcas del mundo”. Antes de continuar, veamos de que se trataba lo abolido en España.

El 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz promulgaron una constitución acorde a la cual se determinó: El poder ya no residía en el rey sino la nación; los poderes se dividían en el Legislativo que correspondía a las Cortes con el rey, el Ejecutivo al rey con funciones limitada , y el Judicial a los tribunales; como forma de gobierno, se establecía una monarquía constitucional; se instauraba el sufragio universal indirecto, los varones mayores de edad podrían votar mediante un sistema de elección por fases. Asimismo, se reconoció la libertad de imprenta, la igualdad de los individuos ante la ley y su derecho a la propiedad. Se preservaba al catolicismo como la religión oficial sin que ninguna otra pudiera operar en el territorio español, al tiempo que el Tribunal de la Inquisición era suprimido. En igual forma fueron abolidos los señoríos jurisdiccionales y los gremios.

Cuando, en diciembre de 1813, en su condición de “deseado,” (cualquiera pudo haberlo sido ante Pepe Botella), Fernando VII retornó al trono de España, reinstauró la monarquía absolutista y, el 14 de mayo de 1814, abrogó la Constitución de 1812, restableciendo las instituciones a las condiciones en que se encontraban en 1808. Para reafirmar su alma pía, mediante un decreto, el 21 de julio de 1814, reinstauró la Inquisición.

Con lo anterior en mente, retornemos al bando real emitido por quien fuera esposo de una rica, por las tierras y doblones de oro que le heredó su padre, dama potosina, María Francisca De La Gándara y Cardona, una de las pocas virreinas criollas que tuvo la Nueva España. En dicho documento, Félix María buscaba no dejar duda de que era un cruzado en defensa de sus creencias y reiteraba en mencionar que “respecto a estos enemigos de Dios y del rey se han manifestado ya al descubierto confesando su verdadera rebeldía, y tratando sólo de lisonjear  las pasiones para conseguir sus depravadas miras, es llegado el caso de oponer un dique al torrente de calamidades con que amenazan envolver estos dominios, felices de otro tiempo bajo el paternal gobierno y protección de nuestros reyes , y de que el gobierno se revista de toda la energía y severidad que  corresponde, como calcula el cúmulo de desdichas que prepara a los fieles habitantes de estos dominios el sacrílego sistema de los rebeldes.” De pronto, nos perdimos en el tiempo y, por un momento, creímos que leíamos un pasaje de tiempos no tan lejanos.

Pero, desvaríos aparte, aquel que un día detuvo a uno que salió peor que él,  Agustín el criollo quien un día se sintió noble,  de cometer una masacre con las mujeres de los Insurgentes, no se iba a quedar cruzado de brazos y permitir que la Constitución de Apatzingán fuera a ser leída por la población. Esto era un temor infundado, ya que alrededor del 95 por ciento de los pobladores de la Nueva España eran analfabetos gracias al sistema educativo desarrollado y operado por los miembros de la Iglesia Católica. Eso no importaba, era necesario “…impedir la circulación de semejantes papeles, la propagación de ideas tan subversivas y contrarias a la común tranquilidad y los progresos infelices de tan injusta y criminal traición, he resuelto conformándome con el voto consultivo de este real Acuerdo de 17 del corriente, ordenar y mandar que se cumplan, guarden y ejecuten puntual y exactísimamente las providencias que se contienen en los siguientes artículos…”  No hay duda de cuanta tranquilidad se genera cuando los gobiernos se preocupan por cuidar de que sus súbditos no vayan a ser víctimas de información maliciosa. Pero como el espacio no sería suficiente para apuntar cada una de las recomendaciones emitidas en 1815, nos comprometemos con usted, lector amable, para hacerlo la próxima semana, siempre y cuando decida favorecernos con su lectura. vimarisch53@hotmail.com

Añadido (26.36.118) El lunes se celebra, el aniversario número 101 de tu natalicio. Con un año de retraso, ya está listo el libro con relatos sobre la historia de tu pueblo, mismo que te dediqué con motivo del centenario. Antes de diciembre será publicado. Hasta el sitio en el cual El Gran Arquitecto te haya ubicado va un recuerdo para ti, don Rafael Villarreal Martínez.

Añadido (26.36.119) En nada abonan a la causa de la oposición esa cauda de adivinadores fallidos quienes todos los días pronostican fechas en que van a venir a llevarse a uno de estos fulanos. Lo único que hacen es mostrar que sus “fuentes” son a nivel de chisme.

Añadido (26.36.120) Decenas de miles de españoles salieron a las calles para mostrar respaldo a Ceuta y repudio a la invasión que sufrió en julio pasado. Mientras tanto, Pedrito el españolito y su recua de canallas del PSOE continúan con su actitud tolerante no sea que el rey marroquí, Mohamed VI, se les vaya a incomodar.

Añadido (26.36.121) Eso del pleito entre Colosio Riojas y Durazo Montaño es tan creíble como los que sostienen los miembros de la AAA o la WWA, claro que sin las características atléticas de estos últimos.

Añadido (26.36.122) Puro rico de abolengo salieron los miembros del Bienestar para Morena. Cada vez que los descubren exhibiendo sus riquezas, salen con que “el ranchito me lo heredaron mis papasitos…”, “es un regalo que me hizo una tía soltera antes de fallecer…” “es fruto de años de esfuerzo de la familia…”, “lo hice en negocios antes de entrar al gobierno…” “es que recibí como herencia joyas de alto valor…” y la lista es interminable.

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