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La guerra comercial de Trump con Canadá, es Trump disparando a su propio pie o país…

José Luis Sarabia

 

La industria automotriz norteamericana es como una enorme planta industrial repartida en tres países y durante 32 años hemos perfeccionado esta planta. Desde que se firmó el TLCAN en 1994, las armadoras y los fabricantes de autopartes construyeron una cadena de valor que integra a México, Estados Unidos y Canadá, diseñada para que cada país aporte aquello que hace de manera más eficiente, con un objetivo simple: ser más competitivos.

Un ejemplo de esta interdependencia es un disco de freno: la materia prima sale de una mina en Canadá, se funde en EUA, se maquina y balancea en México, regresa a EUA para recibir un recubrimiento y pasar controles de calidad, vuelve a México para integrarse al kit de freno y finalmente viaja a Canadá para ser ensamblado en una Ford F-350, que después se envía a EUA para su venta.

Ese disco de freno, (una sola pieza de un vehículo que tiene más de 30,000 componentes) cruzó las fronteras entre Canadá, Estados Unidos y México 6 o 7 veces antes de que el vehículo llegara al consumidor. Y esto ocurre con miles de componentes.

Por eso, cuando Estados Unidos impone un arancel a Canadá pensando golpear las camionetas Ford F-350 que se ensamblan en Ontario, no está golpeando a Canadá. El arancel no distingue entre “auto canadiense” y “auto estadounidense”, porque en la práctica esa distinción dejó de existir hace décadas.

 

Esta pelea arancelaria ocurre justo cuando la industria automotriz china dejó de ser un competidor marginal para convertirse en uno de los competidores más agresivos que Norteamérica ha enfrentado.

Las exportaciones de autos chinos crecieron 21.1% en 2025. Solo en la primera mitad de 2026, los fabricantes chinos presentaron alrededor de 650 modelos nuevos o actualizados: casi cuatro lanzamientos por día, una velocidad de innovación impresionante.

México, Estados Unidos y Canadá construyeron durante más de treinta años la cadena de suministro automotriz más integrada del planeta, y ahora están empezando a poner barreras dentro de esa misma cadena.

Y mientras Norteamérica se fragmenta, China está construyendo una industria que se prepara para arrebatarle el liderazgo automotriz mundial.

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