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Columna de opinión

Invertir en energía, construir capacidades

Héctor Ramírez Rodríguez

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Héctor Ramírez Rodríguez
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RUTA ENERGÉTICA

Por Héctor Ramírez Rodríguez

 

La historia de nuestro país ha provocado un fuerte recelo entre los mexicanos respecto a la participación extranjera en sectores particularmente sensibles. Tal vez por ello, en las últimas décadas la discusión energética se redujo a una pregunta recurrente: ¿qué tanto debía participar el sector privado? Sin embargo, los acontecimientos recientes obligan a formular una interrogante diferente: ¿cómo aprovechar la inversión privada para fortalecer las capacidades nacionales que el país necesitará en un entorno internacional cada vez más incierto?

El Segundo Informe de Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum deja clara lo oportuno de estos planteamientos. Como parte de la estrategia para incrementar la generación mediante fuentes renovables, refiere que se convocó a la iniciativa privada a participar en proyectos bajo un esquema de inversión mixta que mantiene la proporción establecida en la ley: 54 por ciento de participación pública y 46 por ciento privada. Como resultado, fueron aprobados 38 proyectos que aportarán más de 8 mil megawatts de generación, 2 mil 500 megawatts de almacenamiento y una inversión estimada en 10 mil 600 millones de dólares.

Más allá de las cifras, el tema merece una reflexión estratégica. La transición energética que vive el mundo demandará recursos financieros, infraestructura, tecnología y conocimiento especializado en una magnitud difícil de alcanzar únicamente con recursos públicos. La participación privada, por tanto, no debe verse como una excepción al modelo de desarrollo nacional, sino como una herramienta para acelerar objetivos que benefician al país en su conjunto. Entre ellos, ampliar la capacidad de generación, fortalecer la confiabilidad del sistema y contribuir a mantener tarifas accesibles para hogares y sectores productivos.

Sin embargo, el contexto internacional obliga a mirar más allá del financiamiento. Las tensiones comerciales entre socios históricos; las restricciones a exportaciones estratégicas, como el caso del diésel por parte de Estados Unidos; la vulnerabilidad de rutas energéticas globales; y la creciente volatilidad política observada en distintos países han demostrado que la interdependencia económica no elimina los intereses nacionales. Por el contrario, cada vez más naciones buscan fortalecer capacidades propias que les permitan enfrentar escenarios cambiantes sin comprometer su desarrollo.

En este contexto, la participación privada resulta más valiosa cuando contribuye a construir capacidades permanentes dentro del país. Esto implica fortalecer cadenas de proveeduría nacionales, desarrollar empresas mexicanas, ampliar la formación de capital humano especializado y acelerar la incorporación de nuevas tecnologías. La inversión es importante, pero lo es aún más el conocimiento que permanece después de que la obra ha concluido.

La experiencia reciente ofrece lecciones que conviene considerar. La apertura del sector energético en el ámbito petrolero, atrajo empresas y recursos que podrían incorporar capacidades técnicas relevantes. Sin embargo, también evidenció que la transferencia de conocimiento no ocurre automáticamente. Cuando las posiciones de dirección, diseño e ingeniería permanecen concentradas fuera del país, el riesgo es que la participación nacional quede limitada a funciones operativas, reduciendo los beneficios de largo plazo para la economía y el desarrollo tecnológico.

La transición energética ofrece una nueva oportunidad para hacerlo mejor. México requiere almacenamiento, digitalización de redes, automatización, energías renovables y nuevas capacidades industriales. La colaboración con empresas privadas con participación extranjera conforme lo estipula la legislación, puede ser un factor de éxito, siempre que contribuya a formar especialistas mexicanos, transferir tecnología y crear capacidades que permanezcan en el país más allá de cualquier contrato o coyuntura.

Al final, la discusión sobre la participación privada no debería centrarse únicamente en quién aporta el capital. La verdadera pregunta es qué capacidades quedan instaladas en México después de cada inversión. Los gobiernos cambian, los mercados se transforman y las condiciones internacionales evolucionan. Lo que permanece es la necesidad de contar con infraestructura, conocimiento y talento nacional capaces de sostener el desarrollo del país durante las próximas décadas.

X @hector_ramirezr

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