Eduardo Sadot
El segundo informe de gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum no lo dirigió a la soberanía representada en el Honorable Congreso de la Unión; fue un mensaje dirigido al pueblo de MORENA, para el que gobierna y siempre ha gobernado, no al Pueblo de México. Solo al pueblo de MORENA que la eligió; la oposición y sus “adversarios” estuvieron excluidos. Eso quedó de manifiesto al incluir en su mensaje que MORENA y la 4T no están divididos.
Lo más destacado e importante es la mención al salario mínimo vigente, que ha aumentado sustancialmente en el presente sexenio. Entre 2018 y 2026, la política salarial en México registró una transformación histórica en la percepción mínima de la fuerza laboral. En el resto del país, el salario mínimo general pasó de 88.36 pesos diarios (aproximadamente 2,686 pesos mensuales) a 315.04 pesos diarios (alrededor de 9,584 pesos mensuales), lo que representa un incremento acumulado del 256.5%.
Por su parte, en la Zona Libre de la Frontera Norte, donde en 2018 regía la misma tarifa general de 88.36 pesos al día, la remuneración mínima alcanzó los 440.87 pesos diarios para 2026 (cerca de 13,410 pesos mensuales), acumulando un aumento extraordinario del 398.9%. Esos son los aumentos al salario mínimo aplicados en México, aprobados en los últimos años por la CONASAMI (Comisión Nacional de los Salarios Mínimos), que es el órgano descentralizado del Gobierno de México encargado de fijar y regular los salarios mínimos generales y profesionales en el país.
Todo ello no es una iniciativa del gobierno actual ni una ocurrencia de la presidenta; sí debe reconocerse que responden a la política salarial interna del Gobierno de México y a las reformas a la Ley Federal del Trabajo, diseñadas para cumplir de manera general con el principio incluido en el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, incluido en el artículo 23.3, sobre mantener “condiciones aceptables de trabajo”.
En materia educativa no puedo eludir mi condición de profesor de la UNAM. Estoy obligado, por gratitud y honestidad, con mi alma mater y, como egresado, al igual que la presidenta Sheinbaum, a señalar que continúa la herencia nefasta de privilegiar “nuevas escuelas del bienestar para presumir su fundación”, en perjuicio de instituciones y modelos educativos exitosos como la UNAM, el IPN y la Universidad Autónoma Metropolitana, en lugar de apoyar, impulsar y privilegiar su crecimiento, solo por no pasar en el anonimato como todos los presidentes anteriores, que destinaron recursos y respaldo en lugar de fundar escuelas para dejar constancia de que las crearon.
Los datos del informe destacan la política de apoyos a la ciudadanía, con incrementos sustanciales, pero lo que no le alertaron a la presidenta es que esos incrementos en los apoyos obligan a preguntarse: ¿si el modelo económico está funcionando, por qué aumenta la necesidad de ampliar tanto el universo de beneficiarios y los montos de los apoyos? Esto abre también la pregunta de si ello evidencia el fracaso de su modelo económico, además de que impacta el proceso electoral en puerta y abre el cuestionamiento sobre el manejo electorero de las políticas públicas.
Por cierto, llamó la atención en su mensaje un recurso retórico: “Una de las mayores transformaciones de nuestro tiempo, haber convertido el amor en política pública y la política pública en derecho que le pertenecen al pueblo de México” sic. La retórica es el arte de persuadir mediante la palabra; sin embargo, cuando las palabras sustituyen a los argumentos y a los resultados, puede convertirse en lenguaje pomposo, vacío o puramente formal, carente de sustento real en los hechos. En este caso, la frase apela más a la emoción que a la demostración objetiva de resultados.
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