Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“No es difícil tener éxito. Lo difícil es merecerlo”. – Albert Camus.
Hay momentos en la historia de los pueblos que terminan exhibiendo con claridad quiénes entienden el pulso social y quiénes viven atrapados en una realidad alterna construida desde la frustración política. La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha sido uno de esos momentos.
Mientras millones de mexicanos salieron a celebrar, mientras las cámaras del mundo enfocaban la riqueza cultural, la alegría popular y la capacidad organizativa de nuestro país, un pequeño grupo de voces insistía en vender la vieja narrativa del desastre inminente. Los mismos que desde hace años anuncian el colapso económico, la crisis institucional, el estallido social o la supuesta pérdida de gobernabilidad, volvieron a equivocarse.
La realidad fue más poderosa que la propaganda.
México apareció ante los ojos del mundo como una nación orgullosa de su identidad, capaz de organizar eventos de talla internacional y de mostrar la enorme fortaleza de su tejido social. Los principales medios internacionales destacaron la pasión de la afición mexicana, la riqueza cultural del país y la atmósfera festiva que acompañó el inicio de la justa mundialista.
Y es precisamente ahí donde cobra relevancia el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. En medio de un contexto internacional complejo, de tensiones económicas globales y de una permanente campaña de desgaste impulsada desde diversos frentes políticos y mediáticos, la mandataria ha logrado mantener la estabilidad institucional y conducir al país por una ruta que, aunque no exenta de desafíos, dista mucho del escenario apocalíptico que algunos sectores intentan imponer.

Resulta particularmente interesante observar cómo ciertos grupos opositores y actores externos han apostado por una narrativa de confrontación permanente. Algunos sectores radicalizados han pretendido construir escenarios de ingobernabilidad que simplemente no encuentran eco en la vida cotidiana de millones de mexicanos. La sociedad observa, compara y concluye por sí misma.
El pueblo de México ha demostrado una vez más una enorme madurez política. Lejos de dejarse arrastrar por discursos catastrofistas, entiende que existen problemas por resolver, pero también reconoce avances, estabilidad y oportunidades. Esa sabiduría popular que tantas veces ha sido subestimada terminó por imponerse sobre los intentos de polarización y confrontación.
La inauguración del Mundial no fue únicamente un evento deportivo. Fue una fotografía política y social del país. Una imagen que contrastó con los pronósticos de quienes apostaban por el fracaso. Mientras algunos buscaban amplificar conflictos, México mostraba al mundo su mejor rostro: el de una nación trabajadora, orgullosa de sus raíces y capaz de celebrar en unidad.
Quizá por eso la molestia de ciertos detractores resulta tan evidente. Porque los hechos tienen la desagradable costumbre de arruinar los relatos construidos desde la conveniencia política. Y los hechos, hoy, muestran a un país que sigue avanzando, que conserva la confianza en sí mismo y que encuentra en su gente el principal motor para enfrentar cualquier desafío.
México volvió a demostrar que su mayor fortaleza no está en los discursos de sus críticos, sino en la conciencia colectiva de un pueblo que sabe distinguir entre la realidad y la propaganda. Y esa, para bien o para mal de sus adversarios, sigue siendo una de las mayores virtudes de la nación.
Al tiempo.
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