InicioGregorio Ortega MolinaLa Costumbre del Poder: La farsa de la 4T

La Costumbre del Poder: La farsa de la 4T

* Quizá será necesario considerar -para ver dónde estamos parados- la cultura y el ámbito humano donde esos términos arraigaron, dieron vida a otras culturas y diversas ideas de patria y nación, porque lo concebido durante la gesta de independencia no es y no puede ser lo mismo que alumbró la Constitución del 17, y mucho menos lo que hoy llaman 4T. En esta República, las ideas políticas son deformadas por farsantes

Gregorio Ortega Molina

 

Los genios de la estafa son auténticos farsantes, lo mismo que esos seductores que dejan mujeres y hombres engañados por donde pisan, porque no nada más pasan, son como los gallitos.

La farsa deja víctimas, siempre. Unas veces ya no se levantan, otras ocasiones quedan tan tocadas que sólo dan lástima. En la administración pública abundan los ejemplos, sobre todo en el primer circulo del poder, porque a menos de que sean recién llegados, a esas alturas se tragan sapos y las habas no se cuecen al primer hervor.

Para detentar el poder, disfrutarlo y hacer ostentación de él, lo primero que ha de perderse es la brújula moral, la guía del comportamiento ético y, obvio, cívico, porque se termina por joder a buena parte de la sociedad. Estar cerca de ese poder también deslumbra, me sucedió durante el sexenio de Miguel de la Madrid, no en el de Echeverría, y menos en el de López Portillo. Poder equivale a disponer, y debí hacerlo para enmendar errores cometidos por quienes mandaban.

Hoy la farsa logra niveles nunca vistos, mucho menos ansiados y soñados. Los que ahora mangonean desde Palacio Nacional son artesanos capaces de edificar “una farsa, un engaño, fingimiento o mentira estructurada, a menudo utilizada para aparentar lo que no es; adquirieron maestría en la exageración y el humor para crear una parodia o crítica en la que Calderón será siempre el culpable, y la mafia del poder esa estructura que destruyó el proyecto de nación”.

Johan Huizinga, en su ensayo Hombres e ideas, dejó apuntado: “… podemos afirmar que alrededor de 1100 se estableció en Europa la estructura dentro de la cual había de desarrollarse la conciencia nacional y un sentido de patria. Mientras tanto, ¿qué modificaciones sufrió el empleo y significado de las palabras patria y natio? Debemos tomar como punto de partida las términos latinos, pues ambos conceptos se formaron en trabajos escritos en latín”.

Quizá será necesario considerar -para ver dónde estamos parados- la cultura y el ámbito humano donde esos términos arraigaron, dieron vida a otras culturas y diversas ideas de patria y nación, porque lo concebido durante la gesta de independencia no es y no puede ser lo mismo que alumbró la Constitución del 17, y mucho menos lo que hoy llaman 4T.

En esta República, las ideas políticas son deformadas por farsantes.

@OrtegaGregorio

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