CUENTO
Fifito Bonito era un tipo -de unos cuarenta y cinco años- que siempre había pertenecido a la clase social económica media alta de Mérida: “la wanna be ciudad de primer mundo”.
En el ahora, gracias a su empleo como oficinista en una compañía de seguros médicos, propiedad de su rico padre, llevaba una vida muy cómoda y holgada. En su cuenta de InstaCrap, todos los días posteaba una o seis fotos, todas mostrando lo bien que le iba en esta vida.
Y tenía una docena de miles de seguidores, quienes siempre le daban me gusta, o que dejaban comentarios en sus fotos. Fifito Bonito, casi como todo aquel perteneciente a su mismo grupo social y económico, sin faltar ni una sola semana, en su día de descanso -el cual venía siendo el sábado y el domingo-, ¡gustaba de ir a comer al centro comercial más famoso de toda Mérida!
Este centro comercial tenía por nombre: “LA PLAYA”. En sus inmediaciones tenía un lago artificial, que sus diseñadores habían construido, para así darle dizque un aspecto único a todo este lugar.
El centro comercial se había construido en un lugar que antes había sido puro monte. Mérida “la wanna be ciudad de primer mundo”, que había crecido muchísimo en los últimos años, ahora ya sobrepasaba lo que venía siendo el periférico.
La gente de escasos recursos económicos, rara vez visitaban este nuevo centro comercial con su lago artificial, ya que les quedaba muy lejos en autobús. Además de que en este centro comercial, solamente los un tanto ricos podían comprar y consumir.
Y Fifito Bonito era una de esas personas. Con su piel blanquita, y su cabello negro, cortado a la última moda en un lugar muy caro y exclusivo dentro de ese mismo “mall”, el hijo de papi se subía a su coche lujoso cada mañana del sábado y…, en menos de media hora llegaba a su centro comercial favorito: “La Playa”.
Ese día o esa semana, el hombre rico, que hasta ahora seguía siendo soltero, estaba un tanto más contento que de costumbre, ya que, en esta visita a su centro comercial favorito, se compraría el nuevo modelo de su teléfono favorito; ese mismo teléfono que -en toda Latinoamérica, pero también en esa misma granja de cerdos, llamada: “Marranos Unidos de Norteamérica” -viene siendo además un símbolo de status: “El ICulo”.
Fifito Bonito estaba que no podía dejar de sonreír para sus adentros, imaginándose ya con aquel nuevo teléfono en sus manos. Pensaba que con este nuevo artefacto se sacaría mejores fotos para su InstaCrap… Y entonces tendría más followers … Más hombres y mujeres verían desde sus propias pantallas lo muy bien que le iba en la vida.
Tanto si eran ricos o no, en el ahora, a casi todos los hombres como a Fifito Bonito, ¡les gustaba mostrarse en en sitio, llamado InstaCrap! En este sitio se podían ver muchos “possers, wanna bes”; pero también personas ricas de verdad, como el mismo Fifito Bonito…
Ese día, por cierto, apenas salir de aquel lugar, caminando de regreso hacia donde su coche se encontraba, el todavía joven Fifito Bonito, con sus ojos puestos sobre la pantalla de su nuevo “ICulo”, de color cereza, de repente, al llegar adonde el lago estaba situado, su mente, enseguida le dijo: “¡AQUÍ! “¡Tómate una foto aquí junto al lago!”
“¡Pero qué excelente idea!”, su propia voz interior le respondió. Acto seguido, Fifito Bonito, encendió la cámara; luego se acercó lo más que pudo a la orilla del lago, que no era muy alto y que estaba hecho de cemento.
“¡Hombre! ¡PERO QUÉ GUAPO ESTÁS!”, su voz interior le dijo, mientras sonreía ahora hacia la cámara de su nuevo “ICulo”. Un pequeño ruido tras otro más… El hombre había apretado el mismo botón, más de veinte veces. No es que fuese un narcisista, sino que solamente quería asegurarse de haber logrado la mejor toma de él mismo y de todo ese lago detrás suyo.
En un momento, mientras trataba de hacer una foto, con la espalda un tanto doblada hacia atrás, y tratando que gran parte del lago apareciese en la foto, de repente, el teléfono se le resbaló. Fifito Bonito, ¡rápidamente actuó! Entonces extendió el brazo, y… Estando muy cerca de sumergirse por completo en el agua, su mano logró atraparlo.
Apenas sacarlo, se puso a secar sobre su camisa las partes que se habían mojado. Después, estando otra vez dentro de su auto, se puso a inspeccionar todo el teléfono. Y, al darse cuenta de que en una de sus esquinas se había raspado un poco, se puso a lamerlo, tratando así de borrar aquella huella. Creía que, haciendo esto, él podría hacer desaparecer aquel rayón.
En una de esas, al levantar un poco el teléfono para así inspeccionar el rayón en la esquina inferior derecha, una gota de agua salió por donde se encontraba una de las bocinas del teléfono, y se se le metió dentro de su nariz. Fifito Bonito, enseguida bajó el rostro y buscó una servilleta dentro del bolsillo de su pantalón, con la cual se limpió. “¡Mierda!”, exclamó. Seguidamente, encendió su coche lujoso y se fue.
Una hora después, finalmente llegó otra vez a su departamento. A eso de las tres de la tarde, sentado en la cocina de su bonito lugar, Fifito Bonito todavía seguía estando un tanto triste por lo ocurrido a su nuevo ICulo en aquel lago artificial. Así que, para tratar de olvidarse un poco de eso mismo, decidió mejor ponerse a revisar las fotos que había tomado unas horas antes.
De esta forma, al ir viendo lo muy guapo que había salido en todas sus tomas, poco a poco se fue recuperando de ese mal momento. “Cuando vean estas imágenes”, pensó para sus adentros, mientras subía a su InstaCrap una de las fotos, “todos escribirán en comentarios que estoy guapísimo…”.
En efecto lo estaba… Fifito Bonito siempre había sabido lo atractivo que era…
“Con esto, espero que más personas visiten mi perfil y vean las maravillosas fotos que he sacado con mi nuevo teléfono…”.
Y así sucedió. Una semana después, cientos y miles de personas visitaron su perfil, pero no por las fotos que se había tomado con su nuevo Iculo, sino porque su muerte había sido noticia en toda Mérida: la wanna be ciudad de primer mundo.
“Hombre de muy respetada familia meridana muere…, luego de haberse infectado con la bacteria de la “ameba comecerebros”, en el lago artificial del centro comercial: “La Playa”…
FIN.
ANTHONY FLEMING SMART
Septiembre/27/2026
6:07 a.m. 7:41 a.m. Sunday