Enaela García CEO de CYCSAS
La inteligencia artificial llegó a las aulas como una herramienta capaz de transformar la educación. Sin embargo, su uso también ha abierto nuevas formas de fraude académico. El reciente caso relacionado con el examen de ingreso de la UNAM volvió a colocar el debate en el centro: algunos aspirantes habrían utilizado plataformas de inteligencia artificial, como ChatGPT y Claude –como algunos de ellos ya lo han revelado en las redes sociales– para obtener respuestas durante la evaluación.
El problema no es únicamente tecnológico. La posibilidad de consultar una herramienta capaz de procesar preguntas y generar respuestas en segundos pone a prueba los mecanismos tradicionales de supervisión. Cuando una evaluación depende de dispositivos conectados, cámaras remotas o sistemas digitales, la seguridad ya no se limita a impedir la copia entre estudiantes: también debe identificar el uso de asistentes de IA, aplicaciones externas y otros recursos no autorizados.
La situación plantea un desafío mayor para las instituciones educativas. No basta con prohibir el uso de inteligencia artificial; es necesario establecer reglas claras, fortalecer los controles de identidad y diseñar evaluaciones que reduzcan las oportunidades de fraude. También se requieren mecanismos capaces de detectar irregularidades sin vulnerar la privacidad ni afectar injustamente a quienes presentan el examen de manera legítima.
La IA no es, por sí misma, una amenaza. Puede apoyar el aprendizaje, facilitar la investigación y ampliar el acceso al conocimiento. El riesgo aparece cuando se utiliza para sustituir el esfuerzo, el razonamiento y los conocimientos que una evaluación busca medir.
El caso de la UNAM evidencia que la educación enfrenta una nueva realidad: las reglas y los sistemas de evaluación deben evolucionar al mismo ritmo que la tecnología. La respuesta no puede ser ignorar la inteligencia artificial ni asumir que toda persona que la utiliza actúa de forma indebida. El reto consiste en garantizar que, cuando una evaluación exige demostrar conocimientos propios, la tecnología no se convierta en un mecanismo para obtener una ventaja injusta.
La integridad académica también debe actualizarse. En la era de la IA, proteger la igualdad de condiciones será tan importante como innovar.
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