* ¿Existe la voluntad de convivir en paz? La codicia de Vladimir Putin y sus asesores militares, o la de Benjamín Netanyahu, o la obsesión supuestamente religiosa de Hamas y el ensueño de la vírgenes que Alá destinará a los justos. Pero la realidad es otra, todos van a la sed y la muerte por el cambio climático; tengo la impresión de que hasta que estemos fallecientes abriremos los ojos, para dimensionar el desastre que propician los gobernantes
Gregorio Ortega Molina
Los efectos del cambio climático que afecta buena parte de Europa y mata flora y fauna, entre los animales también fallecen humanos, sobre todo los ancianos que no resisten la ola de calor, o por pobreza y enfermedad.
Leo las notas informativas de los incendios, los ríos convertidos en riachuelos, los temblores donde nunca supuse que eso sucedería, como en Granada, y las olas migratorias que se desbordan desde Marruecos. Ahora es cuando la imagen de Greta Thunberg se redimensiona.
El desastre tiene un origen, y no hemos querido verlo o, a lo peor, el equivocado soy yo y el anuncio es otro. Creo que todo inició hace 40 años. Evoco la nota informativa: “El accidente nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear ubicada en Prípiat, Ucrania (entonces parte de la Unión Soviética). Durante una prueba de seguridad en el reactor 4, una combinación de fallos de diseño y errores humanos provocó una explosión y un incendio masivo que liberaron grandes cantidades de radiación a la atmósfera”.
Después, las guerras de supuesta baja intensidad, pero que destruyen el ambiente y diezman vidas humanas, de flora y fauna diversa y, lo peor, transforman el comportamiento de hombres y mujeres. La advertencia de que puedes morir por equivocación o deseo del enemigo, modifica conductas y transforma la percepción que tenemos del mundo.
¿Existe la voluntad de convivir en paz? La codicia de Vladimir Putin y sus asesores militares, o la de Benjamín Netanyahu, o la obsesión supuestamente religiosa de Hamas y el ensueño de la vírgenes que Alá destinará a los justos. Pero la realidad es otra, todos van a la sed y la muerte por el cambio climático.
El País consigna que los ríos Rin, Danubio, Loira y Po pierden parte de su caudal, lo que propicia afectaciones en: “Transporte fluvial: Las embarcaciones reducen su peso de carga para poder flotar en aguas poco profundas. Energía e industria: Varias plantas industriales y centrales reducen su producción ante la falta de agua para refrigeración o transporte. Agricultura: Los cultivos sufren por la falta de agua en las cuencas del centro y este del continente”.
Tengo la impresión de que hasta que estemos fallecientes de sed abriremos los ojos, para dimensionar el desastre que propician los gobernantes.
@OrtegaGregorio