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La prevención, función olvidada

El Ágora

Octavio Campos Ortiz

 

Los trágicos sucesos del festejo por el triunfo de la Selección Nacional sobre su similar de Ecuador y el pase a octavos de final en este mundial de futbol evidenciaron no solo una irresponsabilidad gubernamental, sino la ausencia de protocolos de protección civil, la impericia para el manejo de multitudes y sobre todo una inexistente política pública de la prevención. Las autoridades, al socavar el Estado de Derecho, se olvidaron de la función primigenia de toda organización política y social: preservar la vida y el patrimonio de todos los gobernados.

Embelesados por los nuevos enfoques de los teóricos de la seguridad, se preocuparon más por el cambio de nombre de las instituciones encargadas de esa función que por crear un programa de gobierno que garantice el resguardo y amparo de los ciudadanos. Se enredaron en la nomenclatura y no en las acciones. Lo indispensable no era saber si la seguridad pública debiera convertirse en seguridad ciudadana o incluso sumarle, con calzador, la protección civil, actividad especializada que debiera tener su autonomía.

De tal suerte que el amasijo de funciones terminó por desvirtuar la fundamental función de la prevención del delito y lejos de lograr la especialización de las fuerzas del orden en ese campo y en el combate al crimen, los quisieron hace todólogos en muchas áreas en las que no deben intervenir. Lo mismo auxilian en inundaciones -ante la ausencia de acciones de gobierno para el mantenimiento y desazolve del drenaje-, que tapan baches, en medidas publicitarias de acaldes, o pintan bajo puentes y hasta desfilan en las marchas de la diversidad sexual.

Decía el ex procurador Ignacio Morales Lechuga que una ciudad más limpia no es la que tiene más camiones recolectores o barrenderos, sino la que tira menos basura, y la ciudad más segura no es la que tiene más patrullas y policías, sino donde se cometen menos delitos. Esa es la verdadera función de la policía preventiva, evitar que se cometan los crímenes; lo que se logra con inteligencia policial. De nada sirve que lleguen los uniformados cuando se cometió un asesinato, un robo, una violación, un asalto o se allane una casa porque el ilícito ya se cometió. La reducción de la incidencia delictiva no debe ser solo resultado de las investigaciones y detenciones, sino de una estrategia que no permita que haya esas conductas.

Una de las funciones de la policía preventiva es la contención de multitudes, pero no solo para resguardar edificios públicos o bloquear manifestaciones. Es conducir esas protestas en orden sin afectar al ciudadano o su patrimonio. Más aún, está capacitado para hacer uso legítimo y proporcional de la fuerza, monopolio que pertenece únicamente al Estado. Pero hasta esa tarea se ha desvirtuado y se cumple de manera política y selectiva.

Hasta ahora, el futbol ha servido como un gran distractor, olvidamos momentáneamente los grandes problemas nacionales, nuestras frustraciones y derrotas. El humor social se ha diluido y nadie piensa en el mañana. Sin embargo, también los gobiernos se han engañado y creen que, si alientan el desfogue ciudadano con festejos callejeros, aumenta su popularidad.

La danza de números también opera en su contra. El fan fest del Zócalo amenaza con desbordarlos, por lo que informan que no puede haber un aforo mayor a los 55 mil aficionados, ¿no que le cabían en los mítines de la 4T 400 mil? Contagiados de la euforia mundialista, las propias autoridades hacían llamados para que la gente fuera a festejar al Ángel e incluso frente a los uniformados -carentes de autoridad-, consumían alcohol y cometían cualquier falta de juez cívico. Ya vimos los resultados, sus propias cifras hablan de más de un millón de personas que sin control provocaron muertes, lesionados y destrozos.

Claudicó el Estado en su función primigenia de dar seguridad. Quedan cuatro años a esta administración, todavía pueden crear una verdadera política pública de seguridad, más allá de la nomenclatura y dar su lugar a la protección civil -con ese fondo para contingencias que desaparecieron-, como ente autónomo en la esfera de competencia de quien lleva la política interna del país. La sociedad se los va a agradecer.

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