Columna de opinión
Don Justo Sierra y Andrés Manuel
Alberto Woolrich Ortiz
Don Justo Sierra Méndez, promotor principalísimo de nuestra actual Universidad Nacional Autónoma de México, antes Universidad Nacional de México, quién fuera además político y discípulo de Ignacio Manuel Altamirano, pudo decir en Madrid, antes de morir: “un jefe de partido puede ser de arranques e impulsos; un jefe de nación ni puede ni debe ser así; para gobernar a los otros es preciso gobernarse así mismo”. Bien por el Maestro de América.
Para poder entender a la perfección la reflexión efectuada por uno de los intelectuales y políticos más reconocidos de nuestra República y cuya obra destacada lo fue la “Evolución Política del Pueblo Mexicano”, es indispensable hablar un poco de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Porque alrededor de imponer, informar, amedrentar, infligir, destruir y eludir la ley gira un concepto que es el de respetar la misma. Ese concepto por desde luego se aplica a aquél “jefe de nación que ni puede ni debe ser así”.
La Suprema Ley debería de haber sido materia de estudio de Andrés Manuel López Obrador, durante su estancia, si es que estuvo, en la casa estudiantil fundada por Don Justo Sierra. Pero muchos pensamos que antes de aprender algo, deberíamos aprender a gobernarnos a nosotros mismos, para con ello ser congruentes en nuestra manera de pensar, actuar y prometer.
Hay en un cierto individuo de ésta Cuarta Transformación de la Nación una enorme cantidad de pensamientos, promesas incumplidas, operaciones dudosas, sentimientos de confronta, que no deberían de existir en él ya que es un Siervo de la Nación y todo ello es el resultado de un mecanismo psíquico para dar continuidad al poder y perpetuarse en él. Esos modos mentales adquiridos, como todos sabemos, son de enorme cantidad.
En la mayor parte de la gobernanza y política actual existen ingredientes derivados por el desacato a la ley. Ahora bien, adviértase en el lenguaje de ese gobernante que su modo mental no es adecuado para “gobernar a los otros”, según el reflexionar de Don Justo Sierra; es un repertorio de conceptos que el gobernante ha preconstituido y que existe en su incongruencia y en torno a ella.
Las emociones del poder ejecutivo parecen tener acentos más marcados cuando habla y se entromete en política internacional, tan es así que en horas recientes la C. Presidenta de la República de Perú Doña Dina Boluarte, dijo: Algo muy vinculado con la reflexión de Don Justo Sierra. Y ello fue tan fuerte, como tan claro: “mucha ignorancia para tanta inteligencia del pueblo mexicano”.
Ahora ya todo México entiende a cabalidad la reflexión de aquél forjador de nuestra Nación, abogado, principal historiador liberal y campechano de excepción.
Es cuanto.
Lic. Alberto Woolrich Ortíz.
Presidente de la Academia de Derecho Penal del
Colegio Nacional de Abogados Foro de México, A.C..
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