Publicidad
← Portada

Columna de opinión

El rostro de la corrupción

Ricardo Aguirre Cuellar

6 visitas
Publicidad

Por: RICARDO AGUIRRE CUELLAR

 

Estimado amigo; es lamentable que después de dos años de gobierno y no se cuantas horas de mañaneras, en las que se sostuvo que no había desabasto de medicamentos e insumos en el sector salud y particularmente en el IMSS, ahora se diga que “se requiere de un verdadero diagnóstico para atender lo que no está resuelto”. Entonces que ha estado haciendo Sheinbaum todo este tiempo, que espero que el problema explotara para reaccionar con tan deplorable argumento.

Cuando desde el sexenio pasado, la crisis sanitaria, es una brutal realidad y las excusas y ocurrencias lo único que han demostrado, es la absoluta indolencia y obsesiva necedad por evadir la responsabilidad alegando que todo son inventos o exageraciones de la oposición y la crítica y que el abastecimiento de insumos y medicamentos ya cubría la casi totalidad de los requerimientos del sector, lo que se desmonta por los airados reclamos, de pacientes y trabajadores que hartos de las mentiras y paliativos, se lanzan a protestar, manifestando públicamente su descontento, por las precarias condiciones de atención y laboral, que prevalecen en los hospitales y clínicas del IMSS. Y en general de todo el sistema de salud federal.

Todos los remedios chapuceros y ocurrencias desde cancelar y “expropiar” los fondos del Seguro Popular, hasta “inventar” el IMSS Bienestar y otro mecanismo de compras y abastecimiento, que resultó en un estruendoso fracaso, hasta la construcción de una súper farmacia que configuró el rostro de la corrupción, la ineptitud y el despilfarro, lo único que dejó en claro es que este régimen, cuando se enfrenta a los problemas, los elude o peor aún los profundiza.

Y ahora resulta que no hay un diagnóstico real de la situación, por lo que apenas se va atender. Y una vez que se haga el diagnóstico entonces se proveerá lo conducente.
Dos años de este gobierno y seis del anterior y no saben qué pasa, ni en que condiciones funcionan los hospitales y clínicas. Que además es necesario que el ejecutivo en persona constate las carencias, porque el inútil director general del IMSS y el no menos incapaz secretario de Salud, no son suficiente y confiable fuente de información, que su jefa en persona tiene que revisar y comprobar lo que debiera ser su trabajo y gestión.

El desastre en salud es un reflejo, del nivel de improvisación que prevalece en el gobierno, donde todos los esquemas de planificación, prevención y control son desechados y por contra se manifiesta la simulación y el discurso fácil de la descalificación y por supuesto la negación. Antes que reconocer el problema.

Y no solo es en este sensible asunto, es en todos los casos, siempre se sale por la tangente y mediante cualquier pretexto, se escurre la responsabilidad.

Lo de hoy toca al sector salud, pero antes fue el huachicol fiscal y el fabuloso fraude al erario o las enormes y costosas obras faraónicas que son un dolor de muelas o la corrupción e impunidad que prevalece por los convivencia del narco con prominentes morenistas o la falta de crecimiento y desarrollo o la cruenta inseguridad; los argumentos y excusas siempre son las mismas.

La culpa es de otros, nunca de quien gobierna desde hace ocho años.

Es el pasado que construyó el más grande sistema de salud en Latinoamérica el culpable del colapso. O sea los neoliberales y conservadores.

Así se las gasta la izquierda y por eso está siendo echada del poder. Porque la demagogia, las mentiras, la manipulación y el engaño, ya no encajan y no son suficientes para retener el poder por la vía democrática. Y la sociedad ya se cansó del falso discurso, que promete arreglar todo y acabar con la corrupción y los privilegios. Y resulta que hacen todo lo contrario a lo que hacen creer. Todo un fraude. Sin duda.

No lo crees así estimado amigo.

Entre paréntesis; y mientras Sheinbaum reclama el intervencionismo del conservadurismo internacional en el proceso electoral, su otrora aliado incondicional del PT a través de su líder Alberto Anaya, acusa a Morena que sus candidaturas, disfrazadas de coordinadores, obedecen a presiones de Estados Unidos.

No cabe duda que hasta en los íntimos aliados ideológicos se cuecen habas. Y más cuando se esboza un posible divorcio.
O como diría un amigo. Machetazo al caballo de espadas.

Pues si algo ha esbozado Sheinbaum como argumento para descalificar a la oposición, ha sido su falta de “patriotismo” y su proximidad con Estados Unidos y ahora resulta que los propios socios del clan ya no reconocen sus afinidades ideológicas ni mucho menos sus intereses. Lo que deja muy mal parada a Sheinbaum con su discurso anti intervencionista, pues resulta que al parecer abrió de pare par las puertas de su partido a la intervención yankee en el proceso interno de candidaturas de su organización.
Y entonces con que cara habla de soberanía y de intervención extranjera.

Y no me digan que lo dicho por Alberto Anaya fue pura especulación chantajista, porque para que lo haya dicho es porque lleva ruido.

O quiere desacreditar los argumentos de Sheinbaum. Y es que en todo matrimonio, cuando se da la ruptura, se dan con todo. Por más que quieran maquillar la separación.

Y más cuando el PT se queja de piso disparejo y discriminatorio en su relación y en cambio al Verde le dieron trato preferencial. Hasta con tres coordinaciones.
La soberbia del poder.

Sin duda.

No lo crees estimado amigo.

PD. Y resulta que ya tienen ubicable Amilcar Olán según Harfuch y que corresponde a la FGR dar a conocer si hay carpeta de investigación o no.
Bueno si Amilcar ya lo convirtieron en chivo expiatorio, sin duda habrá carpeta de investigación. Pero si tienen temor de que pueda hablar de más y no lo puede traer. Entonces quizás no.

Ya veremos si fue una muletilla de Harfuch. Para salir de los cuestionamientos ante la Junta de Coordinación Política del Senado este martes o si en realidad hay voluntad política por acabar con la impunidad.

La verdad tengo dudas que así sea.

¿Y los juniors del bienestar en que papel quedan?

Publicidad

Más columnas de Ricardo Aguirre Cuellar