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Columna de opinión

El precio de la democracia y la sombra de Palenque

Fernando Meraz Mejorado

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Fernando Meráz Mejorado
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NEMESIS

Fernando Meraz Mejorado

 

El tiempo avanza como un turbio vendaval hacia junio de 2027, y México cuenta sus haberes mientras busca el rostro verdadero de la democracia.

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Se habla de decenas de miles de millones que el INE ha solicitado para encender la maquinaria electoral: urnas, boletas, funcionarios, vigilancia y el financiamiento público que llena las carteras de los partidos según la ley escrita. Morena recibe la porción más abundante, no necesariamente por capricho de Palenque, sino por el voto que el pueblo le entregó en jornadas pasadas. La sospecha cruza el aire como el viento de valles y montañas. ¿Quién sopla sobre el tablero? ¿quién escribe los nombres que han de ir a la contienda?

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Hay quienes dicen que Palenque no firma las actas del INE, pero admiten que su sombra se extiende sobre San Lázaro, sobre las nominaciones, sobre el discurso que repite que este es el tiempo del pueblo. Hay quienes temen que el presupuesto no sea solo alimento de las urnas, sino instrumento de una danza donde el árbitro parece inclinarse hacia los que por hoy mandan. Otros afirman que el INE conserva su misión, aunque maniatado por recortes y por la desconfianza que brota en cada colonia, en cada estado hambriento que espera agua y pan más que promesas políticas.

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Es una paradoja amarga: el país paga millones para que la voz del pueblo sea escuchada, mientras muchos mexicanos sobreviven con salarios que apenas alcanzan para cerrar el día. La democracia se viste con boletas y urnas, pero su alma está en la confianza: si el pueblo cree que el cauce está desviado, el río deja de cantar y comienza a rugir.

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México no es solo un mapa donde se marcan fechas electorales, sino un corazón herido que pregunta: ¿quién gobierna realmente? ¿quién paga? ¿quién decide que el voto sea luz y no solo sombra?

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Nada está confirmado: El veredicto pertenece al tiempo y a las urnas. Mas la zozobra permanece: la democracia cuesta mucho, pero cuesta aún más cuando el pueblo duda que sea suya.–oOo–

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