Hay semanas en que los noticieros parecen hablar idiomas distintos dependiendo del país desde donde los leas. Esta es una de ellas. En Nueva Delhi, India, líderes tecnológicos y jefes de Estado celebran compromisos de inversión por 200,000 millones de dólares en inteligencia artificial, y en México la agencia calificadora Moody’s baja la nota crediticia del país a un escalón del “bono basura”. Dos noticias simultáneas. Dos mundos que se alejan.
Esto es el resultado de decisiones, omisiones y prioridades ideológicas de este gobierno, que se han ido sedimentando durante años hasta que un día una agencia calificadora las pone por escrito.
Moody’s rebajó la calificación crediticia del gobierno de México. Y de paso, la de la CFE.
La causa directa fueron los pasivos de Pemex y la debilidad en la inversión en infraestructura energética, agua, logística y seguridad, precisamente la infraestructura que el país necesita para potenciar sectores tan importantes como la industria tecnológica y las telecomunicaciones.
El gobierno mexicano destinó cerca de 35,000 millones de dólares a apuntalar Pemex durante 2025. Para 2026 ya está presupuestado un apoyo adicional de 14,000 millones. La petrolera es considerada una de las más endeudadas del mundo, y la calificadora Moodys no ve una mejoría operativa.
Como vemos, el problema no es solo la deuda, es que sostener a Pemex consume recursos que el país requiere para crecer. Infraestructura energética. Agua. Logística. Seguridad. Todos sectores con déficit de atención grave, y todos esenciales para atraer industrias de alto valor como tecnología y telecomunicaciones. Como consecuencia directa, la calificación del país arrastra consigo a la CFE y a ocho instituciones bancarias, que también vieron caer su nota crediticia esta semana.
Y Pemex no es el único problema. Entre los indicadores que llevaron a la firma calificadora a tomar esta decisión también están el lento crecimiento económico, la debilidad en la inversión y la lenta consolidación fiscal, pues el gobierno sigue gastando más en programas sociales, pensiones y procesos electorales de lo que ingresa a las arcas.
Este cambio en la nota de Moody’s significa que México obtendrá créditos mucho más caros. Y lo coloca a un paso de la nota especulativa, lo que en el mundo financiero se conoce como “bono basura”.
La calificadora también advirtió que la violencia inhibe la inversión, y que la corrupción y la ausencia de Estado de derecho son condiciones que observa con creciente preocupación. A eso se suma la espantosa reforma judicial, que siembra incertidumbre jurídica entre los inversionistas: si las reglas pueden cambiar sin contrapesos institucionales, las empresas simplemente se van a ir a otros países.
Y para empeorar un poco las cosas, la renegociación del T-MEC se vislumbra bastante complicada. Analistas mexicanos prevén que los negociadores estadounidenses sujetarán el acuerdo a revisiones anuales, y una de las razones es asegurarse de que el gobierno mexicano cumpla su tarea en la lucha contra las organizaciones narcoterroristas, un asunto que Washington considera de seguridad nacional.
No fue gratuita la reciente visita del Secretario de Seguridad de Estados Unidos, Markwayne Mullin, quien se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional. Después del encuentro, Mullin publicó en sus redes que discutieron prioridades clave, incluyendo “fortalecer los esfuerzos de México contra los narcoterroristas, sostener el progreso en la lucha contra el tráfico de personas y narcóticos ilegales.” Sheinbaum respondió que la colaboración seguirá “en el marco de respeto” entre ambos países. Cada quien dejó su mensaje en el aire.
En el otro lado del mundo, es otra historia.
India se está convirtiendo en una potencia tecnológica gracias a los centros de datos y a la recepción de inversiones masivas de los gigantes tecnológicos globales. En el marco de la Cumbre de Impacto de IA 2026, el ministro de Electrónica e Informática, Ashwini Vaishnaw, anunció con orgullo compromisos por 200,000 millones de dólares destinados a transformar la infraestructura digital del país.
Microsoft proyectó 50,000 millones para expandir el acceso tecnológico en el sur global, posicionando a India como eje de esa estrategia. Google Cloud anunció 15,000 millones para crear un centro integral de inteligencia artificial en Visakhapatnam. El Grupo Adani apostó 100,000 millones para ampliar centros de datos con energía verde hacia 2035. Y Yotta y Nvidia confirmaron la adquisición de más de 20,700 procesadores Blackwell Ultra de última generación, con un valor de 3,000 millones de dólares.
El gobierno indio aplicó exenciones fiscales para empresas internacionales que operen servicios en la nube dentro del país. Sector privado, política fiscal e infraestructura moviéndose en la misma dirección. Eso es lo que convierte a un país en destino, y no en escala.
La comparación no es caprichosa. Los centros de datos y la industria tecnológica no se instalan en cualquier lugar. Necesitan energía estable y barata, agua, certeza jurídica, seguridad y conectividad. Justo lo que México tiene en déficit y lo que la India construyó con política pública deliberada.
El nearshoring era la gran oportunidad de México. En parte lo sigue siendo. Pero sin resolver los problemas estructurales que Moody’s le está poniendo en la cara, esa ventana se irá cerrando mientras otros países la cruzan.
Aunque parezca solo un número técnico la rebaja de calificación es más que eso. Es una fotografía del estado de salud de las finanzas públicas, tomada por alguien que no tiene ningún interés político en maquillarla. Y lo que muestra no es una crisis repentina, sino el resultado de años en que se eligió sostener lo que ya existe en lugar de construir lo que hace falta.
México no está condenado, tiene ubicación geográfica privilegiada, una población joven y una economía con sectores competitivos. pero las oportunidades no esperan, las oportunidades se mueven hacia donde las condiciones son más favorables. Y en este momento, esas condiciones las está construyendo India.
Lo que está en juego para nuestro país, son empleos de calidad, salarios mejores, infraestructura para las próximas décadas. Entender por qué baja una calificación crediticia, qué significa el T-MEC o por qué la India recibe 200,000 millones en inversión tecnológica no es territorio exclusivo de economistas. Es información de supervivencia ciudadana. Y cuanto antes se entienda, más posibilidades hay de exigir, y construir, algo distinto.