* De consolidarse esta reforma legal del derecho de la audiencia, las consecuencias son profundas y casi irreversibles. Tú, ciudadano, elector, integrante de los recipiendarios de los plásticos del bienestar, creerás lo que yo, gobierno, determinaré qué es lo que te conviene, para que pueda, desde Palacio Nacional, gobernar tu voluntad. Deja, el ciudadano de a pie, de ser individuo con criterio propio, para sumarse a la manada. Los electores quedamos convertidos en carne de barbacoa, lo que dejaría feliz a Chucho Arroyo
Gregorio Ortega Molina
Los ideólogos, panfletarios, propagandistas y émulos de Goebbels de la 4T erraron el tiro… otra vez. Ahora están empeñados en el derecho de las audiencias, que equivale a indicar al consumidor de información qué sí y qué no puede escuchar, ver, considerar una verdad revelada.
Es la secuencia lógica de lo que organizaron para el sector educativo: el desmantelamiento de los conocimientos básicos que permiten sembrar en los niños y jóvenes lo que se requiere para tener criterio propio y ser capaz de formarse una opinión. Buena la labor de Marx Arriaga y Beatriz Gutiérrez Müller en esta delicada área.
De ninguna manera equivale al fortalecimiento de un derecho, sí a la conculcación de la primera de las libertades, la capacidad de decir y determinar, para uno mismo, lo que puede asumirse como cierto, verificado, verdadero y contrario a lo falso.
Es la consolidación del No Mentir. Lo que emana de la boca del Ejecutivo y de los integrantes del gabinete presidencial es verdadero, cierto, porque es lo conveniente para consolidar un proyecto político e ideológico ajeno a nuestra historia. Es la desfiguración del concepto de patria y el desmantelamiento de las instituciones que dan cuerpo a la República. Lo que es nuestra historia como nación deja de serlo, porque así lo deciden los nuevos próceres.
Los conceptos de patria y nación nacidos el cinco de febrero de 1917, dejan de ser necesarios, pierden vigencia, porque el derecho a la audiencia anuncia, ya, una nueva forma de cohabitación entre gobierno y sociedad. El que manda lo decide todo y, además, determina la forma de vida que has de asumir desde el instante en que es la autoridad la que indica cuál y cómo es el derecho de la audiencia.
De consolidarse esta reforma legal del derecho de la audiencia, las consecuencias son profundas y casi irreversibles. Tú, ciudadano, elector, integrante de los recipiendarios de los plásticos del bienestar, creerás lo que yo, gobierno, determinaré qué es lo que te conviene, para que pueda, desde Palacio Nacional, gobernar tu voluntad. Deja, el ciudadano de a pie, de ser individuo con criterio propio, para sumarse a la manada.
Los electores quedamos convertidos en carne de barbacoa, lo que dejaría feliz a Chucho Arroyo.
@OrtegaGregorio