Columna de opinión
Benévolos
Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
Caminaba Hércules por un estrecho camino cuando encontró una manzana de grandes dimensiones en medio. La aplastó con el pie, y entonces la manzana dobló su tamaño.
Molesto, Hércules usó su enorme maza y la golpeó de nuevo. Pero la manzana entonces ocupó más espacio. Y por más que la golpeaba, la manzana crecía más y más.
Se acercó entonces Atenea y le dijo:
– Ese objeto que golpeaste es el espíritu de la disputa y la discordia. Si lo dejas tranquilo, permanece como está, no se altera. Pero si le tocas… ¡Mira cómo crece! (‘Hércules y Atenea’ – Esopo)
Ese espíritu es el que hoy priva entre nosotros.
La disputa y la discordia tienen su discurso. Por un lado, el discurso de la ira, ese arrebato violento y descontrolado. Esa incapacidad de ejercer control y soberanía sobre nosotros mismos en la medida y momento en que los ejercemos sobre los otros; ese gozne entre el autodominio y el dominio de los demás. Ese abuso del poder del superior sobre el inferior. Lo desmandado de la ira ha implicado, cuando se trata de los otros, hacer del poder oficio y función regulados.
El otro discurso de la disputa y la discordia es la adulación. Éste es del inferior al superior, reforzándolo en su poder y autoengaño por la abyección y la ignominia. El inferior sobresalta las propiedades y alcances del superior para desviarlos a su favor; al hacerlo, impide que se conozca y reconozca sus límites. El adulador es en el fondo un castrador que potencializa al emasculado creyendo que lo hace a su favor, cuando en realidad, a la larga ambos pierden.
De allí la importancia del discurso de la verdad, de uno y otro lado. Hay en toda relación un rejuego de poderes que si no responde a la verdad genera un circuito de dependencias negativas y reciprocras.
Por ello el compromiso con la verdad —parreshía— sella la autonomía del otro, sea emisor o receptor del discurso. Quien discursa se autocontiene en ira y adulación, y quien recibe no depende del otro y acciona libre y críticamente.
Imposible no diferenciar parreshía de retórica, toda vez que la segunda no busca ni responde a la verdad, sino a persuadir ya en la verdad, ya en la mentira: “La retórica es la facultad de descubrir especulativamente aquello que, en cada caso, puede ser idóneo para persuadir”: Aristóteles.
Ahora bien, ¿cómo romper este circuito de disputa y discordia, de ira y adulación? Siendo generosos y benevolentes con nosotros mismos y para con los demás.
La benevolencia es un ejercicio en común; ésta es la buena voluntad (bene volus) o simpatía hacia otras personas y sus obras.
Buena voluntad e “inclinación afectiva, generalmente espontánea y mutua, entre personas” de sym: semejante y phatos: sentimiento, de modo de salvarnos todos entre nosotros mismos.
Depongamos la ira y señalemos la adulación; privilegiemos la benevolencia y la verdad; el respeto elemental al otro.
Concluyo: no podemos cambiar a López Obrador. En su delirio sistematizado se halla más que a gusto y convencido de su semidivinidad. Tampoco podremos cambiar fácilmente a quienes viven de adularlo. Pero nosotros sí podemos cambiar. Empecemos por cambiar la conversación y la sociopolítica: seamos benévolos —francos de corazón—, especialmente para con ellos. Dejemos de golpear cuál Hércules la manzana en medio del camino, hagámosle caso a Atenea.
El hombre es el único ser sobre la tierra que puede empezar de nuevo a voluntad. Demos vida a un nuevo comienzo, uno de benevolencia entre nosotros.
Más columnas de Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
La pirómana
Luis Farías Mackey Los periodistas son muy chismosos, así que mi padre se enteró muy pronto de la llegada a Monterrey…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Funerario Adams
Luis Farías Mackey La gallina Hilaria regresaba del mercado y otros menesteres, el plan del pavo real Adriel funcionaba de maravilla,…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Cuando Adriel le copió a La Beatrix
Luis Farías Mackey El cabo Juanetes entró a la oficina del General. -Mi General, fuera está Adriel, el de La Chingada.…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Estampas e La Chingada
Luis Farías Mackey Se levantó tirando manazos y echando gritos, en la madrugada sus alaridos llegaron hasta el cuartel vecino, el…
Leer columna →