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Estados Unidos 2026. La factura política que nadie quiere pagar

POR FERNANDO PESCADOR GUZMÁN.

 

En México solemos ver la política estadounidense como un espectáculo lejano, predecible y dominado por dos maquinarias gigantes, los partidos demócrata y republicano. No obstante, en 2026 esa narrativa ya no alcanza para explicar la situación interna del vecino del norte, y menos para bosquejar una estrategia de contención.

Lo que ocurre hoy al norte de la frontera es una doble tendencia de las bases políticas que se pueden describir como “insurgencias partidistas”, y que están reconfigurando la forma en que se compite, se financia y se ejerce el poder. Y para México, entender este terremoto político es una necesidad estratégica.

Lo más llamativo del fenómeno es que ambos partidos están viviendo intensas rebeliones internas, aunque de naturaleza muy distinta. En el Partido Demócrata, la insurgencia es progresista, joven y profundamente materialista. En el Partido Republicano, la insurgencia es MAGA, identitaria y cada vez más excluyente. Dos movimientos que comparten una visión común, el hartazgo con el viejo modelo del “Gran Dinero” (Big Money), ese sistema donde los súper comités de acción política (PACs) y los donantes multimillonarios dictaban quién ganaba y quién obedecía.

La rebelión progresista: salarios, rentas y recibos de luz

En el campo demócrata, la sorpresa viene de figuras que hace cinco años habrían sido consideradas marginales. Jóvenes con trabajo territorial, discursos económicos directos y una agenda centrada en lo que la gente realmente siente en el bolsillo. Haciendo énfasis en los salarios que no alcanzan, las rentas que asfixian, esas tarifas eléctricas que suben sin explicación y un costo de vida que se volvió insostenible.

El caso más simbólico ocurrió en Michigan, donde el United Democracy Project, el súper PAC del lobby pro Israelí AIPAC, gastó once veces más que Abdul El-Sayed… y aun así perdió. Ese resultado, replicado en Colorado y Nueva York, muestra que el dinero ya no compra obediencia automática. El “efecto Mamdani”, como algunos lo llaman, está desplazando a veteranos del establishment que confiaban en que un cheque grande era suficiente para ganar.

Una nueva lógica política está emergiendo a partir que los progresistas están hablando de lo que la gente vive, no de lo que la élite discute. Y eso, en un país cansado de debates culturales interminables, está generando una base obrera más comprometida y menos dispuesta a seguir narrativas abstractas.

La purga republicana: MAGA como filtro de pureza

Del otro lado, el Partido Republicano enfrenta una insurgencia de signo opuesto. No busca expandir la coalición, sino depurarla. La base MAGA está castigando a perfiles tradicionales como John Cornyn y Bill Cassidy, enviando un mensaje claro, el partido ya no es un paraguas amplio, sino un movimiento plebiscitario donde la lealtad pesa más que la experiencia.

A diferencia de los demócratas, esta insurgencia encoge al partido, al volverlo menos competitivo fuera de su núcleo duro y más dependiente de figuras mediáticas capaces de movilizar emociones intensas. En este contexto, el ascenso de personajes como Tucker Carlson es un claro síntoma de que la política se vuelve espectáculo, y el espectáculo se vuelve política.

El fin del intermediario político

Ambas insurgencias partidistas comparten un rasgo común, la erosión de los intermediarios tradicionales. Los partidos, los donantes, los operadores y los viejos liderazgos ya no controlan el flujo de energía política. Hoy, un candidato puede construir una base desde TikTok, desde un programa de opinión o desde una red de activistas locales sin pedir permiso a nadie.

Esto hace que el ecosistema político estadounidense sea más volátil, más territorial y centrado en conflictos materiales. Las elecciones de 2026 no se definirán por quién respalda a un candidato, sino por quién paga, literalmente, la factura del sistema.

Por qué México debe prestar atención

Para México, esta reconfiguración no es un asunto académico. Es un factor que puede alterar comercio, migración, seguridad y energía. Lo que ocurre en Estados Unidos en 2026 no es una pelea interna más. Es una transformación estructural que está debilitando los mecanismos que antes daban estabilidad a la relación bilateral.

Para México, esto exige una diplomacia más técnica, menos reactiva y más consciente de que el vecino está entrando en una nueva era política, de mayor complejidad y tensión entre lo local y lo global.

La pregunta ya no es quién ganará en 2026, eso lo decidirán los votantes estadounidenses, sino cómo se prepara México para un Estados Unidos que dejó de obedecer a sus viejos incentivos.

 

SAGRADAS ESCRITURAS: Éxodo 5:4 – 9

Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas. Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas. Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo: De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja. Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.

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