Columna de opinión
El T-MEC y la diplomacia que México necesita más allá de Washington
Política
Por Carlos A. Ibarra
Periodista, profesor de Cátedra del ITESM y la Universidad Anáhuac México, consultor en Comunicación estratégica y Relaciones Públicas
La revisión del T-MEC obliga a México a mirar su relación con Estados Unidos con más estrategia. El tratado sigue vigente, pero su futuro de largo plazo abrió una etapa de incertidumbre que impacta inversión, empleos, cadenas productivas, migración y capacidad de influencia en América del Norte.
Durante años, el nearshoring se presentó casi como destino inevitable. La cercanía con Estados Unidos es una ventaja real, pero sólo se traduce en inversión y empleo cuando existe seguridad, infraestructura, energía confiable, Estado de derecho y reglas estables.
La relación bilateral rebasa la reacción cotidiana ante Washington. Vive en fábricas, aduanas, remesas, universidades, trabajadores, empresas, familias binacionales, comunidades migrantes y gobiernos locales de ambos países.
México necesita una diplomacia económica, legislativa, educativa, cultural, empresarial, comunitaria y subnacional, capaz de sostener vínculos cuando los discursos nacionales tensan la relación.
En ese contexto, la próxima realización en la Ciudad de México del MAPA Summit 2026 resulta oportuna. El encuentro a realizarse la semana próxima en la capital mexicana reunirá a legisladores, liderazgos comunitarios, académicos, empresarios y representantes de organizaciones de ambos países para discutir cooperación económica, migración, educación, cultura, desarrollo de fuerza laboral y el futuro de la relación México-Estados Unidos.
Su valor público está en recordar que la relación bilateral también se construye fuera de las capitales federales, en espacios donde participan quienes viven sus efectos todos los días.
Mientras los gobiernos negocian el futuro del T-MEC, conviene mirar hacia esos otros puentes. La negociación oficial puede fortalecerse cuando existe una red más amplia de interlocución, confianza e influencia.
México tiene una posición estratégica, pero esa condición exige responsabilidad. Ser vecino indispensable de Estados Unidos implica ordenar la casa, cuidar la inversión, respetar contratos, formar talento, defender a los migrantes, mejorar infraestructura y competir con reglas claras.
La revisión del T-MEC debería llevarnos a pensar con menos consigna y más estrategia.
Estados Unidos defenderá sus intereses. Canadá hará lo propio. México debe hacer lo mismo con instituciones confiables, economía competitiva, comunidades organizadas, diplomacia profesional y aliados relevantes dentro y fuera del gobierno estadounidense.
El T-MEC sigue vigente. La relación México-Estados Unidos también. Ninguna de las dos puede darse por garantizada.
La integración regional ya existe en los hechos. La pregunta es si México tendrá la madurez política para conducirla con inteligencia o si seguirá reaccionando, tarde y a la defensiva, cada vez que la agenda se dicte desde Washington.
El Mtro. Carlos A. Ibarra es periodista e integrante del Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey, profesor de cátedra en dicha institución y consultor en Comunicación estratégica y Relaciones Públicas.
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