Mauricio Carrera
Las redes sociales nos otorgan un poder al mismo tiempo real e ilusorio: creer que nuestras opiniones importan en el ámbito público, creer que nuestra vida vale la pena exhibirla en sus quehaceres cotidianos. Admírenme, soy feliz, o compadézcanme, ando agüitado. Se transita de la solidaridad, la autoayuda, lo romántico, a lo gastronómico, insignificante, patético.
De las fotos provocativas de la mujer como objeto y los gastados piropos de los galanes, a las necesarias vanguardias feministas y a poner alto a los avances micro y macro machistas. Del me duele el estómago al me duele la patria.
De magnificar nuestros pequeños logros. De imaginar que nuestras ideas políticas son las correctas y a polarizar en constante crítica a los que polarizan. Así somos. Las redes sociales ilusionan con darnos el poder de la verdad, el bienestar, la belleza, la seducción y la solidaridad




