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Columna de opinión

Volver a nacer

Antonio Balam

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Antonio Balam
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CUENTO

 

En un mundo lleno de seres vivos, pero que en realidad parecen estar muertos, ella murió una mañana. Era octubre, veintinueve de octubre.

Apenas y llevaba dos años de casada, cuando, regresando de comprar en su moto, un auto la golpeó desde atrás. Cayendo sobre el pavimento, su cabeza se golpeó y se sacudió muy fuertemente. El casco que llevaba puesto, no la ayudó. Su cerebro murió.

Su cuerpo, sin embargo, no lo hizo. Ella, de nombre “Catherine”, al ser llevada a un hospital, fue catalogada como “un vegetal”. Catherine había entrado en un coma profundo, del que, como le informaron a su joven esposo, se veía muy imposible que fuese a salir.

Su esposo, devastado hasta lo más profundo de su corazón, comenzó a temer lo peor. Ver a su joven esposa siendo ahora solamente un cuerpo vegetal, comenzó a triturarle todos sus nervios. Después, con el pasar de los primeros días desde aquel fatal acontecimiento, un miedo muy fuerte comenzó a instalarse en todo su ser.

El joven, que toda su vida había sido un hombre muy sano y seguro de sí mismo, comenzó a sentirse muy enfermo y temeroso. Con su joven esposa muerta en vida ahora, su vida misma también pareció morir.

Ante el paso inevitable del tiempo, un día tres médicos entraron al cuarto y; al verlo sentado en la orilla de la cama de su joven esposa, le preguntaron que si quería que apagaran el resto de su cuerpo, desconectando la maquina que la mantenía de manera artificial con vida.

El joven, aparatándose una lagrima de su ojo derecho, alargó su brazo y muy amorosamente le acarició el rostro a su esposa. En su mente, los pensamientos comenzaron a surgir “¿Apagar el resto de su cuerpo? ¿Para qué…? ¿Eso sería como terminar de matarla…?”

¡¿Cómo?! ¡Cómo iba él a poder darse por vencido sobre ella así de rápido y fácil…?!

Su mente muy atribulada no lo dejaba pensar con claridad. Pero es que… ¡¿CÓMO RAYOS SE SUPONE QUE IBA ÉL AHORA A PENSAR CON CLARIDAD, CUANDO SU ESPOSA ERA AHORA SOLAMENTE UN CUERPO INERTE SOBRE UNA CAMA DE HOSPITAL…?!

Josh, que es como se llamaba el joven, había conocido a su esposa en un concierto. Él, que era un artista “indie”, poseía una sensibilidad enorme. Es por eso que, cuando en aquel concierto cantó una de sus canciones favoritas, llamada: “Carolina”, y cuando miró desde el escenario a esa joven que ahora lloraba por la emoción y energía de su canción, su corazón le dijo, pero de manera muy secreta y callada, que al fin alguien había sentido lo mismo que él sintió cuando escribió la letra y melodía para esa canción: “Carolina”.

Su canción, de principio a fin, venía siendo como una hermosa montaña rusa musical. Primero empezaba lento, para luego ir avanzando y subiendo…, hasta que, en el punto más alto, como en una misma montaña rusa, la canción explotaba de manera muy sublime en unas líneas poderosas, que decían:

“I GOTTA GET YOU, I GOT GET YOU… GET YOU HOME!!!” “CAROLINA, WON´T YOU COME… I´VE BEEN WAITING FOR YOU, WAITING UP ALL NIGHT…”

Y esta misma hermosísima montaña rusa, en forma de canción indie, había sido la razón por la que ella buscó a Josh esa noche cuando el concierto terminó.

“¡Tu canción me ha hecho llorar por toda su belleza musical! ¡Ha sido hermosa escucharla en vivo!”, dijo ella, luego de haberlo saludado. Josh, un tanto tímido por el halago de acababa de escuchar, le respondió: “Gracias. ¡Muchas gracias!”

De vuelta al presente, con el cuerpo de su joven esposa ahora en su casa, Josh, sentado en una silla frente a su cama, situada cerca de la ventana, por donde los rayos del sol de las ocho de la mañana se filtraban; luego de estar un largo rato en el silencio más absoluto, y mientras el sol era el único testigo de toda su desolación, ¡súbitamente tuvo una idea!

Ese día era jueves, y faltaban pocos días para que fuese “Día de Muertos”. Poco después, como él lo comprobó al mirar por la ventana, el cielo se había puesto gris. Josh, luchando en su interior por mantenerse cuerdo y ecuánime, sentía sus ojos muy pesados.

Gran parte de él, de buena gana, sentía solamente querer ponerse a llorar. El dolor por ver a su esposa muerta en vida, era tan grande que; su miedo por ir a enloquecer también le aterraba sobremanera.

Josh sentía que su rostro ahora era duro como una piedra. Y todo su ser, así como también todo su espíritu, una y otra vez luchaban por mantenerse “sobre la tierra”, aunque, por el otro lado, al mismo tiempo, una parte en su mente solamente le dijese: “¡YA! ¡DÉJATE HUNDIR!”

Josh sabía perfectamente lo que esa frase significaba: “Déjate hundir”. En su mente, él, una y otra vez se permitía imaginar las opciones y posibilidades: “Un poco de veneno. Aventarse desde el techo del segundo piso; cerrar las ventanas y puertas, encender el gas de la estufa y dejar que eso lo sumergiese en el mismo sueño profundo de su joven esposa…”

Todas esas opciones eran viables, pero Josh seguía sin poder decidirse por una de ellas.

“¡Hazlo! ¡Ve y hazlo!”, una parte de su mente había comenzado a repetirle. “¡Ve y únetele a ella!” Sentado frente a la cama de su esposa, Josh, con los ojos cerrados y la cabeza hacia abajo, una y otra vez lo consideraba. Su estomago, al estar pensado en todo esto, lo tenía muy revuelto. Josh tenía mucha hambre, pero sentía no poder comer o masticar absolutamente nada.

Haciendo todo lo posible por ignorar el hambre que tenía, Josh, sintiéndose ahora mareado, y también muy perdido en este mundo físico, se levantó de su asiento y, tratando de reunir la mayor convicción posible, comenzó a decirle a su mente: “TRANQUILO. LA MUERTE SOLAMENTE ES EL OTRO EXTREMO DE LA VIDA…”

Recordando la manera en cómo la mujer, que luego se convertiría en su esposa, había cantado y sentido su canción aquella noche en su concierto, Josh, enseguida volvió a pensar y a recordar que, de manera muy irónica, este mundo a él siempre le había parecido un mundo lleno de muertos vivientes.

Durante los años que llevaba siendo un artista indie, Josh, de concierto en concierto, cada vez que le tocaba interpretar su canción favorita, siempre miraba hacia el publico, en busca de ese alguien que le dijese: “siento exactamente lo mismo que esta canción te hace sentir cada vez que la interpretas”.

Josh, había compuesto aquella canción, imaginándose una historia de desamor. Él, nunca llegó a pensar o a imaginar que años más tarde esa misma canción se volvería también la favorita de su esposa.

Y ahora aquí estaba él, frente a su cuerpo inerte. Ella, quien tanto había disfrutado y sentido, no solamente su música, sino que también las otras muchas canciones de otros artistas indies como él mismo, ahora, de manera muy triste, se había convertido “en un muerto viviente más dentro de este mundo físico”.

“¡No cabe duda de que la vida es muy irónica”, pensó Josh con mucho pesar, cuando regresó y se volvió a sentar frente a su esposa. Sobre su regazo se encontraba ahora su pequeña bocina portátil.

Faltaban pocos días para que fuese “Día de Muertos”. Josh, sintiéndose muy muerto ahora, dirigió su mirada hacia el cielo gris de esa mañana de octubre. Sus ojos, al momento de contemplar la manera tan hermosa en el que el viento movía los gajos de los arboles, por un instante, le proveyó a todo su ser atribulado un momento de paz y tranquilidad absoluta.

Josh permaneció unos seis minutos más en el silencio absoluto…, hasta que, despertando otra vez a su realidad inevitable, su dedo apretó el botón de “play” en su bocina. Y así, de manera casi mágica, aquella hermosísima canción suya comenzar a sonar…

Josh había decidido tocársela a su amada esposa Catherine una vez más, una vez más antes de abandonar “este mundo lleno de muertos vivientes”. Esta sería la última vez en la que ambos disfrutarían de tan sublime y poderosa melodía.

Sonando a un volumen bajo, aquella hermosísima canción, poco a poco fue llenando el espacio infinito en su espíritu. La canción era tan sublime y poderosa. Por eso mismo es que a Catherine le había gustado muchísimo. Ella, al igual que Josh, había entendido e interpretado el significado de cada palabra y frase contenida en su letra.

“¡Gracias, Catherine!”, musitó Josh, en el silencio de su dolor presente. “¡Gracias por haber sentido la música como yo siempre la sentí…! Ha sido un verdadero honor haberte tenido por compañera de vida todos estos años… AMOR MÍO… ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!”

La melodía siguió su curso, y Josh esperó para que ésta llegase a esa parte, en donde alcanzaba, como en una montaña rusa, su cúspide más alta. Josh lo sabía ahora. Sin su esposa, él ya nada tenía qué seguir haciendo en este mundo lleno de muertos vivientes.

A punto de ingerir el veneno, para así finalmente reunirse con su esposa, al otro lado de esa dimensión de la que nadie ha regresado nunca para contar cómo es o qué se siente, Josh se puso a recordar cómo la música lo había salvado una vez. Él, que siempre había sido un ser extremadamente muy sensible, jamás pudo entender este mundo físico en el que le había tocado nacer.

Y ahora, ¡aquí estaba otra vez! Esta vez, él, sí que tenía motivos de sobras para hacer lo que años atrás solamente pensó: “apagar su cuerpo”. Porque ahora sabía perfectamente que, solamente apagando su cuerpo su espíritu al fin podría nuevamente volver a reunirse con el espíritu de su esposa Catherine.

De repente, el sol brilló de nuevo. Josh, al ver su luz a través de la ventana, sin dejar pasar más tiempo, acercó el frasco de veneno hacia sus labios y comenzó a beberlo…

“¡HACIA TI VOY AHORA, CATHERINE, AMOR MÍO…!”, musitó Josh, mientras esperaba pacientemente para que el veneno en su interior terminase de hacer su trabajo. “¡ESPÉRAME, QUE NO TARDO NADA EN VOLVER A VERTE Y BAILAR CONTIGO OTRA VEZ UNA DE NUESTRAS TANTAS CANCIONES INDIES FAVORITAS…!”.

Josh, apenas y terminó de beber todo el veneno de aquel pequeño frasco, fue y apagó la máquina que había mantenido respirando a Catherine de manera artificial. Luego, de manera muy suave y lenta, se acostó junto a ella, a quien enseguida abrazó por última vez en este mundo físico.

“¡ESPÉRAME, QUE YA TE ALCANZO!”, musitó Josh, mientras comenzaba a sentir cómo su espíritu al fin abandonaba este mundo de muertos vivientes, para así, ¡otra vez!, VOLVER A NACER JUNTO AL ESPÍRITU DE SU AMADA Y BELLA ESPOSA CATHERINE.

FIN.

ANTHONY SMART
Octubre/29/2026
7:24 a.m. 11:39 a.m. Jueves

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