José Luis Parra
Luis Donaldo Colosio Riojas llegó a Sonora a reclamar un derecho de sangre.
Su parte de una herencia política que comenzó a escribirse mucho antes de que él decidiera dedicarse a la política y cuando, en los años 80 del siglo pasado, muchos sonorenses todavía batallaban hasta para escribir correctamente el apellido Colosio.
Hoy es diferente.
Colosio es apellido, historia, tragedia, mito y, obviamente, capital político.
Mucho capital.
Su padre, Luis Donaldo Colosio Murrieta, tuvo alguna vez frente a sí la posibilidad de buscar la gubernatura de Sonora, pero su proyecto caminó hacia una estación más grande: La Presidencia de la República.
El hijo parece dispuesto a invertir los papeles.
Primero Sonora.
Después, ya veremos.
La llegada este domingo del senador de Movimiento Ciudadano a Hermosillo y su posterior participación en la plenaria de diputados y senadores naranjas en San Carlos Nuevo Guaymas difícilmente puede observarse como una simple gira partidista.
En política las casualidades existen.
Pero cuestan mucho trabajo creerlas.
Más cuando el propio Colosio Riojas ya dejó constancia pública de sus sentimientos sonorenses: “Yo soy de Sonora. Aquí está mi familia y aquí está mi corazón”.
Pues también podría estar aquí su futuro.
Como registra la resistencia del pueblo Yaqui:
“Hoy como ayer, el pasado alimenta el presente y el futuro”.
Y vaya que en este caso el pasado alimenta.
Hoy la política entrelaza pasado, presente y futuro alrededor de un apellido convertido durante tres décadas en referente nacional.
El padre no llegó.
El hijo quiere escribir su propia historia.
Construir su propio legado.
Y quizá sacudirse, de una vez por todas, la condena de vivir políticamente bajo la gigantesca sombra de Luis Donaldo Colosio Murrieta.
Para eso necesita territorio propio.
Una gubernatura sería buen comienzo.
Sonora, mejor.
Así que el mensaje de Colosio Riojas podría traducirse al español sonorense, que no regio:
Quítense que ai les voy.
Y obviamente el grito lleva destinatarios.
Todos.
Incluidos los suspirantes de Morena que desde hace meses hacen cuentas, levantan encuestas, forman grupos, reparten sonrisas y sueñan despiertos con suceder a Alfonso Durazo.
Podrían terminar convertidos en simple comparsa.
Porque en este escenario la decisión estaría tomada mucho antes de que empiecen oficialmente las hostilidades electorales.
¿En Sonora?
No necesariamente.
Los grandes acuerdos políticos mexicanos tradicionalmente se cocinan bastante lejos del lugar donde posteriormente se sirven.
Palacio incluido.
Con la venia del poder central.
O sin ella.
Faltaba más.
Faltaba menos.
Aquí aparece inevitablemente Alfonso Durazo.
El gobernador conoce perfectamente los riesgos de una sucesión y, sobre todo, sabe que después del poder viene una etapa bastante menos cómoda: La del ex gobernador.
Y ningún político profesional salta de un avión sin revisar primero el paracaídas.
Una salida.
Una red protectora.
Un acuerdo capaz de disminuir riesgos si las cosas nacionales, estatales o personales se complican después de entregar Palacio de Gobierno.
Obviamente es una lectura política.
Nada más.
Pero tampoco nada menos.
Porque Durazo sabe operar.
Y sabe negociar.
Un eventual Colosio gobernador, cobijado por Movimiento Ciudadano pero construido alrededor de una alianza política mucho más amplia que los colores partidistas, cambiaría por completo el tablero sonorense.
También el nacional.
Para Movimiento Ciudadano sería una gubernatura de enorme valor simbólico.
Para Colosio sería territorio.
Para Durazo podría significar tranquilidad.
Y para Morena…
Bueno.
Siempre hacen falta buenos invitados para llenar las primeras filas.
La verdadera interrogante quizá ni siquiera sea si Luis Donaldo Colosio Riojas quiere ser gobernador de Sonora.
Esa respuesta comienza a parecer demasiado sencilla.
La pregunta importante sería otra:
¿Qué viene después?
Porque si el padre dejó Sonora para buscar la grande, el hijo podría intentar llegar a la grande pasando primero por Sonora.Referencia geográfica
La historia tiene esas ironías.
A veces repite caminos.
Otras veces simplemente los recorre al revés.
Y el heredero ya llegó.