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Columna de opinión

La política detrás del volante

Katya Ortega

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Katya Ortega
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“Una institución es la sombra alargada de un hombre.”
— Ralph Waldo Emerson

 

Imagina por un momento que estás frente a una pista de Fórmula 1.

Entre todos los monoplazas aparece uno que parece perfecto. Fibra de carbono, aerodinámica calculada al milímetro, neumáticos impecables, potencia, ingeniería y, detrás de él, una escudería entera trabajando para llevarlo a la meta. Todo en ese automóvil parece hecho para ganar, entonces miras al piloto…

No conoces su nombre, nunca lo has visto competir, no sabes cómo toma una curva, cómo responde bajo presión ni qué hará cuando tenga que adelantar a más de trescientos kilómetros por hora.

De pronto, el automóvil deja de parecer suficiente.

Pues en la política ocurre algo parecido.

Hace unos días, durante una reunión de comunicadores con Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, surgió una metáfora parecida.

Hablando de las posibilidades de construir un bloque opositor, Moreno describió a la alianza como el vehículo.

PAN, PRI y, eventualmente, Movimiento Ciudadano representarían una estructura suficientemente amplia para competir.

El piloto, decía, se definía después…

Y quizá esa frase explique una de las discusiones que los partidos políticos todavía tienen pendiente.

Durante mucho tiempo, en México las siglas podían hacer reconocible a un desconocido; es decir, el partido otorgaba identidad al candidato antes de que el candidato tuviera que construir una propia.

Ser “el candidato del PRI”, “el candidato del PAN” o “el candidato de la izquierda” decía mucho antes de conocer siquiera a la persona.

Pero hoy la relación parece comenzar a invertirse.

La causa es obvia y multifactorial. Podríamos hablar de la pérdida de confianza en los partidos o del debilitamiento de las identidades partidistas, pero lo cierto es que la aparición de nuevas formas de comunicación política ha hecho que el ciudadano encuentre otros lugares desde donde reconocerse.

Y, desafortunadamente para quienes todavía añoran las plazas llenas y los grandes mítines, una parte de la política terminó encerrada en una pantalla de seis pulgadas.

Eso no significa que un diputado deba convertirse en influencer.

Significa algo mucho más difícil: debe representar algo.

Carlos Manzo lo entendió. Después de su paso por Morena, construyó alrededor de su figura una identidad independiente en Uruapan: el sombrero se convirtió en símbolo de un movimiento y su discurso quedó estrechamente vinculado con la seguridad y el combate a la violencia. En 2024 ganó, como candidato independiente, la presidencia municipal de Uruapan.

Lilly Téllez representa un fenómeno distinto. Su trayectoria ha pasado por más de una fuerza política, pero su nombre conserva posiciones y temas fácilmente reconocibles.

Y Mariana Rodríguez muestra una tercera forma de construir identidad.

Su caso no nació de una causa específica, sino de una narrativa personal construida durante años en redes sociales. Su vida cotidiana, su manera de hablar, los “fosfo fosfo”, la estética naranja y, después, su participación política terminaron mezclándose hasta construir un personaje inmediatamente reconocible.

Cuando compitió por la alcaldía de Monterrey en 2024, volcó hacia la campaña una comunidad digital de millones de seguidores y una comunicación dirigida especialmente hacia públicos jóvenes.

No ganó la elección y, precisamente por eso, su ejemplo resulta útil.

Tener presencia en redes no garantiza una victoria, pero tener identidad política permite que el ciudadano sepa perfectamente quién está frente a él.

Manzo tenía una causa. Téllez, posiciones claramente identificables. Mariana, una narrativa y un lenguaje propios.

Y si bien no se trata de coincidir con ninguno, sí se trata de poder responder una pregunta mucho más sencilla:

¿Qué representa ese político?

Y ése quizá sea uno de los mayores retos para los partidos tradicionales.

Presentarse en la Cámara sigue siendo indispensable. Creer que basta con presentarse en la Cámara ya no lo es.

Tener una causa, una voz reconocible y algo que defender, quizá sí.

Pensemos otra vez en las carreras.

Cuando Checo Pérez aparece en una pista, los mexicanos no dicen que apoyan al automóvil. Dicen que van con Checo.

La escudería importa. El automóvil importa. Sin ellos no existe competencia.

Pero el vínculo emocional se construye con el piloto.

Y quizá algo parecido esté ocurriendo con la política.

Antes, el partido podía hacer reconocible a un candidato simplemente colocando sus siglas detrás de su nombre.

Ahora puede ser el candidato quien tenga que conseguir que el ciudadano vuelva a mirar las siglas.

Ya no solamente:

PRI → político.

También:

político → PRI.

Esto tampoco vuelve innecesarios a los partidos.

El vehículo sigue haciendo falta.

La estructura territorial, los representantes electorales, la experiencia, los recursos, los legisladores y las alianzas continúan siendo parte fundamental de cualquier competencia política.

Incluso el llamado voto útil depende de la existencia de vehículos suficientemente grandes para disputar una elección.

Pero el voto útil tiene un límite.

Ningún piloto corre una carrera sin automóvil.

Pero tampoco cualquier persona puede sentarse frente al volante y esperar que el público quiera acompañarla.

Por eso las terceras vías pueden resultar atractivas incluso cuando sus posibilidades electorales son menores: ofrecen al ciudadano un espacio que siente propio. Movimiento Ciudadano ha explotado precisamente una identidad visual, generacional y digital diferenciada de los bloques tradicionales.

Y ahí volvemos a la pista.

Tal vez Alejandro Moreno tenga razón en una parte de la metáfora: sin vehículo no hay carrera.

Pero las escuderías construyen automóviles.

Los pilotos construyen aficionados.

Y, en una época en la que las siglas ya no bastan para explicar quién conduce, quizá los partidos tengan que dejar de pensar que el piloto es lo de menos.

Porque antes el partido prestaba identidad a sus candidatos.

Hoy podrían ser sus candidatos quienes tengan que devolvérsela al partido.

Kat.orthern19@gmail.com

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