InicioJoél Hernández SantiagoJesús Martínez Álvarez, oaxaqueño de abrazo completo

Jesús Martínez Álvarez, oaxaqueño de abrazo completo

Joel Hernández Santiago

 

No hace mucho todavía nos hablamos por teléfono para vernos en el Restaurante Jardín en los portales históricos del Zócalo oaxaqueño. Era medio día y ambos llegamos puntuales. Me dio mucho gusto verlo y, por su abrazo afectuoso, también sé que a él le dio gusto encontrarnos.

Durante mucho tiempo, en la Ciudad de México o en Oaxaca, nos veíamos para platicar, para conversar, para reflexionar sobre lo que pasa y lo que ocurre en la política de nuestro país y de nuestro estado, pero sobre todo para saludarnos como buenos amigos del camino, como fuimos.

Su experiencia política estaba puesta en la mesa del diálogo siempre. Por mi parte le escuchaba con atención porque al conversar revivía lo vivido pero también perfilaba lo que podría seguir en la vida política del país. Era su pasión. Y sabía de lo que hablaba…

No en balde ocupó puestos de gran relevancia en la política del país y en la política de Oaxaca. Ya desde sus inicios, como Recaudador de Rentas, luego Subtesorero general y Secretario General de Gobierno de Oaxaca de 1980 a 1985 durante el gobierno de Pedro Vázquez Colmenares…

Fue un buen Presidente Municipal de Oaxaca de Juárez de 1978 a 1980 y Diputado Federal por Oaxaca a la LIII Legislatura en 1985. En el Distrito Federal fue Secretario General de Gobierno de 1991 a 1992 y Delegado en Venustiano Carranza.

En 1985, cuando era diputado federal, fue designado gobernador sustituto de Oaxaca a la renuncia de Pedro Vázquez Colmenares, le siguió Heladio Ramírez López. En 2001 renunció al PRI y se afilió a Convergencia, donde fue designado secretario general y luego electo diputado federal a la LIX Legislatura de 2003 a 2006 y coordinador de su grupo parlamentario.

Fue representante del gobierno de Oaxaca en la Ciudad de México. El 8 de agosto de 2011 fue nombrado por el gobernador Gabino Cué Monteagudo como el nuevo Secretario General de Gobierno en sustitución de Irma Piñeyro, aunque el 13 de abril de 2013 renunció al cargo.

Como político y como funcionario fue un hombre probo; intachable si se considera el mundo de la política en donde pululan los leones, tigres, lobos, víboras, serpientes, escaleras… Él no. Digamos que fue un hombre que supo responder al llamado de la ética política y la buena crianza administrativa. Como contador sabía el valor de los cargos, los abonos, las pérdidas o ganancias.

En su vida particular priorizaba a su familia. También le gustaba reunirse con sus amigos. Era un gran charlista. Le gustaba saber de los medios de comunicación y su forma de organizarse e informar con calidad.

Durante algún tiempo nos veíamos a desayunar en la Ciudad de México por el rumbo del Reforma, casi Chapultepec. Eran desayunos de buen trato y cordiales, sin desperdicio.

También nos reuníamos con amigos comunes y siempre era el centro de atención en las conversaciones porque tenía observaciones atinadas sobre temas de interés común, sobre todo porque quienes estábamos ahí éramos y somos periodistas hechos en la lucha diaria por la información, por el análisis y por el detalle y el anecdotario que nunca faltaba.

En las reuniones se le veía a gusto. Estar con la gente de prensa no es tan fácil para un político. Pero él lo era y al mismo tiempo era amigo nuestro porque sabía entender y respetar nuestras libertades y nosotros respetábamos sus opiniones, su experiencia y nos gustaba su amistad.

Jesús Martínez Álvarez era un hombre bueno. Se le veía a leguas. Era un hombre fuerte y sí, de carácter; pero sobre todo transmitía confianza y cordialidad. Muy inteligente. Con un buen sentido del humor que hacía que sus carcajadas estallaran sonoras a los cuatro vientos.

Y era un hombre feliz. También se le notaba a leguas. No era una persona complicada ni tortuosa ni retorcida en sus actitudes entre lo dicho y hecho. Si no estaba de acuerdo en algo lo expresaba de forma tenue, sin imposiciones ni aspavientos. Simple y sencillamente hacía notar su punto de vista o su propuesta de solución a conflictos sociales o políticos.

Y lo dicho: Aquel día nos vimos en el restaurante Jardín para platicar. Nada. Imposible. Apenas llegó él, las personas que pasaban por ahí se acercaban a saludarlo. Uno y otro, ellas o ellos, le expresaban su afecto. Él respondía con cordialidad y alegría.

A algunos les conocía por su nombre, a quienes no conocía les trataba como si les conociera de toda la vida… Evidentemente la gente lo apreciaba. ¿Qué político hoy podría decir lo mismo de sus salidas públicas? … Aquel día el saludo público no nos dejó conversar como teníamos planeado…

Aunque de pronto se me ocurrió una solución. Le hablé a otro buen amigo, Humberto López Lena para saber si estaba en su Hotel Siglo XVII. Y sí, ahí estaba. Le dije que le tenía una sorpresa y eso fue, una sorpresa porque llegué con Jesús y ambos se encontraron después de mucho tiempo.

Fue Jesús Martínez Álvarez el único político –creo yo- que fue a verlo cuando por razones de libertad de expresión López Lena fue a la cárcel. Y fue Jesús quien le mostró su solidaridad y consideración.

Humberto nos recibió con afecto. Con su bonhomía característica. Y por supuesto, no hay oaxaqueño que coma solo, así que convocó a don Miguel Ángel Moreno Tello y a don Juan Manuel Cruz Acevedo. Todos cuates. Y todos pasamos una tarde de amistad-cordialidad-respeto-afecto…

Hoy ya no está Jesús Emilio Martínez Álvarez (1944-2026). El 21 de agosto se fue. Ya no está físicamente el amigo. Pero sí está; está en lo que hizo por Oaxaca a través de los cargos que ocupó con dignidad y honestidad. Está en su familia querida. En su herencia de fortaleza y amor.

Y está entre nosotros, sus amigos, quienes ya lo extrañamos con gran afecto, aunque sabemos que ahora está por allá arriba, en alguna tertulia con los amigos que ya llegaron al cielo de la gente buena y a los que, como todo buen amigo oaxaqueño, dará el abrazo completo, el de amigo de verdad.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEÍDO