Hato diabólico

Magno Garcimarrero

 

(Lucas 8, 33)

Volvió Jesús a este mundo
a curar endemoniados
y los halló obnubilados
por idiotismo profundo,
proceder tan nauseabundo
pedía conjuro inmediato
y sin esperar más rato
pronunció fuerte exorcismo
y los diablos, allí mismo
huyeron en arrebato.

Los posesos se curaron
como por arte de magia,
los pacientes de hemorragia
de pronto ya no sangraron,
también muy sanos quedaron
los que tenían blenorragia
pues el milagro contagia
la salud del cuerpo, al alma,
se ve en los rostros la calma
que la sanidad presagia.

Los demonios asustados
huyeron despavoridos
con sus rabos retorcidos
y los cuernos agachados,
mas, Jesús no ha terminado
falta el castigo ejemplar,
así que, manda alojar
a los demonios odiados
dentro de unos diputados
que estaban por sesionar.

Ya dados a parlotear
los señores diputados
lo hacían peor endemoniados
nadie los podía callar
dándoles por evacuar
leyes a diestra y siniestra
y los diablos, en protesta
mirando tanto cinismo
en vez de echarse al abismo
vomitaron la palestra.

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