Columna de opinión
La Costumbre del Poder: ¿Gobernar con bondad?
Gregorio Ortega Molina
* Para dar en la juridicidad política a cada quien lo suyo, se crearon los términos adecuados para dejar de lado la palabra perdón, por exoneración o indulto
Gregorio Ortega Molina
El aserto de Jesús Reyes Heroles referido por Porfirio Muñoz Ledo, en su texto publicado en El Universal del 13 de julio último, está vigente, aunque él lo niegue: gobernar es optar entre inconvenientes.
No es cinismo, ni agarrar el camino facilón. Nunca he estado en la necesidad de elegir en ese ámbito y con tesituras de vida y muerte, pero quien asume esa responsabilidad debe sudar al hacerlo.
¿Cuánto tiempo requirió Truman para determinar que la bomba atómica era la solución menos mala? ¿Y los asesinos de Obregón? ¿Y las muertes de Huitzilac y Topilejo? ¿Y el fraude del 88? Nada está determinado de antemano, es la historia la que asegura su lugar a cada quien.

Hannah Arendt apuntó en La condición humana: “La bondad, por lo tanto, como consistente forma de vida, no es sólo imposible dentro de los confines de la esfera pública, sino que incluso es destructiva. Quizá nadie ha comprendido tan agudamente como Maquiavelo esta ruinosa cualidad de ser bueno…
“La maldad que surge de lo oculto es impúdica y destruye directamente el mundo común; la bondad que surge de lo oculto y asume un papel público ya no es buena, sino corrupta en sus propios términos y llevará la corrupción a cualquier sitio que vaya. Así, para Maquiavelo, la razón por la que la Iglesia tuviera una corruptora influencia en la política italiana se debía a su participación en los asuntos seculares como tales y no a la corrupción individual de obispos y prelados”.
Resulta innecesario buscarle tres pies al gato. La ley buena no sirve, sólo es útil la que es justa y da a cada quien lo suyo. El Nuevo Testamento deja constancia de ello, cuando Cristo responde a quien la dice maestro bueno: “Sólo Dios es bueno”. En los seres humanos anida la convicción de que para poner orden es útil buscar entre los inconvenientes. Se gozan en ellos, los padecen, sí, pero no dejan de disfrutar esa sensación de poder. Los he visto actuar, he estado muy cerca de algunos de ellos. Observé lo mismo muecas que rostros humanos.
Para dar en la juridicidad política a cada quien lo suyo, se crearon los términos adecuados para dejar de lado la palabra perdón, por exoneración o indulto. La bondad es un asunto de fe, y prelados y cardenales han hecho mal uso de ella a lo largo de la historia.
www.gregorioortega.blog
@OrtegaGregorio
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