Columna de opinión
La Costumbre del Poder: La mitología que sostuvo a la patria
Gregorio Ortega Molina
* Recuerdo una amarga discusión con Antonio Delhumeau porque él sostuvo el nacionalismo de algunos directores de banca, o secretarios de Hacienda. ¿Se mantendría, hoy, en sus trece? Lo dudo. Si sumamos lo que los empresarios y el gobierno prometieron invertir en los últimos cuatro sexenios, este país estaría en el auténtico Primer Mundo, y no entregado a los narcos, a la corrupción y al metódico saqueo de los bienes nacionales
Gregorio Ortega Molina
Es invaluable la contribución de mitos y leyendas a la permanencia humana en la tierra. Mujeres y hombres se reafirman en su hábitat por una mezcla de necesidad de entender y el deseo de vivir, experimentar, conocer. Quizá el mismo camino siguieron María Sabina y los consumidores del LSD y otras sustancias alucinógenas.
A la falta de deidades claras, sólo consolidadas por una fe inmarcesible, fueron necesarios los mitos, esos que propician cohesión por la apariencia de realidad susceptible de ser vivida. Los humanos están necesitados de experimentar, probar, aunque en ello les vaya la vida, o comprometan su dignidad, como Noé, que avergonzó a sus hijos porque se atrevió a beber vino y beodo se quedó dormido y… desnudo.
La zarza ardiente y la conversación con Jehová dan a Moisés la autoridad para cohesionar a los hebreos y continuar a la Tierra Prometida, hoy -y como antaño- en disputa por su propiedad. Es la lucha por el espacio vital.
¿Es verídica la proeza de Juan José de los Reyes Amaro? ¿Cargó sobre su espalda una loza de ese peso y tamaño? ¿Quemó la puerta de la Alhóndiga de Granaditas? No importa la veracidad del hecho, sino lo que motivó para que continuara la lucha por la Independencia, por la oportunidad de fundar una nación, hoy todavía en veremos.
¿Alguien puede repetir de corrido los nombres de los Niños Héroes? ¿Cuáles de ellos murieron por la Patria? Saber su vida y milagros no es de interés histórico, cívico y ético, lo que importa es el sentimiento que, en un momento de nuestra historia, despertaron entre los niños y adolescentes, para dar cabida a los sentimientos patrios, que hoy hacen tanta falta, perdidos en medio del latrocinio, la corrupción y el poder del narco. Desbaratados por la voracidad de los políticos y los dueños del dinero. Ellos carecen de un coherente nacionalismo.
Recuerdo una amarga discusión sostenida con Antonio Delhumeau porque él sostuvo el nacionalismo de algunos directores de banca, o secretarios de Hacienda. ¿Se mantendría, hoy, en sus trece? Lo dudo.
Si sumamos lo que los empresarios y el gobierno prometieron invertir en los últimos cuatro sexenios, este país estaría en el auténtico Primer Mundo, y no entregado a los narcos, a la corrupción y al metódico saqueo de los bienes nacionales.
@OrtegaGregorio
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