Columna de opinión
CCS: El nombre contaba, estaba muy consciente de ello
Eduardo Ibarra Aguirre
Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre
Se nos adelantó el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y ahora todo México, o casi, lo llora o está triste, acongojado. Por lo menos eso aparentan los que lo calumniaron desde 1986, en el monopolio de la televisión (Televisa) y el oligopolio radiofónico, cuando fundó la Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional para enfrentar “el acelerado deterioro de las condiciones de vida del pueblo mexicano”, junto a Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Rodolfo González Guevara, Leonel Durán, Armando Labra, Gonzalo Martínez Corbalá y Carlos Tello Macías, quienes ante el inminente proceso de la sucesión presidencial de Miguel de la Madrid Hurtado, estaban convencidos de la gran necesidad de democratizar al PRI y, lo que implicaba, al sistema político mexicano.
“Nos mueve –dijeron entonces en los documentos básicos de la CD– el reclamo de una sociedad que acusa signos de desesperanza, consternada por la creciente sangría que representa la gran carga de la deuda externa y sus efectos sobre los niveles de vida, acosada por la inflación, el desempleo, el libertinaje de precios, el deterioro del salario, la injusta remuneración de los esfuerzos de los trabajadores”. El grupo original se decantaría pronto bajo la presión del absolutismo presidencial de MMH (1982-1988).
Cárdenas Solórzano surgió de las entrañas del mismo sistema autoritario con ropaje democrático que lo expulsó de sus filas y entorno y se vio precisado a mostrar entereza y carácter firme para proceder en consecuencia con la formación del Frente Democrático Nacional que agrupó a varios partidos pequeños, pero de izquierda, a excepción del paraestatal Auténtico de la Revolución Mexicana que fue el primer en postularlo como candidato presidencial para el 6 de julio de 1988 y eso generó desconfianza. Después se integraron al FDN los partidos Popular Socialista, Socialista de los Trabajadores, Socialdemócrata (de Luis Sánchez Aguilar) y al cinco para las 12 se incorporó el Mexicano Socialista que presidía Gilberto Rincón Gallardo porque Heberto Castillo se resistía a renunciar como candidato presidencial de los comunistas y socialistas del PMS.
Después vendría la primera campaña presidencial con una amplísima base social en la ciudad y el campo, democrática y popular, y el escandaloso fraude electoral que impuso a Carlos Salinas en Los Pinos con base en la conocida “caída del sistema”, a cargo de Manuel Bartlett; la muy amplia y pacífica resistencia frente al escandaloso fraude electoral ante el que Muñoz Ledo aconsejaba “estirar más la liga”; la fundación del Partido de la Revolución Democrática para hacer frente a la andanada neoliberal salinista sin precedente y la arremetida autoritaria que cobró la vida de entre 300 y 500 militantes perredistas, de acuerdo con expertos; empeñado como estaba el salinato en aplastar la alternativa neocardenista de izquierda, aunque no se asumía como tal el ingeniero; al tiempo que Salinas imponía sus grandes reformas neoliberales (1988-1994); y 697 contando los mandatos presidenciales de Ernesto Zedillo (1994-2000) y el “demócrata” Vicente Fox (2000-2006) y su “marxista” canciller subordinado al Departamento de Estado.
En estos días de luto ciudadano, el denominado “líder histórico de la izquierda en México”, condición que nunca asumió e incluso se opuso durante años a que el PRD fuera definido como tal, Cárdenas fue tres veces candidato a la Presidencia de la República (1988, 1994 y 2000), pero sí de él y los cuauhtemistas dependiera serían cinco; y uno de los máximos opositores al régimen del partido de Estado, el PRI; cofundador del PRD y primer jefe de gobierno electo del Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Los profesionales del “amarre de navajas” entre el ingeniero Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador siempre se toparon con pared con el tabasqueño: “No me voy a pelear con la historia”, respondía. Pero agrada sobremanera la clara conciencia de Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano sobre su origen: “Cuando tuve posibilidad de participar políticamente, el nombre contaba. Estaba muy consciente de ello. Tenía que cuidar ese aspecto, no haciendo tonterías o haciendo las menos posibles”, en referencia a su señor padre, el general Lázaro Cárdenas del Río.
Acuse de recibo
Emotivo, justo y atinado homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en la Conferencia del Pueblo, de la presidenta Claudia Sheinbaum, en la voz de Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación; Laura Itzel Castillo Juárez, secretaria de Mujeres, y Pablo Gómez Álvarez, presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral. Desentonó doña Laura al elogiar al partido de Heberto Castillo, su padre, el Mexicano de los Trabajadores y criticar a otros por no ser “nacionalistas”, como el PMT. (…) Del escritor Gonzalo Martré (Mario Trejo): “Recibida tu Utopía, la copié para el Chirispiote, gracias”. (…) Al contrario. (…) Para Lázaro, Cuauhtémoc y Camila Cárdenas Batel un solidario y respetuoso abrazo.
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