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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: Confianza es clave en unidad familiar y nacional

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* “En cambio, uno podía arrebatarle todo eso y esperar a ver qué sucedía. Llevarse la comida, las sillas, las flores, la casa. Dejar a Clara sin amigos, sin el apoyo de su marido y sin ingresos, y a ver qué ocurría entonces”. La respuesta está en lo que sucede en el IMSS, en la república, oculto dentro de las fosas clandestinas. Pronto seremos testigos de la reacción del México bueno y sabio, pero también de la sobrerreacción de la 4T

Gregorio Ortega Molina

 

La codicia y el engaño, la mentira, llegaron a la mente y el corazón de los humanos, desde el momento en que hicieron pie en la tierra, antes de ser lanzados fuera del Paraíso. “Según el relato bíblico de Génesis 25:34, Esaú llegó cansado y con mucha hambre del campo, y le pidió a Jacob de su guiso. Jacob aprovechó la situación y accedió a darle la comida a cambio de que Esaú le vendiera su primogenitura”. Nunca llegarán a ser como dioses, aunque persistan en ello.

En esta narración del Antiguo Testamento encontramos la necesidad de la existencia de la disciplina, de lo conocido como fuerza de voluntad, porque el que padece hambre busca la manera de saciarla, a veces con costos altísimos e irremediables, como la pérdida de vidas. Ahí están las consignaciones históricas. Lo terrible es que esa traición hace acto de presencia no sólo en la actividad social, empresarial, política, también en el seno familiar.

Edgar Robledo Santiago, primero; luego Eduardo Robledo Rincón y, por último, Zoé Robledo, son el ejemplo vivo del comportamiento de los humanos y su debilidad ante la codicia, que -es preciso señalarlo- dista mucho de ser sólo monetaria. Los swingers conocen bien de ese dilema, pero hay otros elementales y, por ello, con peores consecuencias.

Louise Penny, en El juego de la luz ensancha las posibilidades de comprender el engaño. Leamos:

“Lo único que parecía encajar era que ella misma hubiese matado a la mujer. Era su casa, su fiesta y su antigua amiga. Tenía un motivo y la oportunidad. No obstante Beauvoir no tenía claro cuántas pastillitas necesitaría tomarse para convencerse de que clara pudiera matar a alguien. Sabía que la mayoría de las personas eran capaces de algo así, y a diferencia de Gamache, que creía en la existencia del bien, Beauvoir estaba seguro de que se trataba de un estado pasajero. Mientras brillase el sol y hubiera salmón hervido en el plato, la gente podía ser buena.

“En cambio, uno podía arrebatarle todo eso y esperar a ver qué sucedía. Llevarse la comida, las sillas, las flores, la casa. Dejar a Clara sin amigos, sin el apoyo de su marido y sin ingresos, y a ver qué ocurría entonces”.

La respuesta está en lo que sucede en el IMSS, en la república, oculto dentro de las fosas clandestinas. Pronto seremos testigos de la reacción del México bueno y sabio, pero también de la sobrerreacción de la 4T.

@OrtegaGregorio

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