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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: México viejo, enfermo y ultrajado I/V

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* Es únicamente el inicio del daño, que es profundo, porque afecta la actitud del ciudadano y lo aferra a la supuesta buena fe del gobierno o de la institución privada, o a la respuesta violenta, agresiva, al sumarse a las opciones que se les ofrecen como sicarios, polleros y consumidores de estupefacientes. Todo sugiere que se trabaja para el reverso de la moneda

Gregorio Ortega Molina

 

La salud es la reina de las garantías individuales consagradas en la Constitución, que ha de quedar plenamente asegurada, pero no. El enfermo no estudia, no trabaja, pierde el aliento por la vida, y busca resolverlo de manera fácil: como sicario o consumidor de estupefacientes, suaves o duros, quiere olvidar o, al menos, sobrellevarla. El alcohólico es brutal, el narco puede ser pacífico, a menos de carecer del billete para su dosis.

El sentido común nos lleva a suponer que los gobernantes lo saben, aunque la realidad nos muestre lo opuesto. Si las estadísticas indican que somos, ya, un país de la tercera edad, también nos muestran que somos una nación enferma, sin los necesarios medicamentos para frenar o combatir las enfermedades, mucho menos ahora que también fumigaron la vacunación. La mega farmacia ya ni siquiera es argumento político. Se fue, pero su defensor permanece atento, chingue y jode…

     ¿A quién o quiénes les resulta benéfico desmantelar el sector salud? Imposible saberlo con certeza, pero en el tema del poder la más de las veces, lo que parece es: el narco requiere brazos y enfermos susceptibles de convertirse en adictos. Pareciera que la política de bienestar ha involucionado a una fábrica de consumidores, de clientes del narco. ¿Será?

El deterioro del sector salud y, por consiguiente, de los enfermos, avanza, como indica la CONAMED: en 2025 recibió 18, 734 asuntos nuevos, de los cuales sólo 1493 fueron quejas formales, 2750 orientaciones, 12, 288 asesorías y 158 dictámenes médicos institucionales. 75 por ciento de quejas caen sobre el sector pública, el 25 por ciento al privado.

Lo trascendente es que el 31.2 por ciento de quejas en los instituciones privadas de salud, tuvieron evidencia de mala praxis, mientras que en el sector público fue de 26.2 por ciento. Pero es más grave: aquí el 8 por ciento de los internados padece daño durante o inmediatamente posterior al internamiento, y el dos por ciento fallece debido a errores prevenibles. La muerte en niños es una muestra irrefutable.

Lo que se padece aquí se lee en el mundo. El País reporta que “hace siete meses que los bebés están muriendo en la misma sala de neonatos de Guadalajara, Jalisco. Un brote de dos bacterias en esa área de terapia intensiva ha arrebatado a al menos 18 madres de sus recién nacidos. Algunas de esas mujeres nunca se han visto, otras se reconocen por los días en que el hijo de la otra dormía en la incubadora de al lado, pero todas juntas forman un grupo de WhatsApp donde se llaman entre sí “mamás en duelo”. El primer caso que registraron se remonta a marzo. A día de hoy, aseguran, hay todavía cuatro bebés infectados en el Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente del Instituto Mexicano del Seguro Social”.

Sin embargo, es únicamente el inicio del daño, que es profundo, porque afecta la actitud del ciudadano y lo aferra o a la supuesta buena fe del gobierno o de la institución privada, o a la respuesta violenta, agresiva, al sumarse a las opciones que se les ofrecen como sicarios, polleros y consumidores de estupefacientes. Todo sugiere que se trabaja para el reverso de la moneda.

@OrtegaGregorio

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