Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
Tras la entrega y detención en Estados Unidos de dos exfuncionarios del gobierno de Rubén Rocha Moya por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, el régimen morenista quedó contra las cuerdas, exhibido por lo menos como protector de delincuentes y debilitado a tal grado en su credibilidad, que se ha visto obligado a intentar “pintar su raya” con personajes a los que antes recibió jubiloso en su regazo.
La presidenta Claudia Sheinbaum, forzada por la evidencia y la circunstancia que la acorrala, desarmado su discurso de supuesta superioridad moral, lanzó este fin de semana una advertencia que suena más bien a una suerte de confesión: “ninguna persona que no sea honesta puede esconderse bajo el halo de la transformación”.
Pero la frase, pronunciada en un mitin en Yucatán, lejos de servir como prueba de congruencia política o de blindaje para el régimen, en realidad lo delata. Se trata de un reconocimiento de facto de que durante años se permitió –y se sigue permitiendo- que bajo las siglas de Morena se cobijaran personajes oscuros y criminales sin escrúpulos, algunos de los cuales hoy son reclamados por la justicia extranjera porque la local fue incompetente –o no tuvo una pizca de voluntad- para actuar en su contra.
Si el régimen de la autoproclamada “cuarta transformación”, ése que jura que no engaña, no roba y no traiciona al pueblo, no fue capaz o no intentó siquiera impedir que funcionarios de una entidad federativa se vincularan con el crimen organizado, ¿qué garantía existe de que otros, de mucho mayor nivel, no estén ya comprometidos hasta el fondo también con los envenenadores y asesinos?
No hay que perder de vista que en el escándalo del “huachicol” fiscal, el mayor fraude contra las finanzas públicas de la historia de México, la implicación de altos mandos de la Marina está probada, a pesar de lo cual no hay investigaciones reales, no hay procesos penales, salvo contra unos cuantos, sin ir al fondo ni a la cabeza de esas operaciones que desangraron al erario durante todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Ahora que el gobierno de Estados Unidos decidió intervenir y presionar con todo al de México –por las razones que fueren, pero con todos los elementos para hacerlo-, el morenato ya quiere poner filtros, reservarse el derecho de admisión. La reacción de la nueva dirigente morenista, Ariadna Montiel, de poner “trabas” a la afiliación de cualquier personaje al partido cuya conducta sea cuestionable, es reveladora de la desesperación que tienen. Empero, el daño ya está hecho, pues la puerta estuvo abierta de par en par demasiado tiempo.
El régimen está acorralado por sus propios excesos y por la evidencia que lo vincula con el crimen organizado. El intento de blindaje llega tarde, la narrativa de “pureza” se derrumba y la corrupción no se erradica con arengas ni con discursos vacíos, sino con instituciones sólidas, las cuales han sido debilitadas sistemáticamente por el propio morenato.
La lenta caída del régimen que se asumió como la “esperanza de México” ya comenzó y los signos están a la vista. Quisieron construir un relato épico de transformación. Y si no rectifican, van a terminar como una narcoserie de las más chafas.
Los lujos del Zen
Alguien debería decirle al diputado federal de Morena Zenyazen Escobar, que mientras más explicaciones quiere dar para intentar negar que sea suyo el yate “Squalo”, mismo que ardió en llamas el pasado sábado en El Estero de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río-Alvarado con cuatro damas a bordo, más se hunde. El que se excusa, se acusa.
Pero suponiendo sin conceder que fuese cierto, el exsecretario de Educación de Veracruz todavía tendría qué explicar cómo le hizo para comprarse, con su austero sueldo de servidor público, una casita en esa zona exclusiva, la más cara del estado de Veracruz, desde donde habría salido en la moto acuática en la que supuestamente paseaba con su hija.
¿O nos va a decir que lo invitaron al pachangón que se celebraba por ahí cerca?
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