Columna de opinión
Asesinato de periodistas, perversa rutina ante un Gobierno que los agrede y descalifica
Antonio Ortigoza Vázquez
* Matar comunicadores en México, es uno más de los delitos que gozan de impunidad total, sobre todo cuando desde el más alto cargo del poder se les descalifica y agrede, otorgando a los delincuentes del crimen organizado y de cuello blanco, un permiso para matar a cuanto reportero incómodo se les cruza en su camino; en Gobernación, Alejandro Encinas y su incompetente equipo, nada hacen por activar los mecanismos de protección, pero ya se sueñan gobernando el Estado de México
SILOGISMOS
Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010
Especial de Expediente Ultra
“México es un país donde los asesinatos de periodistas son casi una perversa rutina de tal modo que la reciente serie de muertes violentas, casi en serie, ha provocado una muestra singular de indignación pública entre reporteros y ciudadanos de a pie por igual”, señala en una nota el más influyente diario norteamericano “The New York Times“.
Añade el famoso rotativo que “el martes tuvo lugar una de las manifestaciones más grandes en contra de los asesinatos de tres colegas en un mes, y dos con días de diferencia en la ciudad fronteriza de Tijuana”.
En entrevista con el reportero Oscar Luna, se transcribe lo siguiente: “Da mucho coraje, causa mucha indignación, porque los periodistas entregamos nuestra alma, nuestro corazón, nuestro cuerpo”, en relación con los homicidios de Alonso Margarito Martínez Esquivel, quien cayó acribillado a la luz del día frente a su casa. Días después, la veterana comentarista de televisión de Tijuana, Lourdes Maldonado a su vez fue asesinada por un sicario bien entrenado, que disparó desde un auto en marcha.
Pero antes, en los primeros días de enero, en Veracruz, José Luis Gamboa, fue apuñalado.
El director regional del grupo de defensa “Artículo 19”, Leopoldo Maldonado, comentó: “A pesar de todo, el presidente Andrés Manuel López Obrador no combate a los criminales, sino que combate a la prensa”.
Expone Maldonado lo siguiente: “Sucede que la hostilidad tan franca hacia la prensa por parte de la figura más poderosa del país, abona a un ambiente donde los ataques a periodistas son permisibles (porque) tener a un presidente que habla sobre la prensa, la califica o la descalifica, pero a la par no se está haciendo gran cosa para prever este tipo de atrocidades.
“La descalificación del presidente la ven otros como un permiso para agredir”. Y esto sumamente grave.

El caso de Lilly Téllez es muy llamativo. Durante años fue locutora de noticias en una televisora cuyo dueño mantiene estrechas relaciones con el presidente López Obrador, al grado que hace pocos días le mencionó como fuerte prospecto para la compra de Citi-Banamex, uno de los más grandes bancos del país. De pronto, se hizo militante del partido en el gobierno, “Morena” y entró al Senado.
De apoyadora y panegirista de AMLO, Téllez de pronto se volvió, primero crítica “interna” y después renunció a “Morena” y se unió a la bancada opositora en el Senado, donde se ha convertido en la más vitriólica inquisidora de la acción presidencial.
El 24 de enero pasado envió una carta al presidente López Obrador, donde la primera pide “¿Exactamente qué medidas inmediatas tomó el gobierno federal para brindar protección a Lourdes Maldonado”, en alusión a la presencia de la asesinada, el 26 de marzo de 2020, cuando en la “mañanera” le dijo que “temo por mi vida”?
La pregunta número 22 dice: “Las amenazas son más frecuentes cada día ¿Qué está haciendo el gobierno federal para atender (la seguridad) con la seriedad e importancia que se necesita?”.
El pasado martes 25 de enero, en casi todos los estados y en centenas de ciudades, los reporteros, redactores, correctores, ayudantes de redacción, editorialistas, colaboradores, directivos, acudieron a las plazas públicas en una protesta sin precedente.
Pero en Palacio Nacional, las mismas salidas de pie de banco, las mismas e irritantes digresiones: “Todo es culpa del neoliberalismo”.
En tanto el Subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas y su séquito de incompetentes traídos de Toluca y otros municipios mexiquenses y que tienen la responsabilidad de proteger a los periodistas, están más preocupados en preparar la eventual candidatura al Estado de México de su jefe que en activar los mecanismos para evitar homicidios a mansalva como el de Lourdes Maldonado.
Por cierto que a Encinas lo persigue el fantasma de los fajos de billetes mal habidos del empresario Carlos Ahumada y corre la versión que existe por ahí un video guardado en siete sellos, donde al igual que René Bejarano y Carlos Imaz, también fue de los beneficiario con las entregas secretas de dinero.
De esa calaña los políticos que supuestamente defienden los Derechos Humanos en el país y, por desgracia, defienden periodistas solo en teoría, claro está.
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