Luis Farías Mackey
Los esbirros de Jesús Ramírez explotan la versión, no comprobada, de que Sheinbaum le gritó frenética a García Harfuch.
Primero, de ser cierto, no sería nada extraño, la fama de que goza la presidente es de irascible, grosera y corriente. No me consta, pero cito lo que se dice de su relación con sus subalternos que nadie ha desmentido a la fecha.
Pero supongamos que así fue y le gritó, fuera de sí la presidente a Harfuch.
¿Qué tendría de extraño? Primero porque tal es su talante, pero segundo, a quién más le puede gritar si está sitiada por gente de López Obrador.
¿Le va a gritar a Andy, a Adán Augusto, a Monreal, a Ernestina, a la de las tortas con huevo, a Marcelito, al tamal de Citlali, a Jesús?
Le grita a quien puede y la aguanta.
La pobre mujer en Palacio solo le puede gritar a su marido y a Harfuch.
No es animadversión, es confianza y cercanía.




