* La última palabra me refiere histórica y legalmente a 1917, a febrero de ese año, y lo que hemos hecho de ese documento que pudo ser -¿estaremos a tiempo?- el contenido de nuestra esencia como nacionalidad, como ser, constantemente traicionada por la codicia y la ambición de nuestros gobernantes, desde el intento reeleccionista de Obregón, hasta el establecimiento de la corrupción como correa del poder, el nepotismo y, hoy, esta nueva narrativa que todo lo pervierte. ¿O no?
Gregorio Ortega Molina
Tengo la sensación, incluso la certeza, de que los mexicanos nunca nos pusimos de acuerdo en el camino y método de la regeneración nacional. Ni siquiera acudimos al diccionario para conocer de sus definiciones y estar enterados de la propuesta del gobierno. “Dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo; o, hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada”. Los del gobierno no hicieron nada por mejorar, o serán Gerardo Fernández Noroña, Adán Augusto López y José Ramón López Beltrán el ejemplo señero de la persona en que hemos de transformarnos.
El camino y la traición fueron anunciado y denunciada hace decenios por Emilio Uranga. La cita es larga, pero nos confronta con nuestro proceder: “En México la filosofía se ha orientado hacia la ontología -escribió Uranga para matizar a renglón seguido-. Pero no hacia la ontología general que elucida el ser de todas las cosas, sino más bien hacia una ontología regional o particular interesado en decirnos lo que es el ser de nuestra propia realidad, el ser que somos en cada caso con nosotros mismos, los mexicanos, cada uno de los miembros de una comunidad histórica y social muy determinada.
La ontología del mexicano es, pues, una reflexión filosófica que trata de poner en evidencia, de patentizar, lo que es el mexicano, no lo que hizo el mexicano o lo que piensa, o lo que fantasea, sino lo que es. Todas las investigaciones que se ocupan del mexicano, proporcionan síntomas o señales de esa constitución de su ser y la tarea filosófica reside en una interpretación metódica de esas indicaciones con el propósito de revelar a su través la morfología de su ser. La ontología del mexicano es así un ensayo filosófico en que se trata de poner en evidencia el proyecto fundamental del mexicano, el modo como elige su ser, la forma en que trata de llevar el vacío que es constitucionalmente”.
La última palabra me refiere histórica y legalmente a 1917, a febrero de ese año, y lo que hemos hecho de ese documento que pudo ser -¿estaremos a tiempo?- el contenido de nuestra esencia como nacionalidad, como ser, constantemente traicionada por la codicia y la ambición de nuestros gobernantes, desde el intento reeleccionista de Obregón, hasta el establecimiento de la corrupción como correa del poder, el nepotismo y, hoy, esta nueva narrativa que todo lo pervierte. ¿O no?
@OrtegaGregorio




